domingo, 8 de julio de 2012

Portugal

Este sábado estuvimos en Portugal. Portugal es una cuesta empedrada en cuyo borde se alinean las casas, algunas tan antiguas que el tiempo ha podido con ellas y muestran ya signos inequívocos de ruina. Bajamos en un silencio que sólo rompen los pájaros silvestres, las aves de corral y el balido de alguna cabra. Oímos también, mucho antes de verlo, un sacho golpeando la tierra de alguien que limpia rastrojos. Un vecino que baja la misma cuesta nos alcanza y cuando le decimos que vive en un sitio muy bonito nos contesta: "Lo fundaron los portugueses". Para llegar a este Portugal del que hablo no hace falta desplazarse en avión ni en barco, pues está muy cerca de nosotros: sólo hay que darse un salto hasta Taganana.


Los portugueses llegaron a Canarias para participar en las primeras etapas de la conquista, por lo que algunos recibieron tierras, aguas, ganados y hasta cargos públicos. Probablemente la primera viña de Tenerife fue plantada en 1497 por el portugués Fernando de Castro. Pero la primera entrada masiva de gente portuguesa fue con motivo del comienzo del ciclo económico del azúcar. Llegaron a ocupar los puestos de especialistas en las diferentes tareas de la elaboración de este producto para la exportación en los muchos ingenios de las islas.

Poco a poco, durante el siglo XVI y primera mitad del XVII, sobre todo en los años en que todos los reinos de la península Ibérica estuvieron bajo el poder de Felipe II, fueron llegando muchas familias portuguesas, algunas de judios expulsados, que se integraron en la vida del archipiélago de forma natural pero conservando muchas de las costumbres que traían de Madeira, Azores, el Algarve, el Alentejo y de otras regiones de las que provenían. José Pérez Vidal, Premio Canarias de 1984, en su libro Los portugueses en Canarias. Portuguesismos considera que la pervivencia de los elementos culturales lusos en nuestras islas se debe a que fueron trasmitiéndose de generación en generación formando una especie de tradición propia dentro de los núcleos de población de aquellos tiempos, que se fue pasando al resto de las sociedades insulares.

De esta forma han pervivido multitud de apellidos portugueses en nuestro archipiélago. Valgan como ejemplo los Abreu, Bacallado, Coello, Dorta, Marrero, Acosta, Machado, Rivero, Perera, Fariña, Yanes… sin olvidar que gran parte de nuestros Díaz, Fernández, Rodríguez, etc. fueron en su momento Dias, Fernandes, Rodrigues y se castellanizaron después. Y encontramos en nuestra música tradicional -las folías y las malagueñas- una cadencia majestuosa, casi de fado y ¿acaso no es música portuguesa el acento con que habla la gente de La Palma?

Todavía hoy seguimos utilizando en nuestro vocabulario cotidiano multitud de palabras de la lengua portuguesa. De este enorme acervo lingüistico me quedo con la que quizá sea la más hermosa palabra de estas islas y de la que tanto saben los que están fuera: la magua, que define esa tristeza añorante tan nuestra.

Por eso, cuando nos pregunten por nuestros antepasados podremos decir, como el vecino con el que hablamos en Taganana, que a nosotros, en parte, también “nos fundaron los portugueses”.

(Publicado en loquepasaentenerife.com el 14 de abril de 2008)

4 comentarios:

  1. Este es uno de mis favoritos entre tus artículos. No conocía la historia de este lugar tan cercano y me pareció muy interesante.

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    1. Nuestra isla está llena de sorpresas que tienen que ver con nuestro pasado y con las gentes que lo habitaron. Este blog tiene como objetivo darlas a conocer, a respetar y a querer.

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  2. Como siempre, profesor, nos enseña usted cosas muy importantes sobre nuestra isla. ¿Para cuando el libro?. Me lo imagino a usted llevando de la mano a ese nieto que se resiste a venir, explicándole todo su sapiencia. Un abrazo.

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    1. Gracias M.J. Me alegro de que te guste el blog. Lo del libro todavía no me lo he planteado en serio, ya veremos. En cuanto a lo del nieto, espero que no me coja muy decrépito. Un abrazo.

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