jueves, 16 de agosto de 2012

Veranos en el castillo

por Melchor Padilla


Si continuamos el paseo que parte desde el túnel de Mesa del Mar y recorre toda la longitud de Playa de la Arena, llegará un momento en que no podamos seguir. Entonces, si miramos hacia los sobrecogedores riscos sobre nuestras cabezas, veremos una pequeña casa con una torre coronada por almenas. No es un castillo ni tiene nada que ver con la defensa del litoral. Fue una finca de recreo, el capricho de un rico terrateniente tacorontero y padre de uno de los grandes pintores canarios. Se lo conoce como el Castillete de Guayonje o, simplemente, el Castillo de Óscar Domínguez.

Poco sabemos de la construcción del pequeño edificio de veraneo. Antonio Domínguez de Mesa, el padre de Óscar Domínguez, ordenó que se fabricara en sus tierras de la desembocadura del barranco de Guayonje, donde tenía una finca de plataneras. Al parecer fue edificado por Avelino y Antonio Alonso, dos hermanos tacoronteros maestros de obra. Para comunicar la finca platanera y la casa con la parte alta del acantilado, instaló un teleférico que permitía transportar los plátanos y abastecía a la casa. 

En la temporada estival el pequeño castillo se animaba con fiestas a las que su propietario invitaba a sus amigos más íntimos y, en ocasiones, a alguna cupletista. Antonio Domínguez era un propietario rural de cierta importancia en la zona pues poseía tierras en Tacoronte y Tegueste. Fernando Castro en su libro Óscar Domínguez y el surrealismo lo describe como “un hombre elegante, culto, solitario, de elegante conversación y algo mujeriego” además de coleccionista empedernido y aficionado a viajar.

Su hijo Óscar nació en 1906 en el número 60 de la calle de Herradores de La Laguna. Su madre María Palazón Riquelme, murió de fiebres puerperales dos años después del nacimiento de su hijo. Éste tenía dos hermanas mayores: Julia y Antonia. Vivió hasta la edad de ocho años en La Laguna , pasando los veranos en Tacoronte, en la casa del Calvario frente a la Alhóndiga. Un hecho relevante de estos años de niñez fue que padeció hasta los cinco años la enfermedad denominada Corea infantil de Sydenham, más popularmente conocida como mal de San Vito. Sus hermanas se volcaron en su cuidado.



De sus veranos en el castillo de Guayonje en esta etapa, nos quedan unas viejas fotografías en las que aparece en la playa y en una de las dependencias de la casa con sus hermanas y otros amigos. Más adelante pintando al aire libre ante los bancales de plataneras del lugar. De 1926 conocemos su primer autorretrato con sombrero y pipa.


En 1927, marcha a París durante diez meses. Regresa al año siguiente para hacer el servicio militar y en 1929 está de nuevo en la capital francesa. Al año siguiente vuelve a Tenerife a causa del fallecimiento de su padre que los deja en una delicada situación económica. A partir de este momento su vida continuará en Francia con esporádicos viajes a Tenerife. En 1933 viene a la isla con su amante Roma, una pianista polaca judía que posteriormente fue fusilada por los nazis. En 1935 participa en la Exposición Surrealista de Tenerife. Óscar estuvo por última vez en la isla de Tenerife en 1936 para marchar precipitadamente a Francia en los primeros días de la Guerra Civil. Se suicidó en París la noche de fin de año de 1957.

El castillo ha ido deteriorándose poco a poco, como ocurre con tantos edificios singulares de nuestra isla. 
Desde el año 2006 pertenece al Ayuntamiento de Tacoronte, que tiene previsto redactar un proyecto de rehabilitación de sus dependencias, que se destinarán a fines culturales. No obstante, en estos últimos años nuestro castillete se ha visto inmerso en el polémico macroproyecto de puerto deportivo de Parque Marítimo Guayonje, que concitó en su contra una gran movilización ciudadana que consiguió frenarlo. En este proyecto la restauración del castillo aparecía de vez en cuando como una especie de engodo para convencer a la gente de las bondades de lo que, sin duda, habría sido una barbaridad si se hubiera llevado a cabo.

En la actualidad todavía está pendiente su declaración como Bien de Interés Cultural y el proceso de su deterioro sigue avanzando.


NOTA: Las fotografías del teleférico-montagargas y de la vista del castillo desde lo alto del acantilado han sido amablemente cedidas por Rafael Cedrés a quien quiero expresar mi agradecimiento.

POST SCRIPTUM: Pepe Damas nos remite tres excelentes fotografías del castillo que incorporo. Una, en blanco y negro, es muy poco conocida. Las otras son una clara muestra de que, además de buen amigo, es un magnífico fotógrafo. Gracias.







5 comentarios:

  1. Interesante documento. Que pena que dejen caer este castillete y en un entorno tan bonito.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Jovita, una verdadera pena. Me alegra de que te haya gustado. Gracias por tu comentario.

      Eliminar
  2. conocí a fines de los 90, esos riscos, esa finca de aguacates, ese castillo y esas playas de piedra y la de arena negra. Dejaron morir los preciosos grandes aguacateros en producción, y con agua propia de galeria... se ve que no tenia subvención CONSEJERIA ni ganas muchas los herederos pijos laguneros... y el castillo del Oscar, aun medio entero, hoy una medio ruina y ningun politiquejo se preocupó, ahora quieren gastarse un pastón en rehacerlo ya bien jodido, ASI SE REPARTEN PASTA... que pena de lugar cuando era un paraiso, hasta con cocotero, Y SE LES OCURRE AHORA UN MEGA PUERTO DEPORTIVO, si es que son la pera de Dios y del obispon palmero.

    Y son sociales , identitarios y nazionalistas....

    ResponderEliminar
  3. menos mal que existe gente interesada por lo cultural porqque sino las historias de todo lo material quedaarían en el olvido

    ResponderEliminar
  4. Me gusta mucho Tacoronte, mi padre era de allí

    ResponderEliminar