lunes, 30 de julio de 2012

La casa del agua

por Melchor Padilla


Se denomina arqueología industrial a una de las ramas más recientes de la arqueología, dedicada al estudio de los sitios, los métodos y la maquinaria utilizada por las distintas industrias. Como dice José Antonio Millán“más allá del canto a los materiales o los análisis arquitectónicos, estas huellas del pasado nos narran una historia que no nos llega por otras vías: la de las fuerzas anónimas del capital y del trabajo interactuando entre sí y cambiando la faz de la tierra”. En nuestra isla tenemos algunos, no muchos, ejemplos de patrimonio industrial. Vamos a hablar de uno de los más significativos del pasado de Tenerife.


Hay un sendero en el norte de la isla que parte desde la Romántica II, en el barrio de Toscal-Longuera de Los Realejos, y bordea la costa acantilada hasta la Rambla de Castro. Se llama el Sendero del Agua y en un momento del recorrido llegamos a divisar un gran edificio en ruinas y una gran escalera que serpentea hasta la cima del acantilado. En el mismo lugar en el que se encuentra el edificio existió uno de los nacientes más importantes de la isla de Tenerife. Sabino Berthelot lo describió así: "Retumba un fragor que se suma al bullir de las olas; son las cascadas de Gordejuela, que se precipitan, en una sucesión de saltos, desde lo alto de la ladera para derramarse en transparentes cortinas de agua al pie del acantilado".

El dibujante J.J. Williams, que acompañó al sabio francés, nos dejó un grabado con el que podemos hacernos una idea de lo que fue, antes de desaparecer, este naciente. Observamos un torrente que surge del risco y que se abre en una gran catarata. Por encima de ella, aprecíamos un antiguo molino harinero cuya maquinaria movía la fuerza del agua.


En 1898, la empresa Hamilton & Co. -que todavía tiene presencia en nuestras islas- constituyó la Sociedad de Aguas de la Gordejuela, que tenía como objetivo la explotación de los manantiales. En 1902, la perspectiva de un crecimiento de los precios llevó a la empresa a comprar todas las acciones de la sociedad. A partir de esa fecha se edificó una estación con bombas a vapor para elevar unas diez mil pipas diarias -cuatro mil ochocientos metros cúbicos- hasta un embalse situado a doscientos setenta metros de altura, a través de una tubería de hierro de dos kilómetros de longitud. Para la distribución posterior por el Valle de La Orotava se construyó un acueducto de doce kilómetros.

Como podemos observar en una fotografía tomada cuando aún funcionaba el elevador de agua, éste estaba formado por dos unidades: la primera, aparte de un almacén y la casa de los medianeros, poseía otra casa, con una chimenea de 50 metros de altura, en la que se ubicaba la máquina de vapor, la primera de la isla, que generaba la energía suficiente para que funcionaran las bombas. El otro edificio, el más representativo del conjunto, fue en su momento uno de los mayores de Tenerife. Parece brotar del mismo acantilado; tiene cinco niveles y aunque su estado de conservación es precario, pues ha perdido la cubierta, todavía sigue alzándose frente al mar. Llaman la atención del visitante las escaleras que comunican ambas partes. La obra, que fue proyectada y supervisada por el ingeniero militar José Galván Balaguer, fue calificada en su época de "obra de romanos".

El coste total de la instalación superó el millón de pesetas de entonces, lo que colocó en delicada situación financiera a la empresa promotora. Además, las expectativas económicas variaron por la coyuntura internacional, lo que afectó al comercio frutero. Con objeto de garantizar una remuneración a la inversión, optaron por arrendarla en 1910 a Elder & Fyffes, para luego vendérsela en 1919. Los avances tecnológicos de años siguientes obligaron a cambiar el método de elevación, lo que hizo innecesario el complejo tal como había sido planteado y fue abandonado paulatinamente. En la actualidad se sigue extrayendo el agua mediante motores eléctricos.


En el año 2000 el gobierno de Canarias, en el Plan Especial de Protección Paisajística Ramblas de Castro, en el término municipal de Los Realejos, incluía favorecer la rehabilitación de la antigua estación de bombeo de La Gordejuela, para uso público. Para ello estableció una serie de directrices generales que deberían servir de pautas para la actuación tanto de particulares como de la Administración. Se planteaba que fuera destinado a realizar actividades relacionadas con los fines de protección de este espacio natural, pero sin modificar las características del edificio antes de su rehabilitación. Por último, se debería contemplar la restauración paisajística de la desembocadura del barranco y las zonas aledañas al edificio.
Sin embargo, han pasado los años y no parece que ninguna instancia pública se vaya a hacer cargo de devolver a la isla uno de los elementos más significativos de su pasado industrial y agrícola.

Incluímos, por último, un vídeo que el cineasta canario Manuel Mora Morales dedicó a este lugar.






ACTUALIZACIÓN

Un buen amigo y descendiente de los propietarios, Carlos Pérez Hamilton, nos ha enviado un interesante material escrito y gráfico sobre la estación de bombeo. Me ha parecido interesante incluir alguna de las fotografías por su innegable valor documental.

Gracias, amigo.





El amigo Rafael Cedrés nos remite esta foto de la maquinaria que existió dentro de la Casa del Agua de La Gordejuela. 
(Imagen cedida por el Ayto de Los Realejos)

3 comentarios:

  1. Muy buen reportaje.

    Lo que no es tan conocido:

    - En 1930, el Señor Carlos R. J. Hamilton
    solicita la autorización para instalar un
    transportador aéreo de carbón en el Realejo
    Alto en la zona de la Gordejuela que le es
    concedida en 1931.

    La idea era instalar un mecanismo de transporte del carbón desde la carretera hasta las instalaciones de la casa del Agua.

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    1. Llegué al conocimiento del transportador que nombras precisamente a través de tu blog De todo un poco (http://www.cedres.info/) una vez que buscaba información sobre otro pequeño teleférico que nombro en un artículo que publicaré pronto.
      Gracias por el trabajo que haces poniendo al alcance de todos tanto conocimiento acumulado. De más de un apuro me has sacado.
      Es un honor tener lectores de tu categoría.

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  2. Una de las obras singulares en Tenerife para la obtención de agua apta para el riego fue la elevación de aguas de Gordejuela, en Los Realejos. Sus propietarios era la empresa comercial Hamilton establecida en Santa Cruz de Tenerife desde el siglo XIX.
    El objeto era utilizar las aguas que nacen en Gordejuela, que única¬mente se aprovechaban en dar fuerza motriz a un molino harinero, eleván¬dolas hasta la zona de cultivo del plátano en la zona baja de Los Realejos.
    El ingeniero autor del proyecto era don José Galván Balaguer, que dirigió todas las obras que comenzaron en 1903 empezando por la captación por medio de una acequia de todos los manantiales que nacían en un acantilado a la cota de 50 metros sobre el nivel del mar, con el fin de llevar las aguas a un edificio, que se construyó, de cuatro plantas, de las cuales en la superior estaban instaladas las máquinas, y las demás se destinaron a pabellones para el personal y almacenes.
    Las calderas hubo que colocarlas a 100 metros del edificio y 80 de des¬nivel; por la imposibilidad material de emplazarlas en algún sitio inmediato a las máquinas. Para que a causa de la distancia no hubiera problemas se instalaron recalentadores de vapor en varios sitios. Elevada el agua por una tubería de presión a la cota de 290 metros, se vertía en un depósito de distribución de 12.000 metros cúbicos, del cual arrancaba un acueducto de conducción del agua con una extensión de 12 kilómetros.
    El caudal de agua elevada, que circulaba por una tubería de 2500 metros, era de 5000 metros cúbicos en 24 horas. La zona de cultivo que se regaba por ese procedimiento alcanzaba una gran superficie y es preciso señalar lo costoso que fue la conducción de piezas tan pesadas como las de la maquinaria por terrenos tan pendientes. Las obras terminaron en junio de 1907."

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