lunes, 24 de septiembre de 2012

Los viejos molinos de viento

por Melchor Padilla




En 2010, el Cabildo Insular de Tenerife cocluyó las tareas de la  restauración del viejo molino de viento situado en Barranco Grande, del que sólo quedaban unos restos calcinados. Esta rehabilitación ha resultado muy polémica, pues los vecinos han mostrado su descontento a que no se reconstruyera en su totalidad. Era uno de los típicos molinos canarios de mampostería con forma de cono truncado, con una cubierta cónica que podía girar mediante un timón para orientar las aspas según soplara el viento. 



Para hacernos una idea de cómo fue en su época de esplendor tenemos que fijarnos en otro molino cercano situado en Cuevas Blancas, que ha sobrevivido en mejores condiciones gracias al cuidado de sus propietarios: no obstante, aunque fue restaurado en 1974, fue posteriormente abandonado, por lo que ha perdido parte de las aspas. En la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) se describe su interior como un cilindro de 4 metros de diámetro y de una altura aproximada de 10 metros dividido en tres plantas con puertas de acceso en planta baja y primera planta. 

La planta baja o cabuco;estaba a nivel del terreno, servía de almacén y a veces de dormitorio del molinero. La subida a la primera planta se realizaba por una escalera exterior de doble acceso que se adaptaba a la forma troncocónica. Su anchura solía ser de un metro aproximadamente. En esta primera planta había un banco en el que los clientes esperaban la salida del gofio, que ellos mismos recogían en la boca de la tolva o cambal. En la tercera planta, comunicada por una escalera de madera interior, se encontraba la maquinaria del molino, en la que trabajaba el molinero.

El tercero de los molinos se encuentra en Llano del Moro y todavía conserva parte del enfoscado que revestía tanto el interior como el exterior del edificio, aunque ha perdido la techumbre y es utilizado en la actualidad como trastero o basurero. En la fachada se abren una puerta de acceso en el piso inferior y una ventana alta en el segundo piso, ambas con dintel y jambas en madera.

La preocupación por el estado de los molinos no es nueva. Ya en 1964, el profesor Serra Rafols de la Universidad de La Laguna fijó su vista sobre las ya por entonces ruinosas construcciones y afirmó que "si aquí hubiese una sombra de organización turística (…) esos pobres molinos de viento que aún se mantienen en pie serían cuidadosamente reparados, sus aspas dotadas de las telas que un tiempo hicieron de ellos blancas y gigantescas flores, y así, repuestos sus mecanismos, un encargado los haría girar al viento del futuro". Nuestros molinos forman parte del grupo que el etnólogo Caro Baroja describió como molino mediterráneo, por encontrarse ampliamente difundido por todo ese espacio geográfico. 

Según el investigador alemán Fritz Krüger, los molinos canarios, junto con los del sur de Francia, pertenecerían en su mayoría al segundo de los tres tipos de molinos de viento mediterráneos, caracterizado por tener cuatro aspas rectangulares compuestas cada una por una vara central, dos laterales paralelas a aquélla, ocho o más travesaños y velas rectangulares. 

Ligados desde la conquista a la cultura del cereal, permitieron durante siglos, junto a los molinos de agua, la molienda del cereal para la obtención de harinas y, sobre todo, de gofio. Formaron parte de nuestro paisaje y todavía en nuestros días perduran topónimos que nos recuerdan su existencia. En muchos pueblos de la isla y del resto del archipiélago no es raro encontrar una calle o un lugar que los rememore. En la misma ciudad de Santa Cruz, la calle de los Molinos nos señala la existencia de algunos ejemplares en la capital de la isla.

Pero es en La Laguna donde el nombre de la plaza del Llano de los Molinos, en el barrio de San Honorato, es el testimonio de que allí llegó a haber hasta once molinos alineados. En el grabado de la ciudad realizado por Goupil hacia 1840 , aparecen en todo su esplendor "aquellos once gigantes de piedra, enhiestos y alineados como centuriones a lo largo del Llano", como escribió el periodista tinerfeño Leoncio Rodríguez en una de sus Estampas tinerfeñas. No es difícil imaginar el espectáculo visual y sonoro de aquellas aspas girando al viento y el ruido de la maquinaria y las ruedas al moler el grano.
Los cambios tecnológicos y la especulación urbanística fueron acabando lentamente con nuestros viejos molinos. Sustituidos primero por las molinas o molinetas de madera, que ofrecían mejores condiciones de trabajo a los molineros, y más tarde por la energía eléctrica, fueron desapareciendo de nuestro paisaje. En otras islas del archipiélago se ha ido acometiendo la restauración de algunos, como el de Mogán en Gran Canaria (el más grande de las islas), el de Antigua en Fuerteventura (en la actualidad centro de artesanía) o el de Tefía, entre otros.

La restauración de todos estos bienes de nuestra cultura popular sería una buena noticia en el desolador panorama de la conservación de nuestro patrimonio, pues nuestros molinos, según el mismo Leoncio Rodríguez, "bien merecen que se les dedique un recuerdo como a tantas otras cosas gratas y amables de la tierra que se han ido y no volverán".



NOTA. La imagen que encabeza este artículo corresponde al molino de Cuevas Blancas. Fue obtenida por mi antiguo alumno Javier Ramos quien amablemente me autoriza a utilizarla por lo que le doy las gracias.

2 comentarios:

  1. Yo estoy haciendo mi proyecto de fin de carrera sobre la rehabilitación del molino de cuevas blancas...estoy poniendo todo de mi parte, para que quede como antiguamente (aunque virtualmente,claro)...Por cierto, me gusta mucho el artículo.
    Un saludo.

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    1. Gracias, Natalia, por tu amable comentario. Pensarás que soy un cara pero cuando tengas terminado y presentado el proyecto, ¿me mandarías una imagen para ponerla aquí? Saludos y gracias de nuevo.

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