“Todo lo antiguo se va derruendo; todo lo antiguo, que es lo que evoca el recuerdo grato de lo pasado y nos proporciona las emociones más íntimas en nuestras almas, toma el rumbo de desaparecer”

Don Amado Riverol, anciano marino, capitán de puertos y comandante militar del trozo de Orotava, que en un tiempo, llegó a ser alcalde del Puerto de la Cruz. (Del blog "Canarízame")

miércoles, 26 de abril de 2017

Una cárcel para Santa Cruz de Tenerife

por Melchor Padilla



En el Archivo de la Ciudad de Arganda del Rey (Madrid) e incluídos en el fondo 'Arquitectos Aranguren', se hallan depositados, entre otros referidos a Canarias, dos documentos manuscritos que firma el que fuera arquitecto provincial de Canarias, Manuel de Oraá. Uno, fechado en 1859, es un informe acerca del estado de la prisión existente en aquel momento en la ciudad y, el otro, de 1861, un anteproyecto nunca realizado de construcción de una prisión provincial para Canarias. No sabemos a qué es debida la presencia de estos documentos en este archivo madrileño pero uno de los arquitectos que da nombre al fondo, José Luis Aranguren Bourgón, es el autor de los planos de la antigua Prisión Provincial de la avenida Benito Pérez Armas de la capital tinerfeña en 1934 y estuvo en las islas para hacerse cargo de su construcción.

Manuel de Oraá y Arcocha fue el primer arquitecto titulado en Canarias por la Real Academia de San Fernando, y en 1853 el primer Arquitecto Provincial de Canarias, cinco años antes de la institución del cargo en el resto del país. Natural de Burgos, estudió Arquitectura en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Desarrolló una ingente labor constructiva en diferentes municipios, no sólo en cuanto a obras y proyectos sino como asesor en asuntos de arquitectura, urbanismo y medio ambiente.

En 1862 abandona las islas y se traslada a Madrid, donde ejerce como arquitecto de distrito. Su condición de carlista le perjudica, por su implicación en la Tercera Guerra Carlista lo que le obliga a abandonar el país, dirigiéndose a Francia.

Este fracaso le lleva a regresar definitivamente a Canarias en abril de 1877, donde, tras realizar trabajos para particulares, retorna al puesto de arquitecto municipal de Santa Cruz en 1883, donde inicia su período más prolífico, que culmina con su fallecimiento el 2 de febrero de 1889.

Algunas de sus obras principales como arquitecto municipal de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife son el Teatro Guimerá, el actual Parlamento de Canarias, la Plaza del Príncipe, el Mercado de Abastos y el Antiguo Hospital Civil. La profesora de la ULL María del Carmen Fraga ha estudiado en profundidad la figura de este arquitecto.

En el ejercicio de sus atribuciones en 1860 eleva Oráa un infome al Director General de Establecimientos Penales en el que valora el estado del edificio 'de propiedad particular que ocupa el destacamento presidial de esta provincia':


En cuanto a sus dimensiones y comodidad estima que estas son muy limitadas pues no pasa de ser un cuadrado de unos 30 metros de lado (112 pies) en el que cuatro crujías,  que pueden albergar a un máximo de 110 confinados, se distribuyen en torno a un patio central. las condiciones de seguridad que aprecia son nulas por el mal estado de las rejas de madera de las ventanas y el poco grosor de los tabiques. Aimismo describe en su informe las deficientes condiciones de salubridad de esta prisión.

La situación de la prisión a la que hace referencia este informe de Oráa está claramente determinada en el plano que de la misma se incluye en este documento pues se la sitúa entre las calles de Santa Isabel (Actual Carmen Monteverde) y la plaza del Hospital. Hay que tener en cuenta que por aquellos años se levantaba en el lugar que hoy ocupa el edificio de la Capitanía, un antiguo Hospital Militar, por lo que debemos concluir que la plaza a la que se hace referencia correspondería aproximadamente con la actual plaza de Weyler.

En el plano de la ciudad de Santa Cruz diseñado por Vergara en 1856 aparece claramente señalado un edificio que denomina 'Cuartel del Destacamento Presidial' cuya situación se corresponde exactamente con la indicada por Oráa. Comparando este plano con una fotografía área actual podemos concluir que la carcel se hallaba en la esquina de las actuales calles de la X y Ángel Guimerá.


En 1868, los presos fueron desalojados de este edificio debido a sus condiciones ruinosas y trasladados al Lazareto. En algunas fotografías de principios del siglo XX de la zona, como en esta coloreada, se puede apreciar todavía el edificio que sirvió de prisión. Lo podemos ver a la izquierda de la imagen ya sin el pequeño torreón que aparece en los planos y con la puerta ensanchada para permitir su utilización como almacen comercial.

Quedaba, pues, pendiente la construcción de un centro penitenciario que reuniera condiciones adecuadas para el internamiento de presos. Por ello en 1861, y de acuerdo con las órdenes del Director General de Establecimientos Penales, Manuel de Oráa elabora un anteproyecto en el que va a incluir, además de los planos, una memoria descriptiva y el presupuesto de la obra.

Dicho establecimiento penitenciario, con capacidad prevista para 1116 internos, tendría la siguiente ubicación:
“(…) a la izquierda del camino de San Sebastián, donde llaman el ‘Chapatal de Guimerá’ y en el que concurren las circunstancias siguientes: 1ª Ser elevado respecto al casco de la población, a sotavento de la misma y a una distancia de 1250 metros de los últimos edificios. 2ª hallarse tan próxima a la Carretera Provincial que con la construcción de 380 metros de camino en continuidad del Paseo de los Coches (o sea ronda de esta ciudad) y una alcantarilla sobre el barranco de Santos, se hallará en comunicación inmediata con ella y con la parte de población situada hacia este lado.”
Tengamos en cuenta que el término alcantarilla tiene en este caso, me parece, el antiguo significado árabe de ‘puente pequeño’ Más adelante se construiría este, conocido como Puente Nuevo, entre 1869 y 1870, en la continuación de la Rambla en la actual avenida de Las Asuncionistas, en una zona que se abría entonces a la construcción.



No es dificil ubicarlo en el plano actual de la ciudad pues la zona todavía conserva en la actualidad el nombre de El Chapatal. En el siguiente plano comparativo se aprecia con claridad que no puede tratarse de otro lugar porque en la plaza de La Paz situamos la confluencia entre los antiguos Paseo de los Coches y la Carretera Provincial (Ramblas de Santa Cruz y Pulido hoy en día). Si medimos 380 m. desde aquel lugar y cruzamos el barranco de Santos, el lugar previsto para la construcción estaría situado aproximadamente en la rotonda que une la avenida de Bélgica y San Sebastián, muy cerca de donde se encuentra el Colegio de las Asuncionistas, que no fue construído hasta principios del siglo XX.


Lo que más llama la atención en los planos del anteproyecto es que Oráa diseña un edificio de planta radial que se inspira en las ideas que hacia fines del siglo XVIII desarrollara el filósofo utilitarista inglés Jeremy Bentham. Este tipo de construcciones recibe el nombre de panóptico pues se pensaba que unos pocos guardianes podían controlar sin demasiado esfuerzo a los presos en sus celdas. Ejemplos de panópticos los podemos encontrar en muchos lugares del mundo y también en España siendo quizá el más conocido, entre otros, la todavía en funcionamiento Cárcel Modelo de Barcelona.

En la memoria que acompaña al anteproyecto Oráa establece las bases por las que se ha guiado para su elaboración. Según él este presidio debe estar destinado a hombres condenados a penas graves "de siete a doce años". Trata de evitar la presencia de mujeres en el mismo edificio para que no se produzca 
"cierto germen de inmoralidad que en personas corrompidas y aisladas produce la sola idea de la proximidad a otras de distinto sexo que atraen con torpes deseos".
Pasa a detallar a continuación las caracteristicas de las dependencias comunes con la que debe contar la prisión como son los lavaderos, tanto de ropa como para el aseo personal de los reclusos, la enfermería con dos salas con un total de 62 camas, capilla y dependencias para el personal de administración y vigilancia.

Por último, el anteproyecto incluye los presupuestos tanto de materiales como de personal. En el primer aspecto, propone ahorrar costes utilizando madera de los montes del Estado en la provincia y en cuanto a personal expone que, debido a la escasez de mano de obra cualificada, sean lo propios sentenciados que tengan preparación en albañilería, cantería o herrería así como otros para trabajar de peones quienes sean  los que construyan la prisión "a la que más tarde habrán de de venir a cumplir aquí sus condenas".

El presupuesto total de la obra ascendería a 12.519.072,40 reales de vellón de los que 327.997 corresponden a honorarios del arquitecto, ayudante, aparejador, delineante, escribientes, etc... y el resto a gastos de construcción.

La obra nunca se llevó a cabo y hasta 1950 Santa Cruz no pudo contar con una cárcel en condiciones, la más arriba mencionada prisión de la Avenida Benito Pérez Armas. Esta permaneció activa hasta los años 90, cuando fue trasladada al municipio de El Rosario: el actual Centro Penitenciario Tenerife II. 

NOTA: Quiero manifestar mi agradecimiento a Juan A. Hernández Bernabé que me comunicó la existencia de estos documentos de Oráa en el archivo de Arganda. También a Rafael Cedrés y Alejandro Carracedo, administradores de la página de Facebook Fotos Antiguas de Tenerife por su inestimable ayuda en la documentación de este artículo.

miércoles, 22 de marzo de 2017

La sugestiva mirada de los caseríos abandonados de Fuerteventura. El ejemplo del pago de La Florida.

por Tomás Perera Medina (*)


Sed, aridez, llanura "infinita", ¡qué evocadores son esos paisajes majoreros!, aquellos sobre los que Don Miguel escribió en su destierro, en aquel ya lejano año de 1924. Una isla con tanta escasez secular que, desde el continente, se contemplaba como lugar de destierro contra insurrectos o subversivos; con recursos hídricos tan escasos que parece un milagro cómo el campesino, a través de dosis de ingenio y sabiduría popular, ha podido extraer "tanto" de sus yermas tierras.

Una tierra salpicada de aspas y torreones de viejos molinos, aljibes y ese paisaje cultural de gavias tan característico que tiñe de tonos ocres y rojizos el entorno. Y es que la  Isla es mucho más que kilómetros de playas de jable blanquecino, límpidas aguas turquesas y radiante sol.

Una imagen estereotipada que, en muchos casos, ha minimizado o subestimado los ingentes valores que encierra su interior y que tan gratificante resulta descubrir.
"Empiezo a escribir estas notas.. en esta isla de Fuerteventura, una de las que se llamaron Afortunadas.Y de veras que es afortunada, a pesar de la resignada sed que mortifica a su tierra, pues que no hay en ella ni cine, ni equipos de football, ni bueyescautos o como se diga. Ni pita el tren, sino que pasa solemne y pausado, el camello…Mar y cielo le están cantando a esta sedienta isla la canción silenciosa del largo sueño sin despertar."                                                                                                          (Miguel de Unamuno)
Son muchos los rincones del interior de la isla que evocan las "huellas" del duro pasado, una "lucha" entre el hombre y  su medioambiente, donde extraer recursos del entorno resultaba fundamental para la supervivencia. Resulta especialmente evocadora la imagen  del antiguo caserío que aparece aislado en el horizonte, sobre la árida llanura o suaves promontorios; edificaciones en muchos casos ruinosas o "descarnadas" sus cubiertas, en las que sobreviven los viejos muros y sus huecos.

Precisamente la idea de esta entrada de mi blog es dar a conocer uno de los ejemplos que mejor ilustran esta descripción, el Pago de La Florida, en el municipio de Tuineje, un lugar especialmente sugestivo y que resulta gratificante recorrer. Como así lo hicieron y refirieron grandes viajeros decimonónicos tan ilustres como René Verneau.

El caserío o pago de La Florida está constituido por una agrupación de viviendas tradicionales y elementos anejos como dependencias para el ganado,  aljibes, pequeñas maretas y gavias, hasta restos de una Tahona o "molino de sangre" . Algunas de las construcciones que permanecen en pie se remontan al siglo XVIII, como se puede inferir de ciertas crónicas de la época refiriéndose a la existencia del caserío.

Rodeado de inmensas y pedregosas llanuras, sólo el transitar de algunas cabras pone notas de vida en el conjunto de un paisaje que, si sólo observamos su horizonte montañoso, no difiere mucho de esa sensación de que podríamos estar en Marte. En la actualidad el poblado se encuentra totalmente abandonado, muchas de sus viviendas se encuentran sin techo y los alrededores sin actividad alguna.

Algunas citas históricas sobre el pago.

 - Extraídas del  artículo: - La Florida: un proyecto de futuro gracias a nuestro pasado de la web bienmesabe.org -

Este conjunto patrimonial es un claro ejemplo de la arquitectura tradicional majorera y de la lucha de sus hombres y mujeres por la supervivencia, como bien expresa González Ortega:
(...) el hombre de la isla construyó siempre cerca de donde trabajaba; por eso los terrenos del interior, adonde conduce el pastor el ganado en busca de pastos, están salpicados de pequeñas y elementales construcciones hechas de piedras, sostenidas por el milagro de la paciencia
(...). Suelen ser, al menos la mayoría de las de los campos, casas de una sola planta levantadas en mitad de la soledad de las llanuras (...).
(...) [en] las formas de construcción del pasado llaman la atención dos tipos de casas, reflejo de las diferencias sociales: la casa grande, con balconada y escalera de piedra, que es propia de las casas de los burgueses rurales, la otra, la de las casas humildes, de una sola planta a la que cubre un techo de torta. Como costumbre nacida de la necesidad, en la eterna carencia del agua, el majorero construye techos planos que recogen lo que cae del cielo y aljibes para guardarlo donde mueren los caños (...). Junto a las paredes y el suelo del hogar sólo tierra, paja y piedras surge el corral para el ganado y los taros para guardar los quesos (...).
(...) el paisaje arquitectónico del pasado, con colores nacidos de la tierra, se resiste a desaparecer. Se alzan con orgullo entre las calles dormidas de los pueblos del interior o las llanuras inmensas del país (...).
Pero este antiguo núcleo, hoy en el olvido, desconocido aún para la mayoría de los majoreros y qué decir para los visitantes, aparece como un pago importante en el sur de la isla y visitado por ilustres viajeros. Tal es el caso de Verneau, que hace referencia a La Florida en los siguientes términos:
(...) Hasta las inmediaciones de Tuineje ocurre lo mismo, y en esta región se encuentran dos pequeños oasis: San Andrés y La Florida (...).
Una de las tablas pintadas de la iglesia de San Miguel 
de Tuineje  en las que se representa la batalla de Tamasite.

La Florida también fue lugar de importancia histórica, como punto de referencia en las Batallas de Tamasite y Llano Florido, cuando se produjeron los ataques de la piratería inglesa a la isla de Fuerteventura durante el siglo XVIII. El libro Ataques ingleses contra Fuerteventura hace las siguientes menciones sobre La Florida:
(...) un vecino del pago de La Florida, el primero con que tropezaron los ingleses en su marcha hacia el interior... (...) Matías Domínguez (...) niño todavía, llegó llorando hacia las cuatro y media de la madrugada a casa del presbítero don José Antonio y su hermano el alférez Manuel Cabrera, en La Florida, pago situado a kilómetro y medio en línea de recta y dirección noroeste de Casilla blanca (...) mientras un tercero reunía cuantos pudieran tomar las armas en el pago de La Florida, para dirigirse en pos de los ingleses, al mando del alférez (...). 
(...) el contingente de La Florida llegó a las afueras de Tuineje, donde el alférez Manuel Cabrera ordenó el alto y que allí mismo le esperasen (...). 
(...) el señor teniente coronel don Joseph Sánchez Umpierres, gobernador de las armas de esta isla, quien venía de su cortijo de los Arrabales, y así mismo con algunos vecinos del lugar de Tuineje y otros de La Florida (...).
La Florida, por otra parte, ha estado y sigue estando presente en la memoria viva de muchos de los que fueron sus habitantes, y que tanto ayer como hoy siguen recordando la niñez o la juventud vivida y ya perdida, entre aquellas paredes, entre aquellas llanuras de la Fuerteventura de no hace tanto tiempo... Juan Betancor, importante poeta popular y decimista del pueblo de Tuineje, recordaba:
(...) Sí, señor, esa es mi vida: nací en 1900 en donde le dicen La Floría, un pago de Tuineje con pocas casitas entonces Cuando se casó con mi madre, lo convidaron al cortijo de La Floría y allí nacimos 
(...). Nos criamos en esa Floría y nada más que sembrar y arar cosas de la labranza de las camellas y los camellos 
(...). Jugábamos al chiviví, a la rayuela y el bayoyo y a Tuineje veníamos pa las fiestas de San Miguel. 
 (...). El viejo estaba de mayordomo en la finca de uno de Santa Cruz, D. Víctor Pérez, y tenía a su cargo 20 ó 30 medianeros. Allí escapamos bien, porque mi padre tenía una décima parte de todo lo que recogíamos (...). Esta es la tierra más buena que hay en el mundo. En Fuerteventura, aunque uno tenga hambre, si no tiene pan se pide, no se roba: pero siempre los de fuera han venido a robarnos lo poco que nos quedaba (...). 
(...). Cuando andábamos con mi padre en La Florida mira que veía pasar carretas y bestias cargadas con grado pa Tenerife y Canaria (...). De aquello no queda nada. Cuando estaba en esos campos me venía la mala idea de que no lloviera, pa el fruto de la tierra se los llevaran otros (...).
(Más información gráfica en esta entrada de su blog Canarias Ignota donde fue inicialmente publicado este artículo)


Fuentes bibliográficas

BETANCOR Y RODRÍGUEZ, A. Ataques ingleses contra Fuerteventura, 1740. Cabildo Insular de Fuerteventura, 1992.
GONZÁLEZ ORTEGA, Manuel. Vida y décimas de Juan Betancor. Gobierno de Canarias.
VERNEAU, R. Cinco años de estancia en la Islas Canarias. Graficolor, 1981.
'La Florida': un proyecto de futuro gracias a nuestro pasado ... En bienmesabe.org


(*) Tomás Perera Medina, nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1973, es Licenciado en Geografía por la Universidad de La Laguna en 1999. Coordinador, consultor, investigador y técnico de proyectos relacionados con el planeamiento territorial, medio ambiente, uso público, catastro y patrimonio histórico. Experto en Sistemas de Información Geográfica. Con experiencia específica en materia de patrimonio histórico, coordinando y eleaborando catálogos arquitectónicos y cartas etnográficas vinculadas al planeamiento en diversas islas del archipiélago. Escribe sobre estos temas en su blog Canarias Ignota.

lunes, 27 de febrero de 2017

El lagunero que pudo reinar

por Melchor Padilla



En la plaza del Adelantado de La Laguna, en la esquina de la calle Nava y Grimón, o del Agua como prefieren llamarla los laguneros de siempre, y frente al palacio de Nava,  hay una antigua casa canaria que está ocupada en la actualidad por una de las salas de exposiciones de la Fundación CajaCanarias y que con anterioridad fue uno de los bares con más solera de la ciudad, el Bar Palmero. Pues bien, esa casa guarda tras sus muros algunas historias que pocos conocen. Vamos a contarlas.

Dice Alejandro Cioranescu en su Guía de La Laguna que “la casa número tres, de dos pisos, del siglo XVIII se considera edificada sobre el solar de Andrés Xuárez Gallinato (¿-1525), conquistador de la isla y sobrino del Adelantado. 

A mediados de 1479, llegó a las islas, comisionado para apaciguar las desavenencias surgidas entre los conquistadores de Gran Canaria, Pedro Fernández del Algaba o Pedro de Algaba, caballero sevillano que había recibido título y atribuciones de gobernador de la naciente población. Le acompañaban su mujer, Doña Leonor Xuárez Gallinato, sus hijos y el capitán Alonso Fernández de Lugo, cuñado de Doña Leonor. Un hijo de Algaba y doña Leonor, Andrés Xuárez Gallinato, acompañó al Adelantado en la conquista de La Palma primero y en la de Tenerife después, beneficiándose de los repartos de tierras tras la conquista de esta última. Tenemos constancia por las Datas de la isla de Tenerife que Gallinato reclamó en 1507 el solar que hoy ocupa la casa: "Conosco yo A. S. G. q. levé de aquí por mandado del Sr. Adelantado una carta albalá original de un solar q. me fue dado en La Laguna y porque es verdad lo firmé de mi nombre. A. S. G."

La plaza del Adelantado en el siglo XVI.
La casa fue después propiedad del Licenciado don Juan Suárez Gallinato (¿-1578), regidor de la isla, fundador de un mayorazgo que gozaron más tarde junto con la casa los marqueses de Quinta Roja; se hizo célebre gracias a la leyenda de que el diablo se había llevado su cuerpo, mientras lo llevaban a enterrar a San Francisco.

En un manuscrito que dejó sin terminar Fernando de la Guerra y de Hoyo, marqués de San Andrés, Regidor Perpetuo de la isla de Tenerife en el s. XVIII, titulado "Idea del estado de la nobleza en la ciudad de La Laguna" que dió a conocer el historiador Leopoldo de la Rosa Olivera, publicándolo con el título "La calle del Agua", se cuenta esta curiosa historia:

"Enfrente de la casa de Nava está el sitio de los de Gallinato, el célebre Gallinato que hizo el vínculo que goza el Marqués de la Quinta, y que murió en la casa junto a San Francisco, que tenía un pequeño valcon de madera, que por sacarlo por el para llevarlo a enterrar, por haber sido Abogado, Corregidor en España y Regidor en esta Isla y, por fin, hombre que instituyó Mayorazgo, con la casualidad de haberse embayetado desde su casa hasta San Francisco, que está muy cerca, dijeron vulgarmente que se lo había llevado el Diablo, cuya voz ridícula duró mucho tiempo, porque en una capilla que llamaban de Gallinato (...) en el techo había una perilla antigua de madera, que figuraba una botija, y decían que, por milagro del Diablo, no se podía tapar el agujero que había hecho el mismo Diablo quando sacó el cuerpo de Gallinato, con lo que todos los muchachos que se criaron viendo y oyendo ésto lo creían, siendo un gentil disparate creer que el Diablo llevase a Gallinato por el techo, como si lo llevase al Cielo."


Según Viera y Clavijo 'la ridícula fábula de la exhumación de su cadáver por manos de Diablos, y de su rapto por el techo de una de las capillas colaterales de la iglesia de San Francisco de la ciudad de La Laguna, es un famoso cuento de viejas y una patraña forxada para embaucar y dormir niños' Cree este autor que esta historia se originó en el hecho de haber tenido que descolgar el cadáver por una de las ventanas de la casa mortuoria cuando se le sacaba para darle sepultura pues el ataúd  no podía dar vuelta en las escaleras.

Pero más extraordinaria aún es la historia de otro de los miembros de esta familia, el Sargento Mayor Juan Xuárez Gallinato que desde su llegada a Manila en 1580 hasta su muerte en 1615 prestó grandes servicios a la Corona. Así nos la cuenta José de Viera y Clavijo: 


"Landara Rey de Camboya en las Indias Orientales havia embiado al Gobernador de las Filipinas una Embaxada con ricos presentes, y ofreciendo hacerse Christiano y vasallo de España , como le socorriese contra el Rey de Siam, que iba a atacarle con un Exercito poderoso. El Gobernador Luis de Mariñas aprestó tres Embarcaciones con 120 Españoles y algunos Indios Filipinos, baxo el mando dé Juan Xuarez Gallinato. Mientras Gallinato aportaba á Malaca acosado de una tormenta , los otros Bageles llegaron a Camboya , a tiempo que el Rey de Siam havia ya deshecho a Landara , y colocado sobre el trono á Pra Near. Esta revolucion no quitó que los Españoles se acercasen á la Corte, pegasen fuego al almacen de la pólvora , embistiesen una noche el Palacio , y á favor de la confusion entrasen hasta el quarto del Rey, y le cosiesen a puñaladas, después de haver hecho pedazos sus guardias. A este ruido corrieron a las armas mas de 450 Indios, quienes con sus Elefantes atacarón a los españoles. Pelearon toda aquella noche; pero todo estaba perdido á no haver desembarcado Gallinato al amanecer con los suyos. Al punto dió ordenes muy apretadas para que obrando con retenida y moderacion, tratasen de aplacar y ganar á los Naturales. Encantados los principales de Camboya con la discrecion , sabia disciplina y demás prendas que veían en Gallinato, fueron a estar con él , y le ofrecieron la Corona. En esto se fundó (...) la voz que corrió por acá , de que Gallinato era Rey de Camboya..."

Pero ¿cuánto hay de verdad en esta historia? El historiador Florentino Rodao en su obra Españoles en Siam (1540-1939) nos hace un relato documentado de este episodio en el que nuestro lagunero tuvo un papel destacado. En 1596, y dentro del proceso de expansión española por el sudeste asiático, parte desde Manila la primera expedición hispana que manda Gallinato y de la que formaban parte también el castellano Blas Ruiz y el portugués Diego Veloso. 


El barco que dirigía Gallinato no pudo llegar a la capital de Camboya sí haciéndolo los dos juncos que comandaban Ruíz y Veloso. Estos se encontraron con que el rey que había llamado a los españoles se había exiliado -en realidad estaba ya muerto- y pronto comenzaron los roces con la colonia china allí afincada, que veía peligrar su hegemonía en la zona por la presencia hispana. En los enfrentamientos que siguieron los españoles expulsaron a los chinos, lo que alarmó al nuevo rey Ram Mahapabitr, creándose una situación en la que a los hombres de Ruiz y Veloso sólo les quedó elegir entre retirarse o atacar. Se optó por esto último y, tras haber herido de muerte al rey, se vieron rodeados, teniendo que huir hasta Phnom-Pehn. Mientras tanto, arribó Gallinato, quien tras enterarse de estos sucesos decidió retirarse hacia Conchinchina. 

Así acabó la primera expedición española a Camboya debido, como afirma Rodao, tanto “a la escasa disposición de los camboyanos a colaborar como por la decisión de Gallinato de retirada". Es en ese momento cuando, para convencerlo de continuar en el país, los españoles y un grupo de camboyanos le ofrecen el trono del reino que él rehusó. De aquí surge la leyenda que hemos contado y que tuvo amplio reflejo en la literatura española de la época, desde Góngora a Cervantes pasando por Claramonte: la de un lagunero que pudo ser rey de Camboya.

NOTAMi profundo agradecimiento a mi amiga María Luz Rodríguez Palmero, quien tanto sabe de esta casa y que me proporcionó la fotografía de la época en la que fue cafetería, así como la del cuadro que de la casa hiciera otra amiga, Loles Macau.

martes, 31 de enero de 2017

Las primeras banderas sobre Canarias: El testimonio de la crónica Le Canarien.

por José Manuel Erbez (*)



Las Islas Canarias eran conocidas ya en la época clásica (Horacio y Plinio, entre otros, hablan de ellas), pero es a partir del siglo XIV cuando comienza su conquista por los europeos. Se sabe que, desde 1291, comenzaron a llegar al archipiélago diversas expediciones genovesas y, más tarde, de catalanes y mallorquines, y quizá sea este el motivo de que la isla de Fuerteventura aparezca en algunos portulanos (como el de Abraham Cresques, de 1375) pintada de blanco con una gran cruz roja, un emblema común a genoveses y catalanes.

Pero la primera vez que tenemos constancia documental de algún tipo de bandera relacionada con Canarias es en la crónica que relata la expedición que llevaron a cabo en el siglo XV, los normandos Jéan de Bethencourt y Gadifer de la Salle.

Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle 
en la miniatura original del manuscrito 
Egerton 2.709 de The British Library
Tanto Jéan de Bethencourt como Gadifer de la Salle fueron importantes personajes en la corte francesa. El primero fue mayordomo del Duque de Anjou, hermano del rey Carlos V, y luego camarero de Luis de Valois, futuro duque de Orleáns. En cuanto a Gadifer, llegó a ser chambelán del rey Carlos VI y senescal de Bigorre. Sin embargo, ambos renunciaron a sus cargos para emprender una expedición que, esperaban, les convertiría en señores de un gran territorio más allá del mar.

La expedición salió de La Rochelle en 1402 con dos navíos y 280 hombres, pero hubo muchas deserciones y al llegar a Lanzarote sólo quedaban 63. Después de asegurada la fácil posesión de Lanzarote por el temor de los nativos al armamento europeo, Gadifer abordó la conquista de Fuerteventura, mientras Bethencourt viajaba a Sevilla, para regularizar la situación de su señorío.

Hizo pleito homenaje por Lanzarote y obtuvo todo cuanto pretendía para la prosecución de la conquista, pero no pensó lo más mínimo en los intereses de Gadifer, quien se creía, con razón o sin ella, tan dueño de Canarias como su asociado. Hubo graves desavenencias entre los conquistadores, y al considerase estafado por su socio, Gadifer parece haber pensado en conquistar por cuenta propia Fuerteventura, o acaso alguna otra isla; pero no encontró apoyo y tuvo que abandonar (1408). Por su parte, Bethencourt pudo añadir a las dos islas orientales la conquista de El Hierro. Probablemente hizo un viaje a Normandía, llevando productos de Canarias y regresando con más colonos.

Finalmente, en 1412 renovó en Sevilla su pleito homenaje para las tres islas conquistadas y regresó a Normandía, tras haber confiado la administración de las islas a su deudo Maciot de Bethencourt. En los años siguientes mantuvo el contacto con Canarias, a pesar de la guerra francoinglesa, y probablemente recibió algún transporte más de los productos de su señorío. Sin embargo, la guerra acabó por obligarle a renunciar a su señorío sobre Canarias a favor del conde de Niebla, ya que al alinearse Castilla con Inglaterra, Bethencourt no podía mantener su vasallaje con el rey castellano sin caer en traición a la Corona francesa.

Copia de 1896 del manuscrito Egerton 2.709
Le Canarien es el nombre con que se conoce a la crónica de la conquista de Canarias por Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle. De entrada, se declara en ella que ha sido escrita, a medida que se producían los acontecimientos, por dos clérigos y capellanes, Pierre Bontier o Boutier y Jean Le Verrier. Esta intención no coincide con el texto que conocemos y que se presenta en dos versiones contradictorias. La más antigua, llamada de Gadifer de la Salle, ha llegado hasta nosotros contenida en el códice Egerton 2.709 del British Museum y está sin terminar: contiene 70 capítulos o más bien párrafos, y narra lo acontecido hasta otoño de 1404. Los dos capellanes, según declara el prólogo, escribieron sólo hasta el 19 de abril de 1404; el continuador fue el mismo Gadifer, quien además reformó y retocó todo lo escrito con anterioridad. El manuscrito así retocado es de 1410-1420. Representa el punto de vista de Gadifer, que se considera engañado por su socio, Jean de Béthencourt y denuncia a cada paso su proceder incorrecto.

La segunda versión, llamada de Jean V de Béthencourt, está contenida en el códice Montruffet de la Biblioteca Municipal de Rouen, y se funda en la crónica de Gadifer, en su primera forma; es más completa (tiene 88 capítulos) y conduce la narración hasta la muerte del conquistador. Fue escrita, copiada y compilada a la vez, hacia 1490, por el sobrino y homónimo del conquistador; representa el punto de vista de éste, ensalzando sus méritos y, al mismo tiempo, tomando constantemente su defensa contra las criticas de Gadifer. La compilación es torpe, porque quien escribe ignora la realidad canaria, y copia su fuente para desvirtuarla.

El problema de la autoridad y credibilidad de cada versión es arduo, no sólo por la falta de sinceridad de ambos autores, sino también por la dificultad de cambiar el curso de la historia, que hasta hace poco ha otorgado una confianza total a quien más mentía.


En el códice Egerton 2.709 aparece una lámina miniada casi a página entera que representa la nave en la que la expedición llegó a las islas, y en la que ondean dos gallardetes con los besantes del escudo heráldico de Gadifer de La Salle, propietario del barco. También la corneta que toca un personaje en la proa está adornada con un paño que luce el mismo motivo.

Asimismo, tres estandartes flotan convencionalmente rígidos en la popa, de los cuales uno muestra las armas completas de La Salle (primero y cuarto, de sable, tres cruces de oro; segundo y tercero, de plata, tres besantes de azur), mientras que los otros dos no han sido identificados.


Uno de ellos también parece tener un carácter heráldico (primero y cuarto, de plata; segundo y tercero, de gules una cruz de oro), aunque se ha sugerido que los cuarteles que aparecen blancos podrían haber sido raspados para borrar su contenido. En cuanto al tercero, muestra una imagen de la Virgen con Niño, sobre fondo azul y flanqueada por seis flores de lis, lo que podría hacer referencia a la casa real de Francia, dada la vinculación de los conquistadores con la misma.

Tampoco han sido identificados los escudos que sostienen dos guerreros ni los que adornan el castillo de popa. Dado que la lámina original se ha conservado en pobre estado, cuando se realizó la publicación del manuscrito en 1896 se encargó una copia en grabado, que es la que aquí se muestra junto con la reconstrucción en color de uno de los gallardetes y de los tres estandartes.


El códice Montruffet es mucho más profuso en ilustraciones, aunque de una calidad inferior a la lámina del Ms. Egerton 2.709. En dichas ilustraciones aparece representado varias veces el estandarte heráldico de Jean de Béthencourt (de plata, un león de sable, linguado y lampasado de gules), así como otro estandarte con una cruz cuyos colores se ignoran, al ser las ilustraciones en blanco y negro En algunas ilustraciones, al parecer por simple desidia del ilustrador, los estandartes aparecen en blanco.


Por supuesto, no podemos saber con seguridad si alguno de estos estandartes y gallardetes llegaron a ondear realmente alguna vez sobre suelo canario, pero no parece descabellado pensar que así fuera, por lo que podemos considerarlos sin ser demasiado aventurados como las primeras banderas sobre Canarias.

(*) José Manuel Erbez, nacido en 1963 en Alcalá de Guadaíra (Sevilla), reside en La Laguna desde 1987. Es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Sevilla y funcionario de la Escala de Ayudantes de Bibliotecas, Archivos y Museos de la Universidad de La Laguna, donde ocupa el puesto de Jefe de la Sección de Ciencias y Técnicas. Es secretario de la Sociedad Española de Vexilología (SEV), asociación dedicada al estudio de las banderas y símbolos afines. Mantiene la web "Símbolos de Canarias" y es autor, entre otros, del libro "Banderas y escudos de Canarias", editado en 2007 por la SEV.

lunes, 26 de diciembre de 2016

A propósito de unas piedras

por Guillermo Santana González (*)

A Melchor Padilla y Guillermo Alemán Bastarrica por ilusionarme en el conocimiento y rescate de nuestro patrimonio.


Hace unas semanas, tuve la oportunidad de adentrarme en uno de los subterráneos que, con certeza, horadan la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. No se trataba, por tanto, de visitar alguno de esos túneles que la rumorología de los laguneros sitúa con apasionado interés bajo las antiguas casas y conventos de esta ciudad cinco veces centenaria, sino de un reconocimiento técnico del encauzamiento del barranco de Chamarta, que a día de hoy discurre bajo calles tan conocidas como Seis de Diciembre, El Juego, Alfredo Torres Edward o Barcelona, y que mucha gente recuerda cruzar hace ya más de treinta años a la altura del barrio de San Juan.

El reconocimiento transcurrió desde la calle Molinos de Agua hacia aguas arriba del barranco, saliendo a la superficie en la calle San Antonio, y consistió en un inspección visual y en la grabación de soporte videográfico para el posterior análisis de posibles deficiencias en la estructura hidráulica.

Trazado actual del barranco de Chamarta. Resaltado en amarillo el tramo inspeccionado.

Sin embargo, ni en el recorrido que realicé junto a varios compañeros, ni en la primera ocasión que tuve de visualizar el vídeo, pude apreciar algo que, una vez llegué a casa y visualicé nuevamente el vídeo, comprobé que me había pasado desapercibido y que consistía en que las paredes laterales del tramo comprendido entre la actual estación de servicio, ubicada donde antiguamente estuvo el Tanque Abajo, y la calle Barcelona eran de mampostería, a diferencia del resto del encauzamiento que, según pude comprobar, es de hormigón. Este hecho me llamó la atención y me llevó a la suposición de que este tramo era más antiguo.  (ver imagen de cabecera)

Detalle del encauzamiento bajo la actual plaza San Cristóbal (La Milagrosa)
Pero ahí no quedó la curiosidad. Justo bajo la intersección del barranco con la calle Santo Domingo, y a lo largo de un tramo de unos seis metros, las piedras de mampostería eran aun más antiguas. Y es ahí cuando realmente comencé a hacerme preguntas, en realidad a hacérselas a esas piedras que han dejado su huella en el subsuelo de esta ciudad, para ver qué me contaban. ¿Por qué este último tramo en concreto tiene un material diferente al resto? ¿Es ese material más antiguo? ¿Puede ser parte de los restos de algún puente que cruzara el barranco? Y el resto del tramo hasta la calle Barcelona, ¿por qué tampoco es de hormigón? ¿Fue construido en otro momento? Comenzó entonces un proceso de investigación que finaliza con la redacción de este modesto artículo.

Vayamos inicialmente a la ortofoto más antigua que tenemos disponible.

Ortofoto de 1961. Fuente: Fototeca de GRAFCAN.

Como podemos ver, ya en el año 1961 el barranco estaba encauzado entre el límite de la calle Santo Domingo hasta la actual calle Barcelona, coincidiendo con el tramo de mampostería al que hacemos mención, por lo que podríamos suponer que los materiales datan al menos de esa fecha.

Gracias a la siguiente fotografía facilitada por Gerardo Guerra y datada en 1959, podemos observar las obras de encauzamiento de al menos el tramo comprendido entre la calle Barcelona y la calle Herradores ya que en la imagen se visualiza el forjado del encauzamiento y el movimiento de tierras de la zona. Muy probablemente estas obras no se hayan reducido a ese tramo en concreto,  sino al resto del encauzamiento hasta la calle Santo Domingo.

Obras de encauzamiento en la calle Barcelona. 1959.

Sigamos aún más atrás en el tiempo, hasta el año 1899 para visualizar el mapa realizado por Juan Villalta.

Detalle del plano de 1899 levantado por Juan Villalta
La primera y obvia conclusión que sacamos es que antes del inicio del siglo XX el barranco de Chamarta discurría libre por la vertiente sur de la ciudad. La otra, no menos obvia, es la existencia de dos puentes que cruzaban el cauce: uno de ellos hacia la calle Santo Domingo y otro hacia la calle Herradores.

Estas evidencias las podemos observar en la fotografía de la instalación de la línea aérea del tranvía, que, además de ser un impresionante documento social de la época, nos muestra, tal y como eran, los accesos a la ciudad desde el camino de Santa Cruz por aquel entonces.
     
Instalando la línea aérea de La Laguna 1899-1900. Fuente: Fotos Antiguas de Tenerife,  Grupo de Facebook.

Esto corrobora una de las primeras preguntas que nos hacíamos al principio de este artículo: sí había un puente que cruzaba el barranco para acceder desde la plaza San Cristóbal hacia la calle Santo Domingo, pero añade una nueva incertidumbre al evidenciarnos la existencia de otro puente que, también desde la plaza San Cristóbal, daba acceso a la calle Herradores. Pero  ¿entonces por qué no pudimos diferenciar en nuestra inspección las huellas del otro puente en el cruce de la calle Herradores del resto de material en ese tramo? ¿Se construyeron en diferentes periodos? Veamos qué nos cuenta la siguiente fotografía en la cual se puede ver el tranvía a su paso por La Laguna cruzando un puente de metal.

El tranvía de Tenerife pasando por el puente de metal hacia la calle Herradores.
Fuente: Fotos Antiguas de Tenerife, 
Grupo de Facebook.
Según hemos podido saber, esta fotografía está sacada desde el mismo cauce del barranco de Chamarta mirando hacia el oeste, y como bien sabemos, el tranvía venía desde la plaza San Cristóbal, -actual plaza de La Milagrosa- y subía por la calle Herradores, por lo que ese puente de metal tiene que corresponder necesariamente al puente de la calle Herradores.

Según Carmen Gloria Calero Martín en su libro “La Laguna (1800-1936): desarrollo urbano y organización del espacio” este puente de hierro, que se instaló en 1895, tres años después de la instalación del famoso puente de hierro del Cabo, en Santa Cruz de Tenerife, y se trajo pieza por pieza desde el puerto de Londres, estuvo en pie hasta al menos 1959 (ver cuadrante superior derecho de la Ilustración 4). Si además sabemos con certeza que las obras del tranvía se iniciaron en 1899, sólo nos queda averiguar si con fecha anterior a 1895 hay constancia de algún puente que diera acceso a la ciudad por la calle Herradores.

Y para ello nos basta  con retroceder otros cuatro años en el tiempo, concretamente al año 1891, para  comprobar en el plano de  Marcial M. Velazquez y Curbelo que en esa época el acceso a La Laguna desde el camino de Santa Cruz se realizaba únicamente por el puente de la calle Santo Domingo.

Por tanto, podemos concluir que el puente de la calle Santo Domingo, también denominado Puente de San Cristóbal o Puente del Tanque, fue el primer puente que dió acceso a La Laguna desde la Carretera de Santa Cruz, y el único hasta 1895, lo que también queda corroborado con los planos anteriores de 1874 y 1779.

A la izquierda el plano de 1891 levantado por Marcial M. Velázquez y Curbelo. A la derecha el plano de 1874 levantado por la Brigada Topográfica.

Sobre este puente desconocemos su fecha de construcción inicial. Muy probablemente haya estado ahí desde la fundación de la ciudad debido a que, aunque el barranco de Chamarta no era de gran profundidad, tuvo que suponer desde un principo una barrera para el tránsito de mercancías y personas. Seguramente durante tres siglos fue cambiando en función de las necesidades o incluso de los métodos constructivos de cada época. No obstante, ya en el siglo XIX sabemos lo siguiente:
En el extremo sur, en la zona donde el barranquillo hacía una inflexión para reunirse con el de Las Carnicerías, la Plaza de San Cristóbal, se construyó un puente de piedra. […]
En 1835 se vuelve a remodelar este puente que se encontraba en estado casi ruinoso. El Ayuntamiento inicia el expendiente obligando al vecindario a prestaciones dinerarias o personales y estableciendo un sistema de contribución por turnos y disponibilidades. Así los vecinos que posean camellos para la carga y arrastre o carros deben <<prestar>> un día para el transporte de las piedras; y el resto de los vecinos deben aportar peones o dinero, al margen de los 200 reales que aporta el Consistorio (Calero Martín, 2001).

A la izquierda fotografía del puente de San Juan. A la derecha el plano de 1779 levantado por M. le Chevalier con los puentes identificados con círculos negros.

Aunque no disponemos de fotografías del puente de San Cristóbal, sí disponemos de las de otro que por esa época también cruzaba el barranco de Chamarta pero por la vertiente oeste de la ciudad, el puente de San Juan, que aparece igualmente en el plano de M. le Chevalier de 1779.
 
Aunque en el expediente de 1835 del puente de San Cristóbal se habla de puente de piedra, no se especifica si era en su totalidad o tan solo los muros, por tanto desconocemos si se pareció a este de San Juan. Lo que sí es un hecho es que sus muros eran de piedra y que continúan bajo nuestros pies para contarle su historia a quien quiera escucharla.

NOTA: Quiero expresar mi agradecimiento a Gerardo Guerra y Agustín Miranda por facilitar las fotografías de las obras de encauzamiento en la calle Barcelona y puente de San Juan respectivamente. Asimismo quiero agradecer a la Doctora Carmen Gloria Calero Martín de la Universidad de La Laguna su inestimable ayuda.


(*) Guillermo Santana González. (Santa Cruz de Tenerife, 1985) es Ingeniero Técnico en Obras Públicas y trabaja actualmente en la empresa Teidagua S.A.