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lunes, 25 de mayo de 2020

¿Quién dió la alarma en julio de 1797? El equívoco sobre el atalayero Domingo Izquierdo.

por Daniel García Pulido



Introducción

Los relatos históricos no siguen siempre los esquemas lineales que, a la vista simple de los hechos y por sencilla lógica, nos hubiese gustado que sucedieran. Ese discurso siempre bienintencionado sucumbe a poco que se analicen las referencias en cuestión y cualquier explicación vinculada a esos inocentes preceptos del pasado, por diáfanos que parezcan, se desvanece. En la propia Gesta del 25 de Julio todas aquellas aseveraciones que sigan teniendo en cuenta aspectos como la suma de los cañones o de los soldados de ambos bandos en una contienda; o la presencia de este o de aquel personaje en un determinado enclave, por muy prestigioso que sea su historial, para justificar un hecho o sacar una conclusión definitiva de algún aspecto de ese episodio histórico, están destinadas a ofrecer una visión sesgada, casi diríamos idílica, del objeto de estudio.

Este alegato introductorio cobra especial significado cuando la difusión del relato histórico creado afecta a la memoria exacta de unos hechos, de unos personajes, de una efemérides en suma, provocando contrasentidos en el discurso del pasado, incompatibilidad de registros en el manejo de las fuentes documentales e incluso celebración de homenajes que no se ajustan a la realidad acontecida.

Cuando aquella mujer “agreste” de San Andrés, aún hoy anónima, despertó a la guarnición de Paso Alto en la madrugada del 22 de julio de 1797 para que esta diese la alerta y se disparasen los primeros cañonazos que avisaron a la guarnición de Santa Cruz de Tenerife a fin de que acudiese a sus puestos, parecía haber quedado claro y documentado el orden de prelación en este preciso episodio. Últimamente se nos viene ofreciendo una versión distinta, que otorga al atalayero Domingo Izquierdo ese aviso, y aún en días anteriores al inicio del asalto, lo que desvirtúa la rigurosa narrativa documental y añade un componente de confusión que es necesario analizar y desmontar.

La diferencia entre ver el enemigo y dar la alarma

El principal obstáculo subyace en la distinción, absolutamente trascendental, de separar, por un lado, el hecho de quién fue el primero en divisar la escuadra británica frente a las costas de Tenerife y por otro lado, en otro ámbito distinto, quién dio la alarma en la propia localidad de Santa Cruz de Tenerife. En este sentido ya el coronel Francisco Lanuza Cano fue taxativo en su magna obra editada en 1955:

El primero que vio a la escuadra inglesa el día 22 de julio fue el vigía de Anaga, llamado Domingo Izquierdo, quien siguiendo las instrucciones que el general Gutiérrez tenía dadas, a la una y media redactó un parte que llegó a manos del comandante general a las siete y media, escasas, de la mañana.[i]

Es patente que la primera cuestión está resuelta y que Domingo Izquierdo fue el atalayero que contempló el paso de los navíos por las costas de Anaga, pero en la propia nota Lanuza Cano nos ofrece indirectamente la respuesta al segundo interrogante al citar la hora en la que el vigía redactó el oficio de aviso y cuándo llegó ese mensaje a manos del comandante general. Leamos el parte original a que alude Lanuza en su obra:

S.E. me manda diga a Vm. queda enterado de su parte dado a la 1 ½ que se acaba de recibir a las 7 ½ escasas y encarga a Vm. continúe con la mayor vigilancia, dando parte por escrito con claridad cuando ocurra novedad de alguna atención y que al anochecer le despache Vm. una exacta relación de cuanto haya ocurrido y observado durante el día con expresión de las embarcaciones que quedaron a la vista y sus rumbos, no omitiendo hacer las señales establecidas y participando también todas las noticias que pueda Vm. adquirir de las atalayas de la parte del norte. Dios guarde a Vm. muchos años. Santa Cruz, 22 de julio de 1797. Juan Creagh.[ii]

En las fuentes documentales que existen sobre la Gesta existe unanimidad en cuanto a que la alarma que se dio en Santa Cruz de Tenerife ocurrió al amanecer, cuando despuntaban las primeras luces del día, entre las cinco y seis de la mañana,[iii] y nunca tan tarde como a las siete y media, hora en que se atestigua que llegó el parte de Domingo Izquierdo a manos de Gutiérrez. A la vista de los registros documentales que tenemos parece obvio que el aviso dictado por el atalayero sobre el paso de embarcaciones hacia la rada santacrucera llegó tarde, podría hablarse de “papel mojado”, cuando ya los británicos se retiraban en sus columnas de barcas tras su fallido primer intento de desembarco hacia Valleseco y Paso Alto.

Ahondando más en este asunto, la diferencia horaria entre la redacción del parte de aviso dictado por Domingo Izquierdo, a la una y media de la madrugada, y la llegada de ese importante mensaje a Santa Cruz de Tenerife seis horas más tarde tiene su explicación cuando certifiquemos que el atalayero estaba apostado en la atalaya de Igueste de San Andrés y que esas seis horas fueron las que tardó el mensajero en recorrer la distancia entre ambos puntos (bien vía interna, a través de La Laguna, o por la costa, aprovechando la bajamar como hiciera aquella “agreste” vendedora) para llevar el parte escrito a manos del comandante general en el puerto santacrucero.

Uno de los hechos que más nos llamaba la atención en este apartado era la temprana referencia de la 1,30 de la madrugada ofrecida por Domingo Izquierdo para divisar el paso de las embarcaciones británicas pero todo se amortigua, se explica por sí solo casi, cuando leemos en el diario del capitán inglés Thomas Moutray Waller que “a las 11  [de la noche] doblamos la punta NE de la isla”[iv] (siempre con las diferencias horarias entendibles de un lado y otro). Solo así puede comprenderse que el atalayero pudiese visualizar desde su puesto en las estribaciones de Anaga el aparejo y velamen desplegado de dichas fragatas pasando a una distancia no muy alejada de la costa.

Reiteramos que no hay mención para esta madrugada del día 22 de julio a ninguna hoguera ni a avisos con faroles en ninguna de las crónicas pese a lo vistoso y lógico de esas medidas,[v] y asimismo deben desecharse los relatos actuales que hablan de mensajes de alarma por esta vigía avisando de la presencia de la escuadra inglesa en días anteriores (como el día 19 de julio) porque esas afirmaciones van en contra de la veracidad histórica. A falta de otros referentes documentales queda atestiguado, por tanto, que la alarma fue dada por aquella anónima mujer de San Andrés, quien en su trasiego hacia el puerto divisó la enorme cantidad de lanchones que se aproximaban a tierra, apresurándose para alertar a los centinelas de Paso Alto.

El atalayero Domingo Izquierdo en Igueste de San Andrés

Siguiendo la verificación del discurso expositivo nuestro siguiente paso se centra, en primer lugar, en corroborar dónde estaba apostado el atalayero Domingo Izquierdo. Las referencias iniciales vienen reseñadas por el alcalde real Domingo Vicente Marrero en su relación sobre los hechos de aquella Gesta:

No habiendo puesto al propósito en este pueblo para reconocer nuestro horizonte por la parte del norte, por lo cual se entraban los enemigos sin ser vistos sino cuando ya los teníamos encima y no daban tiempo a preparar las cosas como era preciso, teniendo a la misma parte del norte una montaña llamada (en blanco) que domina todo el horizonte del sur y norte, dispuso S.E. el poner en ella una vigía, para lo cual se destinó al piloto Domingo Palmas, pagándole 20 pesos mensuales y dándole todas las tierras que quisiese cultivar en aquella inmediación, fabricando una corta casita y fijando dos palos donde con las banderas del plan que se le dio avisa de los buques que recalan por el norte o por el sur, distinguiendo el número y si son mercantes o de guerra, y como la citada montaña queda muy retirada de esta plaza y muy elevada, por lo que [en] muchas ocasiones solo con el anteojo se divisan las señales, se determinó que por los vecinos de San Andrés se hiciese todos los días la atalaya encima de su risco, donde se fijó un palo para que el atalayero, luego que viese la señal de la vigía, subiese la bandera blanca para llamar la atención a la plaza viesen cuántos son los buques que hace la dicha vigía.[vi]

En primer lugar debemos identificar a ese Domingo Palmas con nuestro Domingo Izquierdo. El apodo “Palma” o “Palmas” era un apelativo familiar que ya aparece consignado entre los testigos del casamiento de sus padres -Domingo Martín Palma-, y esa costumbre de la utilización de motes no debemos olvidar que era y es muy usual.

Entramos ahora en uno de los aspectos más controvertidos hasta la fecha, que no es otro que conocer el emplazamiento y presencia de nuestro personaje en una determinada atalaya de la comarca de Anaga -cuyo nombre deja en blanco, por desconocimiento, el reseñado alcalde Marrero-. Acerca de la vigilancia costera por el sistema de atalayas en Tenerife durante el Antiguo Régimen, cuyo estudio exhaustivo sigue sin llevarse a efecto, solo se conocen aspectos puntuales en base a la documentación que se custodia en los archivos insulares. Con la declaración de la guerra entre España e Inglaterra, que se publicó en las Islas a comienzos de octubre de 1796, el comandante general Gutiérrez dictó que “rápidamente [se] organicen vigías en los puntos más dominantes de todas las islas”,[vii] siguiendo para ello los preceptos fijados “en el plan general de 3 de julio de 1793”.[viii] Para la comarca de Anaga, que es la que nos interesa ahora, se registran tres entornos o enclaves atalayeros activos en 1797:

[1] La montaña de Tafada, en el costado noreste del macizo de Anaga, próxima a la localidad de Chamorga. Esta atalaya, vinculada siempre a vigías residentes en el pago de Las Palmas de Anaga –como fue el caso de Francisco Oliva y José Perera (1780),[ix] Diego Marrero, o de Francisco Rivero, José de Sosa y Francisco Perera (1788)-, [x] estaba activa en 1797 y prueba de ello la tenemos en el escrito de reclamación presentado por el atalayero Mateo de Sosa, que solicitaba el cobro, en octubre de aquel mismo año, de su trabajo de vigilancia en aquel emplazamiento hasta la fecha.[xi] A fuerza de ser sinceros, hemos de dejar constancia de cómo, en un primer momento, pensamos que Domingo Izquierdo estuvo apostado en esta citada atalaya de la montaña de Tafada, movidos particularmente por la existencia en dicho lugar de unos muros y restos de viviendas de una planta que nos recordaban a esa “casita” mandada a construir por Gutiérrez para el atalayero, pero por un lado, la certificación de que esas pequeñas casas ya vienen señaladas en los papeles de la familia Ossuna como depósitos fabricados desde antiguo en aquella comarca para almacén de granos,[xii] así como por saber nosotros después que el vigía Mateo de Sosa ocupaba aquella vigía, todo ello nos reconvino de nuestras primeras impresiones. 

[2] La “Atalaya de Anaga”, también conocida como de “Punta de Anaga”, ubicada en La Robada (Igueste de San Andrés), que en algunos documentos se identifica, por su cercanía, como el Roque de Antequera. A pesar de que el nombre utilizado para referirse a esta vigía nos puede llevar a confusión y hacernos pensar en las localidades de Roque Bermejo y Punta Anaga actuales, su ubicación exacta descansa, por un lado, en los mapas efectuados en 1771 por Ruiz Zermeño o en 1779 por Tomás López, que ubican certeramente esta atalaya sobre “el roquete de Anaga” (hoy Roquete, emplazado bajo el risco donde se alza el Semáforo);[xiii] y por otro lado, y no menos importante, en las explicaciones ofrecidas por el alcalde Domingo Vicente Marrero, quien nos apuntaba en su extracto inicial que San Andrés iba a repetir las señales de esta atalaya porque “queda muy retirada de esta plaza y muy elevada, por lo que [en] muchas ocasiones solo con el anteojo se divisan las señales”. Estas palabras de Marrero desechan cualquier otra posibilidad de ubicación de esta atalaya de “Punta de Anaga” en otro punto más alejado o incluso en Tafada, sencillamente porque la zona del Roquete, en Igueste, junto con la aledaña playa y Roque de Antequera son los últimos repechos del macizo anaguense que pueden divisarse desde el puerto santacrucero. Ya la documentación de mediados del siglo XIX continuaría refiriéndose a esta “casa del vigía de Anaga” en su ubicación de Igueste, con variados ejemplos como cuando se ocuparon las autoridades militares en la “reparación de la bandera de la casa del vigía de Anaga”, en septiembre de 1849.[xiv]

Es curioso que ya el nombre de Antequera se usara expresamente para referirse a esa atalaya en una carta del comandante general Miguel López Fernández de Heredia dirigida al Cabildo de la isla el 5 de diciembre de 1770, misiva en la cual le otorga mucho valor a la calidad de los avisos remitidos a la plaza desde este enclave y recomienda “que en aquel paraje se hiciese una caseta cuanto fuese bastante al fin de ponerlos a cubierto [a los vigías]”.[xv] Como prueba complementaria podríamos añadir que en el año 1788 estaban destinados allí, por turnos, Salvador García, Luis Rodríguez, José Matías y Juan Rodríguez,[xvi] quienes junto a Matías Álvarez o Nicolás Albertos, entre otros, eran vecinos de Igueste de San Andrés y vigías de la cercana “Atalaya de Anaga”.

[3] San Andrés. Estamos obligados a incluir esta tercera atalaya, aunque no fuese tal, ya que su actividad está certificada, entre otras fuentes documentales, por el propio alcalde Marrero cuando menciona que este enclave atalayero de San Andrés tenía la capacidad de “repetición” de las señales de la otra vigía, mucho más alejada de Santa Cruz de Tenerife.

Revisando, por tanto, estos tres emplazamientos de vigilancia, es la propia documentación que se custodia en el Archivo Municipal de La Laguna y en el Archivo Militar Intermedio de Canarias la que nos avala que la atalaya donde estuvo Domingo Izquierdo era la conocida como “Punta de Anaga”. Es tremendamente revelador el testimonio escrito del propio personaje, firmado en “Anaga” el 17 de junio de 1799 y dirigido a sus jefes en Santa Cruz de Tenerife:



El piloto encargado en la descubierta de embarcaciones en la vigía de Anaga da parte al Excmo. Sr comandante general como se halla en este desierto sin tener alimentos y por causa de que el mayordomo de propios del Muy Ilustre Ayuntamiento de esta isla no ha querido pagar el sueldo que tiene devengado del mes de mayo [...][xvii].

Las circunstancias de su presencia en la atalaya de Igueste vienen reiteradas en sendos oficios al comandante general José Perlasca, con fechas 6 y 21 de noviembre de 1799, siendo el primero de estos de un interés especial al incluir una “relación que me ha pasado el vigía de la atalaya de Anaga Domingo Izquierdo de los efectos que necesita para el uso de las funciones a que está constituido. [...]”.[xviii] El listado es el que sigue:



60 brazas de liña para drizas.
50 brazas de cabo para viradores.
10 libras de sebo.
Dos docenas de velas para el farol de las novedades de la noche.
Dos motones para los viradores engasados y su gancho.
Tres botijas [de] alquitrán.

La construcción de una casa

En nuestro cometido por aseverar al máximo la realidad histórica de este atalayero y sus circunstancias, regresando de nuevo al extracto del alcalde Marrero donde nos contaba que a Domingo Izquierdo se le dieron tierras en aquel enclave, “fabricando una corta casita”, podemos afirmar que nuestras pesquisas han dado fruto. Hemos tenido la fortuna de localizar no solo las cuentas de fábrica de ese pequeño inmueble, que pasamos a transcribir por su indudable interés, sino quién financiaría ese proyecto. El documento titulado “Cálculo prudencial del coste que puede tener la casa que se proyecta para la atalaya de Naga [sic por Anaga] por disposición del Excmo. Sr. Comandante General”, firmado por el ingeniero Ramón de la Rocha el 12 de febrero de 1797, nos especifica los detalles constructivos de aquella “casita” entregada a Domingo Izquierdo:[xix]

Excavaciones.
51 varas cúbicas de excavación para cimientos a tres reales vellón, 153 reales vellón.
Albañilería.
79 varas cúbicas, un pie y seis pulgadas de mampostería de piedra y barro, a 20 reales vellón son 1.590 reales de vellón.
75 esquinas a 2 reales vellón, 130 reales.
2.500 tejas a 12 pesos [el] millar puestos en obra son 450 reales.
40 fanegas de cal a 4 reales de plata son 300 reales.
Carpintería
21 gibrones a 4 reales plata son 157 reales, 17 mrs.
2 docenas de tijeras a 40 reales vellón puestas en obra importan 80 reales.
5 dichas de aforro a id. 200 reales.
18 tablas de sollar para puertas, ventanas, etc. a 3 pesos [la] docena, son 67 reales, 17 mrs.
24 vidrios para las ventanas, a reales plata, puestos en obra, 45 reales.
24 jornales de carpintero, a 5 reales plata, 225 reales.
Clavazón y herraje, 120 reales.
Herramientas y demás útiles, 300 reales.
Lanchas para conducir los materiales, 200 reales.
Suma total, 4.018 reales.

Por un lado, llama la atención la temprana fecha de construcción de esta pequeña vivienda, a mediados de febrero de 1797, lo que no hace más que corroborar las dotes previsoras y los esfuerzos de estrategia defensiva desplegados por el comandante general Antonio Gutiérrez. Otra característica que nos ayuda muchísimo en la identificación de este pequeño inmueble con la atalaya de Igueste de San Andrés es que, si bien no se corresponde obviamente con la edificación de sillería, con bóveda de cañón y contrafuertes que se puede contemplar hoy en aquel paraje de La Robada, ya que estas cuentas delatan una vivienda con tejas, techo de vigas de madera y ventanas con cristales, sorprende muchísimo que la superficie tanto de este proyecto constructivo de vivienda como el inmueble que sigue en pie sean muy parecidos (aprox. 36/40 metros cuadrados). Es muy posible, por tanto, que se reformase aquella primera “casita”, de tejas y sencilla fábrica en un inicio, en el pequeño reducto que hoy se contempla. En este sentido podría entenderse, por ejemplo, que tanto el 5 de noviembre de 1797 como el 10 de marzo de 1799 se pidiesen reparos para la casita de “la vigía de la Punta de Anaga”, quejas que se repiten a Carlos Luján en 30 de octubre de 1809, a Ramón Carvajal el 8 de agosto de 1810 cuando ya se habían “rendido” las vigas del techo; y por último, a Rodríguez de la Buria el 26 de julio de 1813.


El establecimiento efectivo de esta vigía pronto comenzó a dar sus primeros frutos, y así hemos podido encontrar cómo el 21 de abril de 1797 “según el parte que ha dado la vigía de Anaga se hallan a la vista algunas embarcaciones bastantemente sospechosas” o cómo el 12 de mayo de aquel mismo año “las distintas señales que ha hecho hoy el vigía de Anaga indican avistarse diez embarcaciones, [de ellas] cinco de guerra”.[xx] Respecto a la financiación de este proyecto de “casita” y su atalayero asociado sabemos que fue Su Majestad Carlos IV quien asumió al año siguiente los costes del mismo, dejando al Cabildo el salario del vigía. El documento en cuestión dice:

Habiendo hecho presente al Rey lo que ha expuesto el comandante general de Canarias [...] sobre el pago de la atalaya y sueldo del atalayero del puesto de Anaga, se ha servido S.M. resolver que el coste de la casita se pague de su Real Erario, y el sueldo del atalayero del fondo de propios, y para que tenga cumplimiento comunico con esta fecha las órdenes correspondientes a Tesorería General y al Consejo de Castilla, y lo aviso a V.E. para su noticia[...]. Madrid, 2 de enero de 1798. Álvarez. Señores de la Real Junta de Fortificaciones de Canarias.

La metodología de señales

Tal y como apuntamos inicialmente, y a tenor siempre de la documentación y crónicas que nos han llegado, la comunicación entre las atalayas, y entre estas y Santa Cruz de Tenerife solo era efectiva a la luz del día y mediante el uso de un sistema estandarizado de señales.[xxi] De hecho, la presencia de la figura de un “sobreguarda” en 1788, Francisco de Sosa, nos induce a pensar en esa persona como encargada de esta “conectividad” y enlace entre las atalayas, aunque sin detallarse su rol.  Aunque suene factible la utilización de faroles nocturnos y hogueras no hemos encontrado rastro de su uso en 1797 sino más bien todo lo contrario: la espera a la llegada de la luz diurna para efectuar las señales con velamen y banderas, o el envío de escritos pormenorizados sobre la situación. De los primeros tenemos noticia cuando las crónicas nos hablan para el día 24 de julio cómo la atalaya anunciaba la presencia de varios navíos por el norte y otros tantos por el sur, y solo se unía al resto de la escuadra el “Leander”.[xxii] Del segundo de los medios comentados, los partes escritos, podría afirmarse que era el método principal de aviso y prueba de ello lo tenemos no solo en cómo Domingo Izquierdo escribe su comunicado en la madrugada del 22 de julio a Gutiérrez, en lugar de proceder a la señalética entre atalayas, sino en la existencia de un comandante de la guardia en el castillo de San Cristóbal, Andrés Agustín de Torres Perdomo, que redacta por escrito sus notificaciones de vigía de la escuadra en el horizonte del puerto al propio general.[xxiii] No basta ir muy lejos para saber que el propio Izquierdo recibió órdenes de Gutiérrez de “dar parte por escrito” en la minuta antes señalada. En este sentido apuntan también hechos como la orden que se hubo de dar en la mañana del 25 de julio de 1797 al castillo de San Andrés para que cesase su fuego artillero sobre la flota inglesa una vez firmada la capitulación (hecho que obviamente se desconocía en aquella localidad). En lugar de la lógica señal entre vigías a través de los códigos de aviso se envió a caballo a Diego de Guezala para que llevase esa orden a San Andrés.

¿Quién fue Domingo Izquierdo?

Domingo Izquierdo García era natural de la propia localidad de Santa Cruz de Tenerife, donde nació el 4 de agosto de 1759, recibiendo las aguas bautismales en la iglesia parroquial –entonces única- de Nuestra Señora de la Concepción al día siguiente. Sus padres fueron el carpintero Antonio Francisco Izquierdo Rodríguez –nacido en La Laguna- y María Magdalena de la Cruz Simón -natural de Santa Cruz de Tenerife-, que habían contraído matrimonio en aquella misma iglesia el 4 de octubre de 1756.


Como relatamos anteriormente, Domingo Izquierdo no era atalayero de profesión sino piloto naval, para cuya formación debió pasar a tierras peninsulares. Contrajo esponsales con la santacrucera Isabel Rodríguez Rodríguez -nacida en 1764 e hija, a su vez, de José Rodríguez y de Francisca Rodríguez, asimismo naturales de este puerto-, que falleció en esta ciudad el 13 de enero de 1804.[xxiv] En el padrón de feligreses de 1797 figuraba la pareja residiendo en la calle San Felipe Nery, del barrio del Toscal, justo al lado de las viviendas de sus padres y de sus hermanas Tomasa -entonces ya viuda y con cinco hijos- y María Atanasia, desposada con Antonio José Pérez Alemán –de oficio “navegante”-.[xxv]

Por ahora no hemos podido conocer la fecha de defunción de Domingo Izquierdo, que debió acaecer entre finales del año 1799 y 1804, año este en el que moriría su esposa viuda en Santa Cruz de Tenerife. Un primer rastreo de los registros parroquiales de entierro tanto de esta localidad como de La Laguna y Taganana no nos ha permitido dar con su partida lo que nos hace suponer que su fallecimiento pudo haberse dado fuera de la isla, existiendo eso sí la posibilidad de que muriese en la población costera de San Andrés, cuyos libros sufragáneos son de imposible consulta por deterioro irreversible.

Conclusión

Domingo Izquierdo fue uno de los desconocidos pilotos, como Nicolás Franco, Nicolás de Herrera, José García o Diego Costa, que separados de sus oficios marítimos, quisieron colaborar en las tareas defensivas. Si bien estos últimos cuatro destacaron por implementar el uso de cañones de campaña (los célebres “violentos” de entonces), para lo cual fueron adiestrados por los oficiales de artillería, Domingo Izquierdo fue requerido para ofrecer sus servicios como experto conocedor de embarcaciones para la avanzadilla vigía en las estribaciones de Anaga. Su mensaje en las primeras horas de la madrugada, debido a la lejanía del enclave y la lentitud del procedimiento de aviso, no sirvió al efecto de alertar las tropas en Santa Cruz de Tenerife pero sí nos reafirma, no obstante, la preocupación por parte del general Antonio Gutiérrez en la búsqueda de un sistema de vigilancia efectivo, colocando un especialista en un punto clave de la estrategia defensiva insular. Queda mucho por dilucidar en este episodio, por revisar y analizar con otras miradas, otras técnicas y procesos, todo en ese eterno regreso al pasado que nos permita conocer mucho mejor nuestro patrimonio presente y futuro. Ya Serra Ràfols lo adelantaba en 1952: “Es probable que en un principio se exagerase la importancia de lo individual, de lo personal, en el devenir histórico, porque la Historia fue equivalente a la vida de los héroes”. Toca el turno de revisar el contexto, las razones, los espacios, para obtener una lectura más verídica y sincera de un episodio relevante de nuestro pasado e idiosincrasia.






[i] Lanuza Cano, F. [1955]. Ataque y derrota de Horacio Nelson en Santa Cruz de Tenerife. Madrid. p. 135.
[ii]  Lanuza Cano. op. cit., p. 417. doc. LXXII. Existe copia mecanografiada de este documento en el Archivo Militar Intermedio de Canarias (en adelante, AMIC), sin haber noticias sobre el original.
[iii] El alcalde real Domingo Vicente Marrero o Francisco Tolosa apuntan más concretamente a “las cuatro de la mañana”, aunque deberíamos aplicar la diferencia horaria entre aquel entonces y nuestro ahora. (Véase Fuentes documentales del 25 de Julio de 1797).
[iv] Addenda a la fuentes documentales del 25 de julio de 1797. Santa Cruz de Tenerife, 2008. p. 148.
[v] En este sentido debe constatarse que en el mapa del comandante de ingenieros José Ruiz Zermeño se señalaba, para 1771, que “en el monte de Igueste, donde el atalayero señala con fuegos las embarcaciones que se avistan”. Ojalá apareciera prueba del uso de este tipo de señales en 1797 pero no se ha dado aún el caso.
[vi] Marrero, Fuentes documentales del 25 de Julio de 1797. Es interesante la diferenciación que hace el autor entre vigía y atalaya, terminología que bien merece un estudio exhaustivo en otro lugar.
[vii] Lanuza Cano, op. cit. p. 79.
[viii] Véanse las cartas inéditas de Antonio Gutiérrez al conde de Sietefuentes [31 de enero de 1797], o al coronel Antonio de Franchi [12 de mayo de 1797], ambas en AMIC.
[ix] Archivo Municipal de La Laguna (en adelante, AMLL), sec.1ª, sign. A-XV.21. La documentación de atalayas de este Archivo ya ha sido dada a conocer por José Manuel Hernández Hernández en el correspondiente apartado de su artículo “Antiguo Régimen. Siglos XVI, XVII y XVIII”, en Historia general de la comarca de Anaga. (Coord., Ulises Martín Hernández) Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea, 2006. pp. 194-200.
[x] AMLL, sec.1ª, sign. A-XV.22.
[xi] AMLL: sec.1ª, A-XV-26.
[xii] Hernández Hernández, J.M. Cartas de medianeros de Tenerife (1769-1893). Academia Canaria de la Lengua, 2003. La medición del área de esas construcciones de Tafada arroja una superficie de aprox. 91 metros cuadrados, lejos de los 36 que parece haber tenido la “casita” propuesta, como veremos posteriormente.
[xiii] Aarón Rodríguez: “Los ojos de la isla” –Microhistorias de Tenerife-, en www.atlanticohoy.com. Quiero expresar mi agradecimiento al autor por el recorte del mapa de Tenerife de Tomás López en el que aparecen los topónimos de las atalayas. 
[xiv] AMIC, caja 3.466 sign 35. Otro documento cita asimismo a otro atalayero vecino de Igueste, Andrés Perdomo (marzo de 1856).
[xv] AMLL, sec.1ª, sign. A-XV.20.
[xvi] AMLL, sec.1ª, sign. A-XV.22.
[xvii] AMLL, sec.1ª, A-XV,28. Citado en Hernández Hernández (2006), art. cit., p. 199.
[xviii] AMLL, sec.1ª, A-XV,29. Citado en Hernández Hernández (2006), art. cit., p. 196.
[xix] AMIC, caja 3.502 exp. 43.
[xx] Ambos comunicados fueron remitidos por Antonio Gutiérrez al conde de Sietefuentes. AMIC.
[xxi] Plan de señales para la atalaya de La Isleta, Las Palmas de Gran Canaria (año 1805). AMIC.
[xxii] En la relación de Marrero especifica en este sentido que “a las 9½ hizo la vigía seña de un buque de guerra y a las diez se avistó un navío de 50 que luego se unió con los otros”. Esa escasa media hora entre el aviso y la contemplación de la embarcación desde Santa Cruz de Tenerife solo se explica si el alcalde se refiere a señales hechas desde un cercano punto de atalaya.
[xxiii] Lanuza Cano. Doc. CXXI, p. 517. Hay incontables ejemplos de partes escritos, como es el caso del que dice “la vigía de Tacoronte me da parte de avistarse en aquel mar dos embarcaciones corriendo hacia la punta de Anaga” (aviso del conde de Sietefuentes a Gutiérrez, de 3 de junio de 1797, AMIC).
[xxiv] Archivo Histórico Diocesano de Tenerife. Iglesia de San Francisco. Santa Cruz de Tenerife. Lib.I de entierros, f. 9v.
[xxv] Esta última pareja es la que subsiste en este conjunto de viviendas en los registros del padrón elaborado en 1818 en Santa Cruz de Tenerife.

domingo, 28 de mayo de 2017

¿Existe un pentágono secreto en Santa Cruz de Tenerife?

por Antonio Marrero Domínguez


La influencia del simbolismo masónico en la arquitectura y el urbanismo canarios, y en particular en los de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife (SCTF), ha sido objeto de diversos estudios académicos, desde los trabajos pioneros del profesor de la ULPGC Sebastián Hernández Gutiérrez (1), pasando por los estudios del profesor David Martín López de la Universidad de Granada (2, 3, 4), hasta más recientemente los del arquitecto Carlos Pallés, comisario de las exposiciones "Rostros de La Logia Añaza" y "Masonería y Sociedad" celebradas en 2014.

Aquellos lectores familiarizados con el grupo de Facebook LQLPC - "hermano" del presente blog - habrán tenido ocasión asimismo de participar a lo largo de los últimos años en diversos "retos" sobre temas relacionados con la simbología - supuestamente masónica - de edificios y obras de arte canarias, especialmente de las relacionadas con el arquitecto Enrique Marrero Regalado y su entorno.
En palabras de Carlos Pallés, "La influencia de la masonería en el urbanismo de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife excede con creces al templo de la calle San Lucas". .. De los primeros ensanches a los símbolos trazados sobre plano: compás, escuadra, cartabón.... Por Manuel de Cámara, Antonio Pintor, Marrero Regalado... Unos, según Pallés, "masones declarados y otros, no tanto". Pero todos -y muchos más- influenciados por la masonería. "Nada es por casualidad sino pura geometría. Hasta los nombres de las calles porque General Antequera y Méndez Núñez eran marinos, Callao de Lima fue la gran batalla y su fragata, la Numancia. Y añade: "La plaza de 25 de Julio es el centro del compás y las puntas acaban en el ayuntamiento (poder civil) y Capitanía (militar)" (5).

En este artículo pretendemos avanzar en estos aspectos de forma eminentemente lúdica y persiguiendo despertar la curiosidad del lector, poniendo de manifiesto algunos componentes de la ancestral "geometría sagrada" que bien pudieron estar en la mente de los primigenios diseñadores. Somos conscientes del carácter meramente especulativo de lo aquí expuesto, pero creemos que en el contexto de la divulgación cultural en ocasiones lo misterioso resulta un acicate para la posterior investigación rigurosa por parte de otros mejor cualificados para ello.

UNAS PINCELADAS DE HISTORIA

La fascinante evolución de la ciudad de SCTF en las últimas décadas del S. XIX y primeras del XX ha atraído la atención de urbanistas, historiadores y curiosos. El lector interesado podrá encontrar documentación abundante en los trabajos de los profesores Darias Príncipe (6, 7, 8) y González de Chávez (9, 10, 11) y sus colaboradores y en el excelente artículo retrospectivo de García Barba (12). Para información sobre la masonería en Canarias en esas épocas consultar los trabajos del profesor De Paz y colaboradores (13).

A objetos de nuestro estudio nos remontaremos a la actividad del eminente Patricio Estévanez - editor del "Diario de Tenerife" y masón - que ya en 1888 iniciaba una campaña a favor de la creación de una sociedad constructora (la SERU) que diera continuidad y ampliara la labor desarrollada en las décadas anteriores por la popular "La Constructora" (o SECU), fundada en 1866. Esta había dado los primeros pasos hacia la modernización urbanística de la ciudad con la construcción - entre muchas otras obras - de la plaza Weyler y el llamado "Barrio Nuevo" en su entorno. A la campaña de Estévanez se uniría desde su inicio el joven arquitecto Manuel de Cámara, que había comenzado su actividad profesional con "La Constructora" y ocupado el puesto de arquitecto municipal de 1872 a 1883. Fruto de sus desvelos - y del de otros muchos - fue la elaboración del "plan de ensanche" que guiaría el desarrollo urbanístico de la ciudad durante casi cuatro décadas
.
a) La creación de la "Gran Vía", hoy  Avda. 25 de Julio

Un aspecto clave de la propuesta de ensanche, ya desde el primer plano dibujado por Manuel de Cámara en 1888, era la creación de una avenida tipo Rambla, ancha y arbolada, que conectara la zona desde la Plaza Weyler / Capitanía Gral. hasta el - nunca realizado - Parque urbano en la zona alta de la ciudad (Pino de Oro).  Como se observa en la Figura 1, el trazado de dicha vía - a diferencia de las otras señaladas - no se encontraba prefigurado ni en el entramado callejero de la ciudad antigua ni en el trazado de las manzanas del Barrio Nuevo erigidas por "La Constructora" unas décadas antes.

Figura 1.- Evolución del diseño viario de Santa Cruz con las aportaciones de "La Constructora" (plano de 1880) y el proyecto del ensanche (plano de 1891).

De hecho, la realización de las obras del ensanche supuso la demolición parcial o remodelación de algunas manzanas de casas de pocos años de antigüedad en el costado de la Plaza Weyler, posiblemente a fin de dotar de mayor anchura - y más precisa alineación - al comienzo de las calles Méndez Núñez y 25 de Julio (Figura 2). Conviene recordar aquí que, en palabras de Darias Príncipe, Manuel de Cámara era extremadamente meticuloso acerca de la perfecta orientación de las viviendas.

Figura 2.- Remodelación de manzanas frente a la Pza. Weyler (planos de 1894 y c. 1910).

b) El Paseo de  Manuel Bonnin Guerin del Parque García Sanabria

El otro aspecto clave para nuestra exposición es el diseño y construcción del hoy conocido como Parque García Sanabria y, en particular, de su estructura interna de caminos y paseos. Al igual que en el apartado previo, referimos al lector interesado a obras más rigurosas, como las elaboradas sobre este tema por las profesoras González de Chávez (14) y Fraga González (15).

La construcción de un parque de grandes dimensiones que - a la manera del Parque del Retiro del Madrid - permitiera actividades lúdicas, de ocio y culturales para la población, era una parte central del proyecto para la modernización de una ciudad dentro de las coordenadas "higienistas" en boga en esa época. Nuevamente corresponde a la visión de Patricio Estévanez - en este caso desde el año 1881 - el comienzo de la campaña mediática al respecto, pronto apoyada por el prestigioso Dr. Diego Guigou.

Como se ilustra en la Figura 3, y como se ha indicado anteriormente, ya en los planos del ensanche se proyectaba un Parque de forma triangular - nunca ejecutado - en la zona conocida como Pino de Oro, por encima de la actual Rambla de Santa Cruz (Figura 3A). Sin embargo, en 1907 un número especial del "Diario de Tenerife" - dirigido por Patricio Estévanez - propone ampliar dicho espacio con las manzanas comprendidas en el espacio ocupado por el Parque en la actualidad (Figura 3B).  Este proyecto cuenta con la adhesión inmediata de Manuel de Cámara.

(La realización de este Parque ampliado suponía, entre otras cosas, enterrar definitivamente el proyecto de conexión entre la C/ del Pilar y la salida a la Carretera de La Laguna, propuesto por el anterior arquitecto municipal - Manuel de Oraá, técnico hacia el que Cámara mostraba manifiesta animadversión - y buscar una ruta alternativa para dicha conexión, pero esta ya es otra historia)
Cuando finalmente en 1910 el Ayuntamiento encarga un plano del futuro Parque al entonces arquitecto municipal Antonio Pintor, este presenta un proyecto con un diseño interior radicalmente distinto al sugerido por el Diario de Tenerife, en el que entre otras muchas cosas desaparece el paseo interno concebido como prolongación de la calle El Pilar (Figura 3C).

Figura 3.- Diseños - nunca llevados a la práctica- para el Parque. A) Plano de Hardisson Hnos., 4ª ed., 1894; B) Propuesta del "Diario de Tenerife", 1907; C) Plano de Juan de Foronda, 1917. En este último desaparece el paseo continuación de la C/ El Pilar (en azul en A y B)

Tras una serie de vicisitudes que sería prolijo reseñar aquí, comenzados años antes los trabajos de construcción bajo el mandato del alcalde García Sanabria, un proyecto de modificación del Parque de 1934, firmado por Ortiz y Bolinagas, propone nuevamente la construcción de un paseo entre la C/ del Pilar y la Rambla rematado por una escalera monumental de 36 m de ancho, nunca ejecutada. Dicho paseo fue dotado en el año 1950 de una pérgola según proyecto del arquitecto Rumeu de Armas, conociéndose hoy día su parte alta como Paseo de Manuel Bonnin Guerin.

Figura 4.- Diseño actual del Parque tras la reforma
 de Palerm y Tabares de Nava. En azul la continuación de la 
C/ del Pilar, hoy Pº de Manuel Bonnin Guerin.


NUESTRA HIPÓTESIS

Para nuestra discusión resulta clave la determinación de tres factores que representamos de forma esquemática en la Figura 5: a) el ángulo formado por las calles 25 de Julio y Méndez Núñez, b) el ángulo formado por la calle Méndez Núñez y el paseo de Manuel Bonnin del Parque y c) la distancia base entre esas dos intersecciones. En la determinación de estos tres factores existe un cierto grado de incertidumbre, dependiendo los valores obtenidos del mapa utilizado (tipo de proyección) y  de los puntos inicial y final empleados.

Figura 5.- Ángulos y distancia base (d) entre las intersecciones de la C/ Méndez Núñez con la Avda. 25 de Julio y el Paseo central del Parque (Pº Manuel Bonnin). (Plano: Google Maps)

Determinados estos tres factores, y dada la proximidad de los valores angulares obtenidos a 36º (según mapas 34 - 36º) y 108º respectivamente,  es posible reconstruir a partir de ellos un "pentáculo" (estrella regular de cinco puntas) de la forma siguiente:

Figura 6.- Pentáculo reconstruido. (Plano: Google Maps)

La importancia del pentáculo en geometría, arte y arquitectura reside en que es la figura geométrica regular donde con más claridad se manifiesta el número phi (1,618...), también llamado razón aurea, y que, según la estética clásica, representa la forma más armoniosa de dividir un segmento en dos partes o de crear un rectángulo (ver Fig. 7). Así p. ej., en nuestro mapa las distancias 1-3 y 1-8 se encuentran relacionadas entre sí según la razón aurea y por lo tanto los puntos respectivos están armoniosamente situados. (El pentáculo ha sido símbolo utilizado en diversas tradiciones esotéricas para representar la "perfección" o "divinidad", y de ahí que su representación inversa haya pasado a ser utilizada también como símbolo satánico).


Figura 7.- El pentáculo y la razón áurea (φ)








Figura 8.- Alrededores del vértice 1, Plaza Weyler y 
sector del pentáculo. Fotos: Google Maps.
Todo pentáculo presenta una serie de puntos relevantes (Fig. 6): los 5 vértices externos (Nos 1 a 5), los vértices del pentágono interno (Nos 6 a 10) y el centro geométrico del mismo. No nos permite la extensión de este trabajo describir y discutir todos estos, por lo que pasaremos a describir los dos primeros vértices externos, dejando a la curiosidad - e imaginación - del lector la identificación y posible significado de los restantes,  para centrarnos a continuación en el pentágono interno.

Figura 9: Vista desde el vértice 2, con ampliación
del Templo Masónico a la derecha
Vértice 1: intersección Méndez Núñez - 25 de Julio. Gran número de lugares emblemáticos en su entorno (Capitanía, Plaza Weyler...). Es el punto con mayor grado de indeterminación en su localización dada la gran amplitud del cruce de las tres calles que lo integran. Situándose en las escaleras laterales de la Capitanía General es posible la visión directa tanto de la Plaza de los Patos en la Avda. 25 de Julio como de los primeros árboles del Parque a lo largo de Méndez Núñez. La Figura 8 muestra una curiosa congruencia geométrica entre algunos elementos decorativos del suelo de la Plaza Weyler y parte del pentáculo.

Vértice 2: Intersección en "T" de las calles del Pilar y San Lucas. La figura 8 muestra una de las vistas desde este punto y su ampliación con el Templo Masónico (diseñado por Manuel de Cámara) al fondo.



EL PENTÁGONO INTERNO


Figura 10.- Vértice 6, Plaza de los Patos y edificio Castelo. Fotos aéreas: Google Maps
Vértice 6: Plaza de 25 de Julio, aproximadamente a la altura del edificio de la antigua Farmacia Castelo, obra de Mariano Estanga y en un tiempo consulado de EEUU. Imposible resumir aquí toda la influencia simbólica e histórica de esta plaza, que fue conocida en distintas épocas como "de la piedra del Rey", "de la ñamera" o "de los patos", con su fuente y bancos de cerámica a imitación de los del Parque de María Luisa en Sevilla y de conexión claramente masónica. La manzana en cuestión forma un ángulo de 36º entre las calles 25 de Julio y O'Donnell y el edificio tiene una inusual perspectiva y un torreón de sección pentagonal irregular claramente distinguible en fotografía aérea (ver Figura 10)

Figura 11.- Vértice 7: placa a Alfonso Espínola y escaleras de acceso
 a dependencias subterráneas del Ayuntamiento.
Vértice 7: Situado en la acera Norte de calle Méndez Núñez hacia la mitad de la manzana entre las calles Viera y Clavijo y Numancia. Una visita a ese lugar muestra dos hitos reseñables: una placa dedicada al ilustre masón - natural de la Villa de Teguise en Lanzarote - D. Alfonso Espínola, descrito en la misma como "sabio, filósofo, médico y apóstol", dedicada por los "españoles del Uruguay" y, aunque fechada en 1905, colocada en este lugar en fechas mucho más recientes. Unos metros más allá, en el límite del edificio del actual Ayuntamiento, se encuentra una escalera que conduce a dependencias subterráneas del mismo que han tenido distintos usos a lo largo del tiempo (Figura 11).

Figura 12.- Vértice 8: vista hacia el reloj de flores y 
desde lo alto de éste hacia la calle del Pilar 
Vértice 8: Entrada al Parque García Sanabria a la altura de la calle del Pilar. Junto a este punto se encuentra el célebre reloj de flores, donado a la ciudad por el cónsul de Dinamarca Peder Larsen en 1958 e instalado en el lugar según proyecto elaborado por el arquitecto municipal Enrique Rumeu de Armas. Este diseño incluyó la elaboración de un parterre pentagonal irregular. La colocación de este parterre es realmente curiosa ya que su base no se encuentra paralela a la C/ Méndez Núñez, sino que está situada de modo que el eje principal del pentágono sea continuación de la calle de El Pilar en un sentido y que apunte hacia la cima de la montaña cercana en el sentido opuesto (Figura 12).  Si desde este punto uno mira a la izquierda se llevará una pequeña sorpresa. La dirección señalada por el eje principal del pentágono nos conduce hacia al siguiente vértice.

Figura 13.- Localización del vértice 9
Vértice 9: Intersección del paseo de Manuel Bonnin con la primera vuelta del paseo en espiral del Parque (Figura 13). Constituye el cruce en el que se encuentran situadas las cuatro estatuas, alegóricas de las cuatro estaciones, donadas - según consta en las placas de sus bases - a la ciudad del Santa Cruz por "Francesco Genova, Commendatore Gran Croce D'Italia". Todo intento por mi parte de obtener información sobre esta persona, la orden o distinción que se dice representa o el acto de entrega a la ciudad de las imágenes ha resultado infructuoso. La orientación de las mismas - además de señalar las cuatro esquinas del cruce en cuestión - no es fruto del azar: si uno se sitúa en un punto determinado de la intersección, se dará cuenta de que las cuatro estatuas miran justamente hacia ese lugar (Figura 14).

Figura 14.- Vértice 9, punto hacia el que parecen confluir las miradas de las cuatro estatuas

Figura 15.- Vértice 10 en la actualidad
Vértice 10: se sitúa en la triple intersección de las calles Numancia, Rambla de Santa Cruz y Avda. 25 de Julio, próximo al actual Quiosco Numancia (Figura 15). Es interesante destacar que en el diseño propuesto en 1907 por "El Diario de Tenerife" (Figura 16) se proyectaba para esta esquina del Parque la construcción de un estanque y una gruta subterránea a la que se accedía por un puente construido sobre aquél (información gentilmente suministrada por Agustín Miranda Armas), lo que no puede dejarnos de hacer pensar en su posible utilización en ritos iniciáticos.



Figura 16.- Vértice 10, detalle de la propuesta de "Diario de Tenerife" de 1907
para esa esquina del Parque con estanque, puente y gruta subterránea

El Centro

El centro del pentáculo lo constituye un punto situado en el paseo del Parque contiguo a la calle Numancia (antiguamente "Paseo de los filósofos") a la altura de su intersección con el Paseo de los Bambúes y aproximadamente en la bocacalle de la C/ O'Donnell. Desde él se puede divisar la Plaza del 25 de Julio (o de Los Patos) y en épocas recientes se ha situado allí un busto en metal del general O'Donnell (Figura 17).

Figura 17.- El centro del pentáculo. Paseo de los filósofos.
La propia antigua denominación como "Paseo de los filósofos" de este lugar - recordemos que a Alfonso Espínola p.ej. se le califica como "filósofo" en la placa antes mencionada sin que conozcamos ninguna aportación suya a la filosofía sino más bien al "filosofismo masónico" - y su inicial dotación con bancos de azulejos venidos de Sevilla - hoy desaparecidos - análogos a los que adornan la Plaza de los Patos - y quizás reveladores de la estrecha relación de algunas logias tinerfeñas con las sevillanas tras el cisma de 1878 - apuntan a la importancia que tuvo este paseo para los diseñadores originales del Parque.

¿QUÉ SIGNIFICA TODO ESTO?

Es posible que nada. Si uno mira detenidamente cualquier trama callejera compleja es probable que acabe "descubriendo" figuras geométricas más o menos regulares allí donde posiblemente solo ha intervenido el azar.

Santa Cruz, y especialmente los barrios que nos conciernen, es una ciudad tan llena de edificios modernistas y eclécticos - fruto del voluminoso trabajo de arquitectos como Antonio Pintor, Mariano Estanga o Domingo Pisaca - que casi desde cualquier esquina podemos distinguir estructuras y adornos que nos hagan pensar en conexiones de tipo simbólico.

 Aún así, la detallada planificación urbanística llevada a cabo por personajes de la talla de Patricio Estévanez y Manuel de Cámara, la afiliación masónica de algunos de ellos y las modas de la época podrían haber influido en la adopción de un modelo con significado esotérico para el desarrollo de la ciudad. El proceso podría haberse iniciado con la elaboración del plano del ensanche por M. de Cámara, al tomar como eje de la futura expansión la Avda. 25 de Julio, dotándola de una orientación muy precisa y proyectando la edificación de dos plazoletas (Pza. de Los Patos y proyectada rotonda de la Rambla) situadas según la razón aurea con respecto a la longitud total de la avenida tal como fue concebida inicialmente (desde la esquina SO de la Pza. Weyler hasta Pino De Oro, ver Figura 18).

Figura 18.- Razón aurea en el diseño original de la Avda. 25 de Julio (según plano de 1891)

De ser así, hasta llegar al "diseño" descrito en las páginas precedentes, se hubiera precisado de la colaboración de miembros de varias generaciones de políticos, arquitectos y urbanistas conocedores de la intención original de los diseñadores y con la voluntad y capacidad de irlo adaptando a las vicisitudes y los cambios de décadas. Por muy fantasioso que esto pueda parecer - teniendo en cuenta sobre todo la brutal disrupción que supuso la Guerra Civil y la persecución de todo lo masónico durante el régimen franquista - el análisis de la obra de arquitectos y artistas de posguerra como Enrique Marrero Regalado y José Aguiar (2) o la misma supervivencia del templo masónico más emblemático de toda España en esta ciudad, nos hace que no podamos descartar completamente esta idea.

Figura 19.- Homología entre el parterre del reloj de flores y una terraza de la zona. Fotos: Google Maps.

Mientras tanto el tiempo pasa, "todo lo antiguo se va derruyendo", y la ignorancia de algunos y las actuaciones vandálicas de otros (16) amenazan con privar a las generaciones venideras de lo atesorado por las anteriores. Nosotros, gracias a las nuevas tecnologías podremos seguir acumulando "casualidades" sorprendentes (Figura 19) y, por favor, si alguien averigua qué fue de Francesco Genova hágamelo saber.

REFERENCIAS

(1) "Arquitectura y Masonería en la Islas Canarias". Hernández. Gutiérrez, Sebastián A. Vegueta: anuario de la Facultad de Geografía e Historia, núm. 0, pp. 215-229, 1992.
(2) "Marrero Regalado y Aguiar: "El arte masónico oficial de la Postguerra en Canarias" Martín López, David, Cuadernos de arte de la Universidad de Granada Nº 39 pp. 213-232, 2008.
(3) "Sobre artistas masones y filomasones en tiempos de represión: José Aguiar, un pintor al Servicio de Franco", Martín López, David. En: Actas Congreso Internacional sobre la Guerra Civil Española, 2007
(4) “Arte y masonería: consideraciones metodológicas para su estudio”(1936-1939). Madrid: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Ministerio de Cultura, 2007
(5)"La huella masónica en el urbanismo excede al templo de San Lucas”, entrevista a Carlos Pallés, "El Día", 05 Marzo 2017.
(6) "Arquitectura y arquitectos en las canarias occidentales. 1874 - 1931". Darias Príncipe, A. Servicio de Publicaciones dela Caja General de Ahorros de Canarias, nº 96. 1985.
(7) "Ciudad, arquitectura y memoria histórica, 1500-1981 Santa Cruz de Tenerife" Darias Príncipe, A. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, 2004.
(8) "Las sociedades constructoras en Canarias". Darias Príncipe A. y Purriños Corbella, T. VI Coloquio de historia canario - americano, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1984.
(9) "La ciudad de Santa Cruz de Tenerife a través de su representación gráfica". González de Chávez, Carmen M. Anuario de estudios atlánticos nº 48, Cabildo Insular de Gran Canaria, 2002.
(10) "Hacia la consolidación de la ciudad burguesa: elementos configurativos de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife en el siglo XIX". González de Chávez, Carmen M. NORBA-ARTE vol. XXIV, 2004.
(11) "Arquitectura para la ciudad burguesa. Canarias siglo XIX". Hernández Gutiérrez, S. y González de Chávez, C. editores. Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes, 2009.
(12) "Construcción urbanística de una ciudad". García Barba F. http://www.garciabarba.com/islasterritorio/construccion-urbanistica-de-una-ciudad/
(13) "Historia de la francmasoneria en Canarias (1739-1936), tomos 1 y 2". De Paz Sánchez, Manuel. Ediciones Idea, 2008.
(14) "Los proyectos de urbanización del parque García Sanabria en Santa Cruz de Tenerife". González de Chávez, Carmen M. Revista de Historia Canaria 185: 201 - 210, Abril 2003.
(15) "Los Paseos". Fraga González, Carmen. En "El Parque Municipal García Sanabria". Excmo. Ayto. de Santa Cruz de Tenerife, 2006.
(16) http://diariodeavisos.elespanol.com/2017/04/los-vandalos-decapitan-la-diosa-del-verano-parque-garcia-sanabria/