“Todo lo antiguo se va derruendo; todo lo antiguo, que es lo que evoca el recuerdo grato de lo pasado y nos proporciona las emociones más íntimas en nuestras almas, toma el rumbo de desaparecer”

Don Amado Riverol, anciano marino, capitán de puertos y comandante militar del trozo de Orotava, que en un tiempo, llegó a ser alcalde del Puerto de la Cruz. (Del blog "Canarízame")

lunes, 26 de diciembre de 2016

A propósito de unas piedras

por Guillermo Santana González (*)

A Melchor Padilla y Guillermo Alemán Bastarrica por ilusionarme en el conocimiento y rescate de nuestro patrimonio.


Hace unas semanas, tuve la oportunidad de adentrarme en uno de los subterráneos que, con certeza, horadan la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. No se trataba, por tanto, de visitar alguno de esos túneles que la rumorología de los laguneros sitúa con apasionado interés bajo las antiguas casas y conventos de esta ciudad cinco veces centenaria, sino de un reconocimiento técnico del encauzamiento del barranco de Chamarta, que a día de hoy discurre bajo calles tan conocidas como Seis de Diciembre, El Juego, Alfredo Torres Edward o Barcelona, y que mucha gente recuerda cruzar hace ya más de treinta años a la altura del barrio de San Juan.

El reconocimiento transcurrió desde la calle Molinos de Agua hacia aguas arriba del barranco, saliendo a la superficie en la calle San Antonio, y consistió en un inspección visual y en la grabación de soporte videográfico para el posterior análisis de posibles deficiencias en la estructura hidráulica.

Trazado actual del barranco de Chamarta. Resaltado en amarillo el tramo inspeccionado.

Sin embargo, ni en el recorrido que realicé junto a varios compañeros, ni en la primera ocasión que tuve de visualizar el vídeo, pude apreciar algo que, una vez llegué a casa y visualicé nuevamente el vídeo, comprobé que me había pasado desapercibido y que consistía en que las paredes laterales del tramo comprendido entre la actual estación de servicio, ubicada donde antiguamente estuvo el Tanque Abajo, y la calle Barcelona eran de mampostería, a diferencia del resto del encauzamiento que, según pude comprobar, es de hormigón. Este hecho me llamó la atención y me llevó a la suposición de que este tramo era más antiguo.  (ver imagen de cabecera)

Detalle del encauzamiento bajo la actual plaza San Cristóbal (La Milagrosa)
Pero ahí no quedó la curiosidad. Justo bajo la intersección del barranco con la calle Santo Domingo, y a lo largo de un tramo de unos seis metros, las piedras de mampostería eran aun más antiguas. Y es ahí cuando realmente comencé a hacerme preguntas, en realidad a hacérselas a esas piedras que han dejado su huella en el subsuelo de esta ciudad, para ver qué me contaban. ¿Por qué este último tramo en concreto tiene un material diferente al resto? ¿Es ese material más antiguo? ¿Puede ser parte de los restos de algún puente que cruzara el barranco? Y el resto del tramo hasta la calle Barcelona, ¿por qué tampoco es de hormigón? ¿Fue construido en otro momento? Comenzó entonces un proceso de investigación que finaliza con la redacción de este modesto artículo.

Vayamos inicialmente a la ortofoto más antigua que tenemos disponible.

Ortofoto de 1961. Fuente: Fototeca de GRAFCAN.

Como podemos ver, ya en el año 1961 el barranco estaba encauzado entre el límite de la calle Santo Domingo hasta la actual calle Barcelona, coincidiendo con el tramo de mampostería al que hacemos mención, por lo que podríamos suponer que los materiales datan al menos de esa fecha.

Gracias a la siguiente fotografía facilitada por Gerardo Guerra y datada en 1959, podemos observar las obras de encauzamiento de al menos el tramo comprendido entre la calle Barcelona y la calle Herradores ya que en la imagen se visualiza el forjado del encauzamiento y el movimiento de tierras de la zona. Muy probablemente estas obras no se hayan reducido a ese tramo en concreto,  sino al resto del encauzamiento hasta la calle Santo Domingo.

Obras de encauzamiento en la calle Barcelona. 1959.

Sigamos aún más atrás en el tiempo, hasta el año 1899 para visualizar el mapa realizado por Juan Villalta.

Detalle del plano de 1899 levantado por Juan Villalta
La primera y obvia conclusión que sacamos es que antes del inicio del siglo XX el barranco de Chamarta discurría libre por la vertiente sur de la ciudad. La otra, no menos obvia, es la existencia de dos puentes que cruzaban el cauce: uno de ellos hacia la calle Santo Domingo y otro hacia la calle Herradores.

Estas evidencias las podemos observar en la fotografía de la instalación de la línea aérea del tranvía, que, además de ser un impresionante documento social de la época, nos muestra, tal y como eran, los accesos a la ciudad desde el camino de Santa Cruz por aquel entonces.
     
Instalando la línea aérea de La Laguna 1899-1900. Fuente: Fotos Antiguas de Tenerife,  Grupo de Facebook.

Esto corrobora una de las primeras preguntas que nos hacíamos al principio de este artículo: sí había un puente que cruzaba el barranco para acceder desde la plaza San Cristóbal hacia la calle Santo Domingo, pero añade una nueva incertidumbre al evidenciarnos la existencia de otro puente que, también desde la plaza San Cristóbal, daba acceso a la calle Herradores. Pero  ¿entonces por qué no pudimos diferenciar en nuestra inspección las huellas del otro puente en el cruce de la calle Herradores del resto de material en ese tramo? ¿Se construyeron en diferentes periodos? Veamos qué nos cuenta la siguiente fotografía en la cual se puede ver el tranvía a su paso por La Laguna cruzando un puente de metal.

El tranvía de Tenerife pasando por el puente de metal hacia la calle Herradores.
Fuente: Fotos Antiguas de Tenerife, 
Grupo de Facebook.
Según hemos podido saber, esta fotografía está sacada desde el mismo cauce del barranco de Chamarta mirando hacia el oeste, y como bien sabemos, el tranvía venía desde la plaza San Cristóbal, -actual plaza de La Milagrosa- y subía por la calle Herradores, por lo que ese puente de metal tiene que corresponder necesariamente al puente de la calle Herradores.

Según Carmen Gloria Calero Martín en su libro “La Laguna (1800-1936): desarrollo urbano y organización del espacio” este puente de hierro, que se instaló en 1895, tres años después de la instalación del famoso puente de hierro del Cabo, en Santa Cruz de Tenerife, y se trajo pieza por pieza desde el puerto de Londres, estuvo en pie hasta al menos 1959 (ver cuadrante superior derecho de la Ilustración 4). Si además sabemos con certeza que las obras del tranvía se iniciaron en 1899, sólo nos queda averiguar si con fecha anterior a 1895 hay constancia de algún puente que diera acceso a la ciudad por la calle Herradores.

Y para ello nos basta  con retroceder otros cuatro años en el tiempo, concretamente al año 1891, para  comprobar en el plano de  Marcial M. Velazquez y Curbelo que en esa época el acceso a La Laguna desde el camino de Santa Cruz se realizaba únicamente por el puente de la calle Santo Domingo.

Por tanto, podemos concluir que el puente de la calle Santo Domingo, también denominado Puente de San Cristóbal o Puente del Tanque, fue el primer puente que dió acceso a La Laguna desde la Carretera de Santa Cruz, y el único hasta 1895, lo que también queda corroborado con los planos anteriores de 1874 y 1779.

A la izquierda el plano de 1891 levantado por Marcial M. Velázquez y Curbelo. A la derecha el plano de 1874 levantado por la Brigada Topográfica.

Sobre este puente desconocemos su fecha de construcción inicial. Muy probablemente haya estado ahí desde la fundación de la ciudad debido a que, aunque el barranco de Chamarta no era de gran profundidad, tuvo que suponer desde un principo una barrera para el tránsito de mercancías y personas. Seguramente durante tres siglos fue cambiando en función de las necesidades o incluso de los métodos constructivos de cada época. No obstante, ya en el siglo XIX sabemos lo siguiente:
En el extremo sur, en la zona donde el barranquillo hacía una inflexión para reunirse con el de Las Carnicerías, la Plaza de San Cristóbal, se construyó un puente de piedra. […]
En 1835 se vuelve a remodelar este puente que se encontraba en estado casi ruinoso. El Ayuntamiento inicia el expendiente obligando al vecindario a prestaciones dinerarias o personales y estableciendo un sistema de contribución por turnos y disponibilidades. Así los vecinos que posean camellos para la carga y arrastre o carros deben <<prestar>> un día para el transporte de las piedras; y el resto de los vecinos deben aportar peones o dinero, al margen de los 200 reales que aporta el Consistorio (Calero Martín, 2001).

A la izquierda fotografía del puente de San Juan. A la derecha el plano de 1779 levantado por M. le Chevalier con los puentes identificados con círculos negros.

Aunque no disponemos de fotografías del puente de San Cristóbal, sí disponemos de las de otro que por esa época también cruzaba el barranco de Chamarta pero por la vertiente oeste de la ciudad, el puente de San Juan, que aparece igualmente en el plano de M. le Chevalier de 1779.
 
Aunque en el expediente de 1835 del puente de San Cristóbal se habla de puente de piedra, no se especifica si era en su totalidad o tan solo los muros, por tanto desconocemos si se pareció a este de San Juan. Lo que sí es un hecho es que sus muros eran de piedra y que continúan bajo nuestros pies para contarle su historia a quien quiera escucharla.

NOTA: Quiero expresar mi agradecimiento a Gerardo Guerra y Agustín Miranda por facilitar las fotografías de las obras de encauzamiento en la calle Barcelona y puente de San Juan respectivamente. Asimismo quiero agradecer a la Doctora Carmen Gloria Calero Martín de la Universidad de La Laguna su inestimable ayuda.


(*) Guillermo Santana González. (Santa Cruz de Tenerife, 1985) es Ingeniero Técnico en Obras Públicas y trabaja actualmente en la empresa Teidagua S.A.


domingo, 18 de septiembre de 2016

La primera imagen náutica impresa de las Islas Canarias.

por Juan Antonio García Cruz


A finales del siglo XVI, y poco antes del ataque de van der Does a Gran Canaria, se publicaron en Ámsterdam dos atlas náuticos: Nieuwe Berschrijvinghe ende Caertboeck van de Midlandsche Zee (1595) y Thresoor der Zeevaert (1596). De la primera es autor Willem Barentsz y de la segunda Lukas J. Waghenaer. A Willem Barentsz le debemos las primeras imágenes impresas del archipiélago.
Haremos un viaje hacia las Islas partiendo desde el sur de la Península. Empezamos con el Caertboeck de Barentsz. En Caertboeck hay un mapa de las islas Canarias y la costa de África y una página con perfiles de La Gomera, Tenerife y La Palma.

Esta es la primera carta náutica impresa que muestra al completo el archipiélago canario. La carta tiene una orientación inusual, la cabecera de la carta no indica ni el Norte ni el Oeste, como era usual. Las dos rosas de los vientos o rumbos utilizan la flor de lis para señalar el Norte. En la parte izquierda se despliega el archipiélago mostrando la proximidad de Lanzarote y Fuerteventura a la costa de África. La doble línea graduada que corta transversalmente la carta permite calcular la latitud y es un claro signo de que esta carta se utilizaba para la navegación de altura, navegación usual en el Océano Atlántico, frente a la navegación a estima más propia del Mar Mediterráneo.

El archipiélago,


La toponimia muestra los principales puertos de las islas en el siglo XVI: Las Palmas; Santa Cruz, Garachico y Adeje en Tenerife; y Santa Cruz y Tazacorte en La Palma. En la parte superior de la carta hay ocho vistas de otros tantos puertos del Mediterráneo y Atlántico. Entre ellos vemos el puerto de La Luz y el de Garachico.


Sin lugar a dudas estas son las primeras imágenes impresas de La Isleta y el Puerto de La Luz y de la Bahía de Garachico.

En los perfiles de las islas destacamos el de Tenerife: La primera imagen impresa del Pico del Teide. El texto al pié del dibujo reza: Así es la forma del Pico de Tenerife cuando se ve al este cuarta al sureste bastante al sur y a 17 o 18 millas.



Vayamos al Thresoor. La imagen de las Islas Canarias aparece en la segunda edición de Thresoor, publicada en Ámsterdam en 1596. La primera es de 1592 y no contiene imágenes de las islas. El Thresoor constituye la base a partir de la que los posteriores cartógrafos levantaran las primeras cartas marinas del archipiélago. W.J. Blaeu utilizará estos mapas para construir la carta náutica del archipiélago publicada en 1608. Posteriormente serán utilizados, sin modificación, por P. Goos y van Keulen y otros cartógrafos a lo largo del siglo XVII.

Hagamos un viaje por las islas de la mano de Thresoor. El viaje comienza por las islas orientales: archipiélago Chinijo, Lanzarote, isla de Lobos y Fuerteventura.

A un navegante le interesa, fundamentalmente, la posición relativa de las islas e islotes, mostrados aquí y en todo el documento como perfiles abatidos, los lugares para fondear, anclas y profundidad en brazas, perfiles de las costas y tal y como se verían desde el mar. En el texto se dan, además, indicaciones para navegar: entre las islas de Graciosa y Alegranza hay un fondeadero a resguardo de todos los vientos y frente al la ciudad de la isla de Lanzarote también se puede fondear de forma segura, vigilando un banco de arena situado al norte (se señala en la carta mediante un trazo de puntos en forma de media luna). También se informa de fondeaderos en ambos lados de la isla de Lobos y que la isla de Fuerteventura se abre en la costa noroeste en una gran bahía y hay un fondeadero frente a una pequeña ciudad. Esta descripción acaba señalando que desde el norte de Lanzarote al Sur de Fuerteventura la tierra se extiende en veinticinco millas en la dirección SW4ªS (suroeste cuarta al sur).

El viaje continua hacia la isla de Gran Canaria. No se alarme el lector por el título. En el texto que encabeza la imagen se lee: El lado noroeste de Gran Canaria…


La información, escasa, señala el fondeadero de La Luz, con castillos en rojo anclas y sondas en brazas y el Real de Las Palmas. En el texto inferior se da la siguiente indicación: cuando en esa rada se quiere tomar puerto, se debe saber que la rada de Gran Canaria, esta en el lado este de la tierra, en el extremo norte, bajo un canal, con diez o doce brazas [profundidad], frente al Castillo.

Desde Gran Canaria el viajero se dirige a Tenerife. Vista de la costa noreste y rada de Santa Cruz.

El texto lateral describe la costa:


De esta manera es la Rada de Santa Cruz/ si se está situado en la bahía a 20 o 24 brazas / entonces la punta noreste de Punta de Anaga está situada al noreste cuarta del este / y la punta sur de Tenerife está al sur cuarta al suroeste. Cuando el Pico esta de usted al oeste sud oeste / entonces delante de usted se abre la rada de Santa Cruz / y si se está en la rada de Santa Cruz / entonces la punta sur de Gran Canaria está sur cuarta al sureste de usted a más o menos doce millas.
Encima del perfil una indicación para entrar en la rada: El lado este de Tenerife, si el Pico está al oeste suroeste, entonces se está frente a la rada de Santa Cruz.

Así el viajero que ve el Teide desde el barco en esa dirección (WSW) podía continuar sin cambiar la dirección para entrar en el puerto de Santa Cruz.

Navegamos hacia la costa noroeste de Tenerife.


El grabado muestra la bahía de Garachico y un perfil de la misma desde el mar, en la parte inferior. La toponimia del grabado: oost eyndt, oratama, relecho, laramale, die leeu, riflapania, west eyndt. Die Leeu es el nombre del islote frente a la bahía, El León en flamenco. Riflapania es la forma de expresar La Peña, baja que se reproduce en perfil punteado para señalar que es un escollo semi sumergido.

Encima y debajo del perfil de la costa se dan interesantes instrucciones para navegantes: Si el Pico está de al sureste, entonces frente a usted se abre la rada de Garachico. Entre Garachico y la punta este de Tenerife, hay tres sitios para cargar vino, que son La Rambla, Realejo y Orotava.

En el texto, párrafo segundo: Garachico está al lado noroeste de Tenerife / y usted puede fondear al oeste del arrecife con la Cruz / donde se ve la rada frente a la calle / delante del convento de S. Domingo a 35 o 40 brazas / se debe evacuar de ahí al comienzo de la tormenta / hacia el León el fondo es sucio / hacia el arrecife de Lapania también el fondo es sucio / pero al costado de la calle / frente a la puerta del monasterio / ahí está el mejor fondo.

Desde el mar el viajero se aproxima a tierra y enfila la calle que lleva al monasterio, hoy San Francisco, y cuando observe la puerta estará sobre el mejor sitio para echar el ancla.

Una escala en La Gomera, antes de continuar hacia La Palma.

Bahía de San Sebastián de La Gomera con anclas, sondas y escollos. Se muestra a otra escala el puerto. Esto es típico de los atlas náuticos holandeses del siglo XVI. La escala de los puertos o fondeaderos es distinta del resto de la costa, pues esa es la información vital para el navegante. Este es un ejemplo típico.

Aviso para el viajero: La Gomera tiene en el lado noreste un puerto con aguas de 10 brazas de profundidad / se puede fondear también a 20 brazas /…/ Adeje / la rada de Tenerife yace al este a 4 millas / y está protegida por ambas tierras / si se está en La Gomera / entonces la rada de La Palma yace de usted noroeste cuarta al norte doce millas.


Finalmente, el viajero, arriba a la isla de La Palma.

Al viajero se le informa: Así es la forma de la rada de La Palma / cuando se está en la bahía / situado a veinte o treinta brazas: hacia el sur del puente está la mejor rada / pero cuando llega el invierno / no se debe fondear cerca de la playa : pero recto hacia el norte de la ciudad hay una bahía mejor / se puede fondear sobre veinte / treinta / o treinta y cinco brazas / a medida que se este más lejos. Esa rada se llama Rammel. La punta oeste de La Gomera yace a diez millas de La Palma  sureste cuarta al sur. La Palma se extiende de sur a norte: la rada yace a mitad de tierra sobre el lado este de la Isla.

Aquí concluye nuestro viaje por las islas de la mano de Caertboeck y Thresoor.

No se sabe cuando nació Willem Barentzs sin embargo la fecha de su muerte y el lugar se conocen con todo detalle: 20 de junio de 1597 en el mar de Kara (Océano Ártico), debido a las heridas causadas durante la exploración de Novaya Zemlya. Además de haber sido un gran cartógrafo, su nombre ha quedado para siempre asociado a las exploraciones árticas donde hay un mar que lleva su nombre.

Poco se sabe también de Lukas J. Whagenaer. Él mismo se presenta como ‘simple ciudadano y piloto marino’ en la introducción al primer atlas náutico impreso de la historia: Spieghel der Zeevaerdt (Espejo del Navegante).



No me puedo resistir a presentar la portada de este atlas por su belleza en la composición y por la información que aporta sobre los instrumentos náuticos de la época, así como la carta náutica de Europa Occidental.

Para una exposición más amplia y detallada remito a mi publicación:

GARCIA CRUZ, J.A. (2004). Las Islas Canarias en dos atlas náuticos holandeses del siglo XVI.  Estudios Canarios. Anuario del Instituto de Estudios Canarios. XLVII [2002], páginas 443- 467. San Cristóbal de La Laguna. 

sábado, 7 de noviembre de 2015

La danza y el baile popular canario (II)

por Carlos García


En el siglo XIX se introducen en nuestra región músicas y bailes populares de origen centroeuropeo que encontraron una buena acogida en los ambientes rurales y campesinos. De la región de Polonia nos llegan las”POLKAS” que con sus compases ternarios, se convierten en el vehículo alegre y pícaro para expresar las letras. Es baile de galanteo que se realiza en pareja y con movimientos que recuerdan las danzas palaciegas de salón que, de este sustrato social, pasó a convertirse en baile y género popular. Existen variantes de la misma y es muy peculiar la que practica en Fuerteventura como baile suelto con saludos y reverencias de los danzantes.

Del mismo modo y procedente de centroeuropa, llegan las”BERLINAS”, que como indica su nombre procede de la ciudad alemana de Berlín, habiendo quién la hace proceder de la gavota francesa, con su compás binario y alegre en su expresión de danza. Se mantiene más arraigada en islas como las de Fuerteventura, El Hierro y La Palma como baile suelto y de pequeños saltos y movimientos muy alegres, que se estilaba mucho en las fiestas rurales y en los bailes de candil.

También las “MAZURCAS”, de origen polaco, de la región de Mazuria, de ahí su nombre, como baile de compás ternario que se practica como danza colectiva de parejas enfrentadas que se encadenan tocándose la punta de los dedos, dando tres pequeños saltos a un lado y a otro y algunos giros. Es un género folklórico básicamente instrumental donde cada tocador le da su peculiar forma y estilo. Se conocen en Gran Canaria y Tenerife donde se conjuntan con el anterior baile descrito conformando las polca-mazurcas.

Algunos derivados de estos bailes centroeuropeos  también llegan a Canarias con apariencias de polcas tales como el "SIOTE”y el “CHOTIS”, con clara referencia al schotish alemán que, de los salones aristocráticos pasaron a las capas populares de las islas. Es  el chotis baile conocido en Fuerteventura donde se ejecuta como baile de parejas sueltas siendo una especie de polca más picada según Talio Noda. El siote se mantiene y practica más en la isla de La Palma como baile suelto con los hombres en el centro, estáticos, y las mujeres girando a su alrededor, aunque existe una coreografía que lo viste con reverencias, pasos cortos, y algunos giros que nos recuerden su origen acortesanado, como vemos en Tenerife.

De aportación francesa y con llegada al archipiélago algo más tardíamente, siempre en el siglo XIX, tenemos el “PASACATRE”, derivado del pas a quatre, “paso a cuatro”, de compás binario casi idéntico al de polcas y berlinas. Su coreografía nos muestra su procedencia de los salones de bailes, de aire cadencioso aunque alegre y festivo, teniendo su baile la característica de realizar la misma figura, la pareja danzante, dos veces adelante y dos hacia atrás, siguiendo el giro de la rueda de los ejecutantes.

Y como final de influencias europeas decimonónicas, nombraremos,  el “BAILE DEL REMANGO”que se practica en la localidad tinerfeña de Santa Úrsula, en honor de San Luis de Francia como expresión única en la geografía española, a decir de Ramón Osorio.

Un baile muy popular que mantiene su ascendencia controvertida, es el conocido como “AIRES DE LIMA”, habiendo quién lo hace derivar de influencia americana y otros de portuguesa. Perviven en Canarias y se diferencian los practicados en La Palma como baile de filas enfrentadas, de galanteo, donde el hombre corteja a la mujer mientras la sigue en las vueltas, mientras en Gran Canaria se mantienen como cantos de velorio aunque, en algunas zonas, se conoce como isa de la parida y es bailable, para acompañar a la parturienta durante los nueve días que siguen al parto; también se entonaban en reuniones, fiestas y descamisadas, sirviendo de motivo para piques y enfrentamientos entre las parejas.


Entre los bailes o danzas practicadas en las fiestas tradicionales de las islas, voy a referirme en primer lugar  a la “DANZA DE LOS ENANOS”, que tiene su origen en la festividad del Corpus Christi y que se ha mantenido en la isla de La Palma como figura folklórica muy ilustrativa que define cada Bajada de la Virgen de las Nieves. Esta danza del siglo XIX se ejecuta en ritmo de polca con música del palmero Domingo Santos Rodríguez que, desde 1.925, se mantiene inalterable. Otro de los bailes festivos importantes es el que se desarrolla en la también Bajada de la Virgen, esta vez en El Hierro y en la festividad de la Virgen de los Reyes, que se mantiene desde el siglo XVIII. Para esta bajada, los bailarines ataviados con ricos y llamativos ropajes, ejecutan bailes en grupo y siempre ante la Virgen, acompañados por los tambores, pitos y chácaras, entre los que encontramos el”SANTO DOMINGO”, la “JUYONA”, el “TAJARASTE” y la “CONTRADANZA”, existiendo otro toque, no bailable, que sirve para descansar de la fatiga que producen los bailes, que es el “REDONDO”. Para no olvidarlo, mencionar otro baile de esta  isla del antiguo meridiano cero, que se manifiesta en fiestas y romerías y que lleva el nombre de “BAILE DE EL SANTO” caracterizado por sus coplas de pique entre los que lo entonan, hombre y mujer que, bailando, terminan enamorándose o enojados. Es baile que se ha perdido entre los herreños.

Siguiendo con los bailes que se practican en las fiestas y en torno a romerías, de las que tanto abundan en nuestras tierras isleñas, voy a referirme al conocido como “BAILE DE LAS CINTAS”, tan extendido en la celebración de las festividades de muchos pueblos y pagos. No es costumbre exclusiva de Canarias ya que sus antecedentes son antiguos remontándose a la costumbre que las sociedades primitivas tenían de bailar alrededor de un árbol sagrado o de un ídolo o símbolo divino, en clara relación con ritos de fecundidad y fertilidad, existiendo ejemplos en la península ibérica, hispana y portuguesa, pero también en Europa y Latinoamérica. Es la dendrolatría o costumbre de adorar a una divinidad en forma de árbol o piedra y que, a decir de Esquivel Navarro, evoluciona de lo que él denomina “danza del cordón”.

El baile de las cintas está muy extendido por nuestra geografía, encontrando los ejemplos de Gúimar, Candelaria, La Orotava, Valle de Guerra, Guamasa y  La Laguna, si nos circunscribimos a Tenerife. Además existen bailes emparentados como la danza de las varas del pago de Las Vegas, donde en vez de cintas se utilizan palos o varas y la de Guamasa en la  que se utilizan palos adornados con flores o arcos.

Encontramos reminiscencias remotas en las denominadas danzas cívico-religiosas por Bethencourt Alfonso, que los aborígenes realizaban en ocasiones principales y que él mismo describe diciendo que la conforman doce danzantes que bailan al compás de un tamborilero que a su vez toca la flauta en torno a un palo que conduce otro sujeto. Bailan realizando pasos adelante y atrás entrecruzándose por dentro y fuera con las cintas de colores que portan en su mano, vistiendo el palo, entretejiéndolo, estando su mérito en volverlo a desvestir sin parar la danza.

En otras ocasiones, como en un pueblo del sur de Tenerife, se ejecuta la “DANZA DE CHIMICHE”, con varas engalanadas, con música de cuerdas y acompañada de una pareja de chácaras, con un ritmo de vals. Las varas de palma están adornadas con papeles de colores y los bailadores, tres parejas y un guiador,  realizan movimientos elegantes y figuras que denominan como la estrella y el salto de la vara, en la festividad de la Virgen del Carmen, enlazando las varas entre las parejas. Es una danza derivada de la “DANZA DE LAS VEGAS” celebrada en la fiesta dedicada a Santa Ana y San Juan y única que en el archipiélago utiliza este elemento decorado en vez de cintas, palo central o arcos. De igual manera se practica en la zona de Charco del Pino otra conocida como “DANZA DE SAN LUIS”.

La “DANZA DE GUAMASA” o de las flores, se ejecuta en ritmo de tajaraste con tambor y castañuelas, y los bailadores, de dos en dos y en número de ocho, diez o más, bailan alrededor de un palo central del que salen los arcos que portan en las manos y que sirven para la danza en la que se ejecutan giros y cruces por parte de los bailarines. Semejantes son las “DANZAS DE TEGUESTE” o la de”VALLE GUERRA”, la “DANZA DE FASNIA”, la “DANZA DE EL ESCOBONAL”, la “DANZA DE LAS MERCEDES” o la “DANZA DE SAN DIEGO” en La Laguna, sin olvidar a la “DANZA DE GÜIMAR”, que sirven para celebrar y festejar en honor del santo, patrón o patrona del lugar que se trate, totalmente similares y ejecutadas delante de la imagen que sale en procesión.

Una danza mantenida en la zona norte de Tenerife, en el Valle de El Palmar de Buenavista, es el llamado “BAILE DE LAS LIBREAS”, de origen remoto y no bien conocido, que se realiza en la fiesta de la Virgen de la Consolación en el mes de septiembre. Es un baile que escenifica la lucha entre el bien y el mal, que ejecutan tres parejas de bailadores, todos masculinos aunque la mitad de ellos vestidos de mujer, que realizan saltos y giros al compás del tajaraste frente a la figura de “el diablo y la diabla”. El baile finaliza con la quema de los diablos. Este baile de las libreas tuvo otros lugares de práctica, como Icod, Valle Guerra y Tejina, aunque con diferente concepción ya que se desarrollan en forma parecida a los autos sacramentales, o como entremés teatral, siendo en las zonas de Buenavista del Norte donde se mantiene la tradición de los danzantes a ritmo musical.

Entre los pocos bailes que se celebran en la festividad navideña, donde los villancicos y divinos son los protagonistas, dentro de los llamados ranchos de pascua que tanto abundan en las islas orientales canarias, existe un baile que se practica en el interior del templo que el rancho acude a visitar, por ejemplo en la villa de Teguise de Lanzarote, que denominan “BAILE DE EL SALTO” y que se celebra frente al niño Jesús, en el los bailarines, ataviados de pastores, siempre danzan de frente y nunca de espaldas a la imagen con saltos y giros ostentosos y de forma muy dinámica, mientras el rancho ejecuta, instrumentalmente, con orquesta de cuerdas, panderetas, espadas, triángulos y sonajeros, una música primitiva y de condición religiosa. Existe, además, el “BAILE DE EL NIÑO” en la localidad de Taganana, Tenerife, que se celebra en la nochebuena al finalizar la misa del Gallo que grupos de bailarines, en la actualidad niños y niñas, bailan el tajaraste acompañando a la imagen de Jesús en la cuna en un claro gesto de adoración; es también practicado en la Punta del Hidalgo y en el pago de El Ravelo en el Sauzal. Y en la isla de La Palma  se celebra en la nochebuena el”BAILE DE LOS PASTORES” en localidades como Mazo y Tijarafe.

Para finalizar, quisiera recordar que muchos de los anteriores mencionados fueron bailes realizados en salones durante las fiestas y  con motivo de distracción y divertimento para los lugareños de los pueblos y pagos isleños, que , al ser practicados en recintos cerrados, en contraposición con los que se hacían en sitios abiertos, y casi siempre durante la noche, fueron denominados “BAILES DEL CANDIL” por el uso de las velas y candiles de petróleo o carburo para la iluminación del recinto, en pleno siglo XIX y antes de la aparición de la luz eléctrica. Esta costumbre ya se mantenía en las casas particulares, especialmente del ámbito rural, donde, con motivo del nacimiento de un niño, se celebraban los “BAILES DE PARIDA”, o también llamados “BAILES DE ÚLTIMA” en el noveno día tras dar a luz la madre.

Con posterioridad, y en el afán de mantener y celebrar estas reuniones sociales, donde el pueblo se divertía, se organizaron los bailes de candil con el añadido de cobrar una cantidad dineraria por asistir, motivo por el que comenzó a denominarse como “BAILES DE TAIFA” por la “tarifa” que el organizador cobraba a los hombres por el derecho a entrar en el recinto y bailar solo unos cuantos bailes, tras lo que debía de abandonar el salón y, si deseaba entrar, debía abonar nuevamente la taifa acordada, ya que las mujeres accedían de forma gratuita.

Si los bailes se celebraban en alguna  festividad determinada, tomaban su nombre específico; así, por ejemplo, los “BAILES DE SAN PASCUAL BAILÓN” en los que se colocaba una vela con una cinta por la mitad para marcar el tiempo durante el cual los hombres sacaban a bailar a las mujeres hasta que se quemaba la cinta, momento  en el que las mujeres pasaban a ser las protagonistas del baile pudiendo sacar a la pareja masculina que les apeteciera.
           
Estos bailes eran animados con orquestas a base de cuerdas, con guitarras, laúdes, bandurrias y timples, introduciendo algún violín o acordeón que daban música a la reunión acompasados por el ritmo de panderetas y tambores; esto motivó que en los casinos o sociedades donde se reunían los vecinos se les conoció como “BAILES DE CUERDA”; incluso por las colas que se formaban para entrar y poder disfrutar de la ocasión que se brindaba, en algunos pueblos se les denominó como “BAILES DE COLA”.

Concluyo esta exposición que he realizado a modo de repaso y resumen por los bailes y danzas de Canarias, sabiendo que pueden existir algunos más que no han sido comentados aquí, pero que, con lo escrito, se puede tener una visión amplia que nos permita conocer mejor esta parte fundamental de la cultura musical de nuestras islas. Todos estos bailes y géneros musicales  bailables nos dan una peculiar riqueza folklórica que nos diferencia y determina extraordinariamente y suponen un gran legado de nuestros antepasados que se han mantenido a lo largo del tiempo, por lo que sería interesante mantenerlos y conservarlos, como así se hace en la actualidad por los muchos grupos folklóricos que los practican y cultivan, para que no se pierdan y trasmitirlos a las próximas generaciones de canarios para que sepan y conozcan de nuestra tradición cultural.

viernes, 30 de octubre de 2015

La danza y el baile popular canario (I)

por Carlos García


El archipiélago canario es una  de las regiones españolas donde más influencias externas y foráneas han arribado a lo largo de su historia, conformándola y caracterizándola en sus costumbres y modos de ser, dándole una singularidad propia y una identidad cultural específica.

La música y el baile canario tiene sus antecedentes, de manera fundamental, en la península ibérica, aunque es cierto que se conservan y persisten sustratos básicos y folclorizados que mantienen lo más genuinamente autóctono, incluso posiblemente algo de lo aborigen, a pesar de estar rodeados e impregnados de elementos contaminantes que lo falsean y lo vician, pero que, al mismo tiempo, le dan sus caracteres específicos y singulares que lo definen y diferencian. 

Con la llegada de los conquistadores en el siglo XV arriban también los viejos romances de procedencia peninsular, que aquí se han conservado con una gran pureza e, incluso, con versiones más antiguas de las que perduran en sus tierras de origen, siendo mucho más razonable, como indica María Rosa Alonso, buscar antecedentes arcaizantes del continente español que problemáticos orígenes prehistóricos, sin que obviemos vestigios aborígenes o restos de sedimentos muy adulterados que se mantienen para enriquecer nuestro folklore.

Las danzas que los conquistadores, soldados y colonizadores trajeron de forma anónima a nuestra tierra, se asentaron y tomaron carta de naturaleza propia; danzas que se interpretaron en las fiestas, en las celebraciones religiosas, en los juegos infantiles, acostumbrados a practicarlas en su lugar de origen y que aquí mantuvieron como recuerdo de sus tierras. Y esta arribada se fue realizando de manera escalonada, por oleadas a lo largo de los años de asentamiento, no de manera inmediata.

Pero además, existió una influencia derivada directamente de los primeros habitantes de Canarias, persistiendo en las islas e incluso exportándose hacia el continente, llegando a constituirse como una de las influencias culturales más importantes del periodo neolítico aborigen al resto de la cultura europea conocida. Me estoy refiriendo, a “EL CANARIO”, que como baile fue llevado por los esclavos guanches que se vendieron cautivos en las cortes en el siglo XVI, y que introdujeron esta forma de bailar tan peculiar en los salones de los palacios que lo adoptaron como parte de su cultura musical. Fue una danza de requerimiento y rechazo de parejas en fila que tenía gran donaire y gracia al ejecutarse, llegándose a decir que, junto con los pájaros canarios, esta danza divulgó y expandió el nombre de nuestras islas por todo el orbe, y que, gracias a los escritos del religioso Thoinot-Arbeau, de 1.588, podemos conocer los pasos y ritmos de este baile que fue definido de gran dificultad ya que precisaba de saltos sobre un solo pie, de aproximación y retroceso con caídas, patadas  y arrastres de los pies que lo hacían muy exótico y original.

Conocemos por las crónicas históricas que  los aborígenes canarios practicaron danzas que se han definido como cívico-religiosas, caso de Bethencourt Alfonso, y que practicaban en las solemnidades, como en el Beñesmer y otros acontecimientos religiosos; o en las danzas pírricas o bélicas en las que se enfrentaban chocando sus armas con gran agilidad en los golpes y en elegantes posturas, puede que como antecedentes de éste otro baile referido y que evolucionó posteriormente. El padre Alonso de Espinosa nos cuenta que los guanches bailaban aquel son que se llama canario con mucha ligereza y mudanza. Abreu Galindo escribe que su baile era menudito y agudo o que bailaban en rueda y en folía, con grandes saltos. Y Sedeño dice que celebraban bailes con varas pintadas con sangre de drago que usaban con ademanes y mudanzas. Martín y Cubas informa de que hacían bailes con zapateados y cabriolas. Chil y Naranjo nos referencia a los habitantes de Fuerteventura y Lanzarote como hombres que cantaban y bailaban en sus diversiones. Tenemos, por tanto, una buena descripción de los bailes y danzas aborígenes como referencias históricas que nos sirven para ilustrar y conocer mejor la evolución y pervivencias posteriores concluyendo todos los autores en que eran bailes agitados y violentos, dislocados, acrobáticos y con grandes saltos y contorsiones.

Derivado directamente de “el canario”, se mantiene vigente otro baile, ésta vez específico de la isla de La Palma y que lleva el nombre de “SIRINOQUE”, baile muy antiguo y más acortesanado que el anterior, de parejas enfrentadas que se acercan y alejan con pasos cortos, marcando el ritmo con los zapatos y ejecutado al compás de un tambor y una flauta de pico, al que se le añadió, más modernamente, un juego de “relaciones” cantadas y dialogadas, de piques y coplas amorosas a manera de enamoramiento entre hombres y mujeres.

Otra danza que persiste en la actualidad y que tiene una antigüedad conocida desde el siglo XVII, con viejos antecedentes que permiten relacionarlos con probables vestigios de los propios aborígenes, es el “TANGO HERREÑO”, emparentado con el baile de los tres, éste de origen peninsular, danza amorosa o de cortejo de tres parejas enfrentadas que, a nivel masculino elaboran saltos y vueltas enérgicas, en un alarde gimnástico, mientras que las damas realizan suaves y finas contorsiones, en un baile de cortejo y galanteo y que se acompaña con chácaras y al compás de un tambor y una flauta travesera con la constante y repetitiva entonación del estribillo “nai tiri nai” que recuerda y alude a la flauta morisca. Existen variantes en la isla de Tenerife, principalmente en la zona de Icod, y la Gomera. Su nombre parece más relacionado con un vocablo africano que con la voz argentina popularizada entre nosotros.       

La siguiente danza arcaica es el “BAILE DEL TAMBOR”, de la isla de La Gomera, con filas de parejas enfrentadas que, con una mano más levantada que la otra, danzan moviendo los pies de derecha a izquierda, con golpes de punta y tacón con mudanzas y pasos que los bailarines van ejecutando, mientras son acompañados por el tambor gomero y las grandes chácaras que dan el ritmo al “romanciador” y “respondeores” que entonan el estribillo o pie de romance. Según Lothar Siemens es baile emparentado con una danza barroca europea llamada “le tambourin”. Uno de los bailarines, mientras toca las chácaras, saca a bailar a una mujer y el resto hace igual observando las mudanzas que ejecuta la mujer esperando relevar al primero el baile.

El otro baile es el”TAJARASTE”, nombre que define  el pandero que sirve para acompañar al baile, y que es vocablo bereber. Se acompaña musicalmente con un tambor y chácaras; los bailarines forman en rueda, aunque antes se hacía en filas enfrentadas, y realizan saltos adelante y atrás acercándose al centro de la rueda, en disposición de acercamiento y rechazo siendo  la  coreografía  mucho más antigua que el ritmo musical del tambor que lo define, por lo que ha sido referenciado como de orígenes prehispánicos. Es baile que se realiza en la Gomera y en Tenerife puesto que en Gran Canaria ha desparecido recordándose solo por algunos en el norte de la isla. En Tenerife lo encontramos relacionado con otros bailes como el tanganillo, el tango de la Florida, baile de la Virgen y el baile del tambor gomero y se ha emparentado con los bailes de cintas o de varas. En la comarca de Icod se encuentra definido en una modalidad que se conoce por el tajaraste del Amparo en el que se utiliza, de manera única y novedosa, un acordeón en su música. Puede que el sentido del baile, lo mismo que el del canto, tenga un carácter festivo-religioso, especialmente hacia la figura humana de la Virgen, la chaxiraxi aborigen, con reminiscencias de los ritos celebrados en la época del beñesmer en el mes de agosto.

Por último, como baile antiguo que pervive en la actualidad de los referidos antes, está el “BAILE DEL VIVO” originario de la isla de El Hierro, única danza pantomímica que se conoce y mantiene en Canarias, consistiendo en un baile de una pareja en la que la mujer dirige e invita al hombre a realizar los gestos y ademanes mímicos que ejecuta, simulando peinarse, lavarse, maquillarse, colocarse el vestido, etc. en el intento de, en un momento de distracción, quitarle de un manotazo el sombrero que el hombre lleva. Se baila en ritmo de tajaraste ejecutado por una sola persona, siempre mujer, que lo canta al mismo tiempo. A decir de Siemens, es danza conocida y ejecutada por los sefarditas de Tetúan, aunque Elfidio Alonso aventura la hipótesis de tener influencias orientales por semejanzas a una danza japonesa. Sea como fuere también ha emigrado hacia América donde se practica un baile del sombrero, o cachucha, en el altiplano andino.

Otra danza de antigua tradición en las islas se emparenta con los bailes rituales que frecuentaban los campesinos y en los medios rurales que tienen relación con ciertas prácticas brujeriles y ocultas, que conocemos se practicaban por los datos obtenidos en los casos perseguidos por la inquisición. Sabido es que estas costumbres fueron introducidas al archipiélago por los esclavos negros y berberiscos africanos que se usaron como mano de obra en los ingenios de la caña de azúcar. Eran bailes y danzas con alto contenido erótico que servían para la interrelación de sexos y se ejecutaba en lugares apartados, de noche y, fundamentalmente en época de pascua, estando referenciado en Tenerife, Gran Canaria, La Palma y en Fuerteventura. Se denomina el “BAILE DEL GORGOJO” y se caracteriza por bailarse de cuclillas, con los ejecutantes desnudos y dando saltos.

Un baile, también con contenido sexual, es el que se practicó en el sur de la isla de Gran Canaria, localizado en el barranco de Guayadeque, denominado como “EL BAILE DEL PÁMPANO ROTO”, que Siemens define como danza fálica, ejecutado en filas enfrentadas de hombres y mujeres, en una clara manifestación de requerimiento y rechazo, en el que se intentaba atravesar una hoja de ñamera que la mujer llevaba amarrada a la cintura, acción que, si se lograba, constituía un compromiso de matrimonio.

Dentro de los bailes y canciones que guardan con mayor pureza lo más antiguo y autóctono, y que anidó en las islas antes del siglo XVIII, encontramos los dedicados a los cantos y danzas de trabajo, cada uno representando a un gremio laboral diferente ya fueran labradores, pastores, artesanos, etc. Estas danzas aparecen en las labores a realizar y sirven para disminuir la fatiga y cansancio en el trabajo intentando distraer a quién las ejecuta.

Aunque no se conoce exactamente su procedencia y no estar relacionado con los cantos y danzas gremiales, se ha conservado en la isla de La Palma una bella danza agrícola que se conoce como “DANZA DEL TRIGO” y que consiste, de manera didáctica, en describir el proceso de la siembra, recolección y producción del trigo que reproducen con gestos los bailarines acompañados por un tambor, flauta y castañuelas. Parece muy relacionada con bailes de juegos infantiles y tiene una clara influencia española, habiéndose encontrado por Siemens danzas parecidas en Extremadura y en la zona gallega, manteniendo algo similar las tradiciones sefarditas de Tetuán.

En Lanzarote, y para no dejarla de mencionar luego, tenemos que referir otra danza agrícola, de aparición moderna, que lleva el nombre de “BAILE DE LA SARANDA” nombrando el utensilio de labranza que sirve para cernir el trigo, en donde se realizan gestos de recoger el cereal de trigo, de aventarlo y de distintos movimientos que recuerdan las faenas campesinas, ejecutado con grandes y vistosos saltos que sueltan y cambian la saranda de unos a otros.

Otra danza y canto  es el”SORONDONGO”, que deriva de los restos del zorongo andaluz, juego infantil del siglo XVI que se extendió por Canarias y también relacionados con las jeringonzas españolas. Es baile de parejas sueltas que evolucionan dando saltos de manera vistosa. La variante de Lanzarote es de invención de José María Gil. Y en la isla de El Hierro arraigó con la denominación de”BAILE DE EL FLAIRE”, baile de una sola pareja que va mudándose entre hombres y mujeres que eligen selectivamente con quién bailar y que parece procedente de un tema infantil que tiene versos de la otra canción conocida como La Violeta, como bien advierte María Rosa Alonso.

Existen otros bailes arcaicos y de clara procedencia peninsular que hacen pervivir, aunque adulterado, el baile de Claros, viejo romance del siglo XVI, entre el que está el”BAILE DEL CONDE DE CABRA”, de la isla del Hierro, del que no se ha podido rescatar su danza, que se hacía en forma de corro y del que conocemos las letras del romance que canta una tamborilera que marca el ritmo y que responden el estribillo los propios danzantes.

Como figura antigua y muy valiosa en el folklore musical canario está el “SANTO DOMINGO”, de aportación castellana del siglo XVII, con alusión a los milagros y vida de Santo Domingo de la Calzada que, con posterioridad, se mezcló con danzas y músicas diferentes, enlazándolas con el tanganillo y el tajaraste. Es de compás ternario y se practica como baile suelto en grupos de cuatro en Gran Canaria; en La Gomera se realiza con chácaras y tambores a modo de tajaraste; en El Hierro no se canta y sirve como acompañamiento danzado por los bailarines en la fiesta de la Bajada de la Virgen; en Tenerife se baila junto con los mencionados tanganillos y tajarastes; en La Palma no se baila y solo se canta a modo de estribillos romanceros.

Otro viejo baile, del que nadie ya se acuerda y que se mantuvo hasta comienzos del siglo XX en las localidades del norte de Tenerife como Masca, Erjos y Arguayo, es el que llamaron “BAILE DE BÚSQUESE LA VIDA”que se practicaba a modo de diversión y de entretenimiento, “de risa”, como baile de parejas de requerimiento y rechazo en el que el hombre, con pasitos cortos, brazos abiertos y encorvado, se acerca a la mujer, cantándole versos picantes y desvergonzados, que retrocede mientras intenta pararlo, tocándole luego a la inversa a ella con respecto al hombre; su música se asemejaba a un tajaraste aunque parecido a un tanganillo, a decir de quienes lo bailaron, ejecutado por un grupo de cuerdas.

Para entrar de lleno en las oleadas folklóricas que llegan en el siglo XVIII a Canarias procedentes de la península, tenemos que conocer que tras, su llegada, toman un sello personal, arraigándose los temas musicales y las danzas más practicadas de nuestra música popular, o por lo menos, las que conforman lo más conocido de aquella.

Así comenzaremos por la “FOLÍA”, posiblemente la expresión más culta y perfecta de las que existen en el archipiélago, emparentada con la folía española y de ascendencia galaico portuguesa, que se introdujo aquí desde las esferas cortesanas y cultas al estrato popular. Es una danza cortesana, señorial y ceremoniosa, que se bailan en grupo de parejas, que se acercan y alejan, y que conservan el cambio de parejas, ya que la mujer evoluciona con cada uno de los danzantes hasta retornar de nuevo a su primer acompañante. Se suele llevar el compás con el chasqueo de los dedos de los danzantes y, se baila, preferentemente, por tres grupos de dos parejas. Cada isla mantiene un estilo peculiar y propio de folías.

Seguimos con el grupo de las”SEGUIDILLAS”, originarias de La Mancha, que adquieren en las islas un estilo peculiar y diferenciado en cada una de ellas, conservándose, incluso, las propias manchegas en la de Tenerife. Es danza colectiva de pareja suelta y de coreografía semejante a la de las folías, presentando tres grandes diferencias entre las de Lanzarote con giros vistosos y llamativos, más alegres y movidas las de Tenerife que se incorporan a las folías y saltonas, y mucho más vivas las de Gran Canaria que se denominan “corridas”.

Una modalidad derivada de las seguidillas y solo exclusiva de Tenerife, es la”SALTONA”, nombre que deriva de los saltos que dan los bailadores, definida como danza de movimiento vivo. Existen antecedentes de autores que las enmarcan, de modo erróneo, con los bailes aborígenes. Es una variante de la danza del tajaraste y se ejecuta en compás ternario, como danza de parejas intercambiadas que giran y saltan al compás de la música dando esos graciosos saltos que las caracterizan.

El “TANGANILLO” tinerfeño es otra modalidad derivada de las seguidillas que se danza colectivamente en rueda, con parejas que se van cambiando a medida que giran en círculo, de métrica ternaria y que debe su nombre a una transformación del vocablo “tanguillo” y que se ha intentado relacionar, equivocadamente, con el baile de El Canario y con el tajaraste, por su encuadre con los géneros que llamó, de “tempo canario” Amaro Lefranc. Al ser baile de corta duración se baila antes del tajaraste y a  continuación del Santo Domingo.

También relacionada con las seguidillas se practica en la navidad, en tierras de Guía de Gran Canaria, un baile homenaje al niño Dios que aparece recostado en una cuna y en torno a la cual danzan los bailadores, hombres y mujeres cada uno en una dirección. Se conoce como el”BAILE DE LA CUNITA”.

Continuando con el grupo de géneros musicales y danzas llegadas en el siglo XVIII encontramos a  las “MALAGUEÑAS” de clara ascendencia andaluza y directamente derivadas del fandango. Su baile es de los más bellos y finos que se practican, a decir de García Matos, y tiene un cierto parecido musical y estructuralmente con las folías, especialmente en sus precantos. Su baile ha evolucionado encontrándose en la actualidad muy diferente a su origen andaluz, siendo hoy en día una combinación de movimientos que incluyeron bailadores tan señalados como Fermín Morín que aportó la forma de bailar con dos mujeres, seis y hasta diez a la vez, ejecutando giros y manejando de forma dominadora la coreografía mientras se produce el canto del solista, siendo bailado en parejas cuando se entonan los estribillos.

Y por fin acabamos con las “ISAS”o jotas, como también se las conoce, ya que provienen del tronco general de las jotas peninsulares de las tantas y variadas que existen a lo largo y ancho de la geografía ibérica. Su voz, “isa”, parece derivar del bable asturiano aunque otros la hacen proceder de un vocablo sefardí. Es uno de los bailes más populares de nuestras gentes y está presente en las fiestas y romerías con su coreografía vistosa y espectacular. Comenzó siendo un baile suelto realizado por parejas y acompañado por castañuelas y ha terminado con la incorporación de cadenas y figuras que bien pueden tener influencias con los bailes centroeuropeos que recuerdan a la contradanza, que nada tiene que ver con las jotas aragonesas o navarras de baile individualizado.  En su coreografía aparece el baile en rueda con multitud de variantes, giros, adornos y figuras, siendo posiblemente influenciado por la incorporación del baile argentino El Pericón. Existe en la isla de Lanzarote una isa que se baila con “palos” que es de creación moderna. En resumen es el baile alegre y festivo por excelencia que se ejecuta en corro con figuras y trenzados vivos y vistosos que a todos divierte.

CONTINÚA...

           

jueves, 16 de julio de 2015

Castillos de Lanzarote: Torre de las Coloradas y Castillo de San José

por Agustín Pallarés Padilla



Castillo de las Coloradas
A comienzos de 1741 fue enviado a Lanzarote por el entonces Capitán General de Canarias Andrés Bonito Pignatelli, que había tomado posesión de su cargo poco antes, el ingeniero militar Claudio de Lisle con la misión de fijar el lugar en que se habría de construir una pequeña fortaleza o torre que se tenía proyectado hacer al sur de la isla en el estrecho de La Bocaina. Para tal fin eligió el citado funcionario la Punta del Águila, un promontorio que alcanza una altura de unos 15 m sobre el nivel medio de las mareas desde el que se domina prácticamente toda la costa de la isla correspondiente al estrecho citado. Las obras se llevaron a cabo con toda celeridad, pues habiendo sido iniciadas en ese mismo año de 1741 ya estaban terminadas al año siguiente.

La forma de esta torre es troncocónica, con un diámetro en la base de unos 14 m y una altura de poco más de 8 m sobre el suelo. La puerta de entrada se abre a media altura de la pared por el lado que mira hacia tierra, accediéndose a la misma mediante una meseta escalonada separada del edificio sobre la que se tendía el puente levadizo.
El interior del edificio se dividía en dos grandes salas superpuestas, la superior que servía de alojamiento a la tropa, a la que se entraba, una vez traspasada la puerta exterior y un pequeño pasillo que seguía a continuación, cubierta por el techo en bóveda de cañón del castillo, con el piso de madera, que se hallaba sostenido por un grueso pilar central de sillería apoyado en todo su perímetro en un saliente de la pared. A los lados tenía esta sala dos pequeñas habitaciones, una frente a la otra, y en la pared del fondo un ventanuco para permitir la entrada de la luz exterior.
La sala inferior, que servía de almacén, era de menor amplitud, y su techo era el piso de madera de la sala de arriba, disponiendo, como la superior, de un ventanuco para permitir, asimismo, su iluminación diurna.
En este nivel inferior se encontraba el calabozo y el almacén de la pólvora. Luego en lo alto, por encima de la bóveda, en el grosor del techo, había dos cisternas situadas en posición diametralmente opuestas, cuyas bocas, protegidas con las correspondientes tapas de madera, se abrían en la azotea.

En 1749, apenas siete años después de su construcción, recibió ya la pequeña fortaleza su bautismo de fuego. Dos jabeques argelinos dotados de una tripulación de unas cuatrocientas personas atacaron la torre, y después de rendir la guarnición redujeron el maderamen interior del edificio a cenizas, quedando con ello la fortaleza totalmente inhabilitada para realizar su función ofensivo-defensiva, en cuyo estado se mantuvo durante veinte años.


Fue, pues, en 1769, siendo Comandante General del archipiélago don Miguel López Fernández de Heredia cuando fueron reparados por el ingeniero Alejandro de los Ángeles los desperfectos sufridos en 1749, quedando con ello de nuevo el fuerte en normales condiciones de operatividad.
Al finalizarse estos trabajos se colocó sobre la puerta de entrada una placa con la leyenda siguiente:

REINANDO EL SR. D. CARLOS III MANDANDO ESTAS ISLAS EL EXCMO SR. D. MIGUEL LOPEZ FERNANDEZ DE HEREDIA MARISCAL DE CAMPO SE REDIFICO ESTA TORRE DE SAN MARCIAL PUERTO DE LAS COLORADAS PUNTA DEL AGUILA AÑO DE 1769.

En este letrero se observa un error de identificación de la torre al llamarla ‘de San Marcial’, ya que se trata de una confusión con el castillo betancuriano al creerse entonces erróneamente que el de los franceses se había construido en este mismo lugar.

Castillo de San José. Las obras de este castillo se comenzaron en abril de 1776 siendo Comandante General de Canarias Eugenio Fernández de Alvarado, marqués de Tabalosos, corriendo el proyecto a cargo del ingeniero Andrés Amat de Tortosa.
 
Al frente de las obras fue puesto en un principio el ingeniero José Arana acompañado del teniente de artillería Rafael de Arce y Albalá, pero en octubre de ese mismo año cesó Arana al marchar a la Península, quedando al frente de las obras el mencionado teniente de artillería, y en ejecución material de las mismas el maestro mayor José Nicolás Hernández con su cuadrilla de obreros. El teniente Arce cesó a su vez en estas funciones el 30 de julio de 1778, figurando en las etapas finales como técnico director de la obra el ingeniero Alfonso Ochando.

Se dice que la construcción de este castillo obedeció más a una gracia del monarca Carlos III concedida para aliviar el estado de miseria reinante entonces en la isla dando trabajo a parte de la población –de donde el título de ‘fortaleza del hambre’ por el que fue también conocido–, que a necesidades defensivas propias de su carácter militar. 

Su planta es de forma cuadrada entre el frontis, que mira hacia tierra, de 35 m de largo, y los laterales rectos, de unos 15 m, en tanto que en el resto o parte trasera, que da hacia el mar, es curva en arco de circunferencia. 

Consta en primer término de dos amplias cámaras alargadas en sentido transversal, que ocupan algo más de la mitad anterior del edificio, con techos en bóveda de cañón de sólida sillería de roca basáltica y piso empedrado, a las que se denominaron cuartel alto y cuartel bajo al hallarse una sobre la otra. En la mitad de la derecha de la primera de estas salas, accesible directamente por el portalón de entrada del edificio, se encontraban los dormitorios de los oficiales y la cocina, y en la segunda, a la que se llegaba a través de una escalera del mismo material, que se inicia en el lado izquierdo de la puerta de entrada, el dormitorio de los soldados. En el resto de la planta alta estaban, a la izquierda entrando el calabozo o mazmorra, a continuación el aljibe, cuya boca se abría en la plaza de armas o azotea, protegida por una recia tapa de madera; en el centro, el depósito de efectos de artillería, y en el lado derecho el almacén de la pólvora.

El acceso al portalón de entrada se efectuaba mediante una escalera de piedra separada de la fortaleza, que quedaba unida a la puerta mediante un rastrillo levadizo que salvaba un foso seco de unos 4 m de anchura que corría a lo largo del frontis del edificio. En la plaza de armas, de piso enlosado, cuyo acceso se efectúa por una escalera, asimismo de sillería, que se encuentra a la derecha de la puerta de entrada se construyó, en cada extremo del frontis, una garita, y entre ambas, en el centro, una espadaña. En el parapeto que circunda al castillo se abren once cañoneras, dos en el frontis, otras dos en cada lateral recto y cinco en la parte curva trasera.

Hacia mediados del siglo XIX dice Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España de esa fecha, sobre esta fortaleza, después de ensalzar la solidez de su fábrica, que “monta 12 cañones de bronce, pero que tiene la desventaja de poder ser dominada por una batería que se construya en las colinas que se hallan a tiro de fusil por el frente de su puerta y foso”, a lo que añade:“Además desmerece mucho de su importancia por razón de la elevación a que por la parte del mar están sus fuegos; pues que los buques pueden introducirse en la bahía lamiendo el pie del risco sin ser incomodados ni en la entrada ni en la salida, hasta cierta distancia que los proyectiles son siempre menos certeros y menos eficaces.

Finalmente decir que en 1976 fue instalado en este castillo, por iniciativa y obra de César Manrique, el Museo de Arte Contemporáneo, modelo de esta clase de establecimientos en Canarias.

NOTA: Este artículo fue publicado originalmente en el blog de su autor Prehistoria, Historia y Toponimia de Lanzarote, Canarias