Mostrando entradas con la etiqueta Nuestros orígenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nuestros orígenes. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de agosto de 2012

Los irlandeses canarios

En el Puerto de la Cruz, cerca de la ermita de San Amaro, llama la atención una hermosa casona neoclásica que se conoce con el nombre de Casa Cólogan cuya belleza llegó a ser alabada por científicos extranjeros que recalaron en el Puerto. El inmueble que fue comprado por Bernardo Walsh o Valois en 1703, presenta planta cuadrada y dos cuerpos, con cerramiento de cubierta plana. La distribución de los vanos es rigurosamente simétrica, con tres huecos por planta y la puerta en posición axial. A ambos lados de la entrada, separados por el paseo que divide los dos parterres, se emplazan sendos módulos independientes. Este edificio nos habla de la presencia de muchas familias irlandesas que desde finales del siglo XVII se afincaron en nuestras islas. Para entender las causas de su importante presencia en Canarias tenemos que conocer, aunque sea someramente, algo de la historia de Irlanda.


La primera oleada de irlandeses llegó a las islas hacia 1651, cuando se produjo la derrota de los católicos por Oliver Cromwell como consecuencia de las llamadas Guerras de los tres reinos, una sucesión de conflictos en Escocia, Irlanda e Inglaterra entre los que se incluye también la Guerra Civil Inglesa. Después de la guerra casi todas las tierras de los católicos irlandeses fueron confiscadas y concedidas a los protestantes. Además la guerra, el hambre y las enfermedades causaron la muerte de hasta una tercera parte de la población. A partir de este momento llega la primera oleada de emigración hacia España y por supuesto hacia Canarias. Entre los apellidos de este primer momento podemos contar, entre otros, a los citados Cólogan, a los O’Daly, Walsh o Valois, Sall, Madan, Cullen y Kábana. Años más tarde aparece el primer O’Shanahan.

A finales del siglo diecisiete se produce la definitiva derrota de los católicos –jacobitas- dirigidos por los Estuardo, a manos de Guillermo de Orange y entonces una gran cantidad de irlandeses, atraídos por la identidad de religión, arribará a las islas. Entre éstos estaban los White, Power, Molowny, Meade, Kelly y Murphy. Tomaron residencia en Las Palmas, Puerto de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma donde se dedicaron al comercio con América. Como afirma el profesor Hernández en un artículo dedicado a la figura de José Murphy, al principio la endogamia de grupo era consustancial a la colonia irlandesa en Canarias por lo que la mezcla de los apellidos que hemos citado fue muy frecuente. 

Los descendientes de aquellos primeros irlandeses han llegado hasta nuestros días dejando una importante huella en la historia contemporánea de Canarias. Algunos de ellos son:
Dionisio O’Daly, comerciante de Santa Cruz de La Palma, quien, junto al abogado Anselmo Pérez Brito, consigue a partir de 1766 que se produzca la elección de regidores bienales para la isla en lugar de los regidores perpetuos que existían hasta esos momentos, a pesar de las fricciones con los regidores y su hegemonía política en la isla, dando lugar así a las primeras elecciones que se celebraron por sufragio del pueblo en toda España y al triunfo de la burguesía palmera sobre la nobleza.

El ya citado José Murphy, que nació en 1774 en Santa Cruz de Tenerife. Educado para la carrera mercantil, desarrolló una gran actividad comercial con el extranjero. Hasta el Trienio Liberal, participó de forma activa en la vida pública tinerfeña. Su carrera política estuvo marcada por la lucha por la hegemonía de Santa Cruz frente a La Laguna y Las Palmas y por la defensa de las libertades comerciales de las Islas. Entre los descendientes de su familia debemos recordar las insignes figuras de Patricio y Nicolás Estévanez Murphy.

También hemos de citar la figura del músico más importante de nuestro archipiélago y, cómo no, descendiente también de aquellos irlandeses. Nos referimos a Teobaldo Power (1848-84) que destacó desde muy joven como pianista y compositor. Fue un niño prodigio capaz de sorprender a los intelectuales de su época. En Barcelona y París realizó sus estudios musicales que concluyó con tan sólo 18 años.
Su carrera musical la desarrolla en Tenerife, Cuba, Madrid, Lisboa, Madeira y Málaga. Entre estos viajes y debido a su delicada salud –padecía tuberculosis- pasa una temporada en su Tenerife natal, concretamente en el pueblo lagunero de Las Mercedes, donde compone los Cantos Canarios, la gran obra musical de las islas, que recoge fragmentos de los más famosos aires populares y que se convierte en uno de nuestros más importantes símbolos. Su Arrorró se ha convertido en el himno oficial de Canarias.

Otro personaje ligado a estas familias irlandesas es Bernardo Cólogan y Cólogan, nacido en el Puerto de la Cruz en 1847 y fallecido en Madrid en 1921. Perteneciente a la carrera diplomática era embajador español acreditado en Pekín cuando los acontecimientos del año 1900, la conocida como guerra de los “Boxers” y el asalto de las embajadas, descritos en la película “Cincuenta y cinco días en Pekín”. El representante español jugó allí un enorme papel pues, como decano del cuerpo diplomático, negoció y firmó el acuerdo que arregló aquella situación. Más adelante, en 1913, lo vemos como embajador en México, mientras se desarrollan los sucesos que se conocen con el nombre de La Decena Trágica que supusieron el derrocamiento y posterior asesinato del presidente constitucional Madero y su sustitución por el militar golpista Huerta.

Otros nombres de la política y la cultura están relacionados con las familias irlandesas de Canarias. Como ejemplo podemos citar a los hermanos Agustín, Manolo y Totoyo Millares Sall –poeta, pintor y músico respectivamente- descendientes de irlandeses por parte de madre. El poeta, también grancanario, Alfonso O’Shanahan o el que fuera presidente del gobierno de Canarias entre 1988 y 1991, Lorenzo Olarte Cullen.

Como hemos visto, los descendientes de aquellos primeros irlandeses han ocupado un lugar importante en la sociedad insular y todavía siguen presentes entre nosotros.



sábado, 14 de julio de 2012

Aquellos franceses

por Melchor Padilla


Frente a la oficina de Correos de Icod, en la calle de San Sebastián, empieza una calle, no muy larga y en cuesta, que conduce hasta el convento de San Francisco, en la actualidad Biblioteca y Centro Cultural del municipio. Esa calle se llama "Los Franceses" y detrás de ese nombre se esconde una página poco conocida de la historia de nuestras islas.

Este relato comienza lejos de aquí, en la bahía de Cádiz, hace 200 años. Cuando se produjeron los acontecimientos de Madrid de los días 2 y 3 de mayo de 1808, que suponen el principio de la que conocemos como Guerra de Independencia, en la bahía de la ciudad andaluza se encontraba anclada una flota francesa al mando del almirante Rosilly compuesta por los navíos “Héro” -en el que enarbolaba su insignia el almirante- “Algeciras”, “Argonaute”, “Neptune” y “Plutón”, junto a la fragata “Cornelié” y el bergantín “Venceteur”. Al llegar la noticia a Cádiz de lo acontecido en Madrid, el pueblo gaditano se echó a la calle exigiendo el bombardeo de la flota francesa por parte de las baterías de costa. El entonces Capitán General Solano, que, según los gaditanos, mostraba cierta tibieza con los franceses, fue asesinado por la multitud enfurecida. Su sucesor, el Gobernador de la plaza, Morla, exigió a los franceses que se rindieran. Tras negarse éstos después de largas negociaciones, la artillería española comenzó a disparar, no teniendo más remedio el almirante francés que rendir la flota el 14 de junio.



Después de la rendición, a la Junta de Cádiz se le crea el problema de qué hacer con los miles de prisioneros capturados. Para tratar de resolver el problema se ponen en contacto con las autoridades del archipiélago y desde aquí se les responde que, dadas las condiciones de penuria económica de las islas, podrían hacerse cargo de 1200 franceses. No obstante, el 11 de mayo de 1809 llega a Santa Cruz un convoy naval con 1484 prisioneros. Se creaba pues el problema de alimentarlos, vestirlos y vigilarlos, problema que a la larga se resolvería, mal que bien, con recursos del archipiélago, pues nada se hizo desde la metrópoli para ayudar en este sentido.


A fin de poder controlarlos a todos, inicialmente son confinados en Candelaria. Se elige esta villa porque hay un castillo que domina las casas, por el fácil control de entradas y salidas debido a su orografía, porque hay edificios que permiten el alojamiento de todos los prisioneros y porque se consideraba un pueblo bien ventilado, cuestión esta que se consideraba importante para evitar epidemias. Serán alojados en el convento dominico anexo a la basílica de la Virgen y se redacta un reglamento en francés para su custodia y vigilancia.

Pero pronto la cuestión de su alimentación se convirtió en un problema insoluble debido a la guerra, por lo que se decidió enviar a 496 de ellos a Gran Canaria y repartir el resto por los pueblos de la isla. Así La Laguna, Santa Cruz y La Orotava recibieron 200 presos cada una; Los Realejos y Güimar, 60; Icod y Garachico, 80 y Candelaria, 40. En La Laguna fueron alojados en la Casa de la Alhóndiga, en La Orotava en el Colegio de los Jesuitas y en Icod en una casa de la calle a la que aludíamos al principio de esta historia y que recibió su nombre de aquellos franceses. No obstante, el problema de su manutención subsistió, pues el 29 de junio de 1810, llegaron a las islas 800 prisioneros más, de los que 200 fueron enviados a La Palma, por lo que se decidió autorizar a los vecinos que necesitasen obreros para la agricultura o industria a contratarlos a cambio de alojamiento, comida y un salario mínimo de 1 tostón. Además, el empleador se comprometía a no maltratarlos.

De ese modo, empezaron a disfrutar de cierta libertad, e incluso ahorrar algo para desarrollar pequeñas industrias de la madera, latón y, sobre todo, esteras, escobas y abanadores. No obstante, no todos los presos tuvieron la misma suerte y en muchos casos tuvieron que mendigar para sobrevivir. Cumpliendo con la obligación de todo prisionero hubo, asimismo, sonados intentos de fuga de las islas, mediante la captura de embarcaciones inglesas, algunos de los cuales tuvieron éxito.

Después de vicisitudes entre las que se encuentran plagas de langosta, periodos de hambruna en las islas y epidemias -en las que muchos de ellos tuvieron un comportamiento heroico-, en 1814, vencido Napoleón e reinstaurados los Borbones en Francia, se procede a su repatriación, momento en el que un número considerable de prisioneros en todas las islas, unos 500, deciden no volver a su tierra natal y permanecer aquí, pues ya habían empezado una nueva vida casándose con jóvenes canarias.

Todavía podemos encontrar en la sociedad de nuestras islas los apellidos de aquellos prisioneros franceses: Barlet, Beautell, Croissier, Dionis, Duchemin, Fernaud, Garnier, Maffiotte, Maturier, Pomerol (trasmutado en Pombrol en La Palma), Reverón, Schwartz y tantos otros. Los nombres más conocidos entre los descendientes de los prisioneros son, entre otros, Imeldo Serís-Granier, Senador por la provincia de Canarias en el siglo XIX, la soprano María Oran y el que fuera último Alcalde republicano de Santa Cruz de Tenerife, José Carlos Schwartz, asesinado por los franquistas en los primeros momentos del golpe militar de 1936. Nos queda hablar de una figura entrañable, Michel Maffiotte, piloto del Neptuno, cuyas aventuras en la batalla de Trafalgar, a bordo del Indomptable, relata S.Berthelot en sus Misceláneas canarias. Será el fundador y primer director de la Escuela de Náutica de Santa Cruz.

Algunos de los descendientes de aquellos prisioneros mantienen aún vivo el recuerdo de aquello jóvenes franceses que, por culpa de la guerra, acabaron siendo canarios.

Publicado en loquepasaentenerife.com el 29 de abril de 2008.

ACTUALIZACIÓN

Escribí este artículo hace ya más de cuatro años coincidiendo con el bicentenario del inicio de la Guerra de Independencia pues quería contar a mis lectores algún aspecto relacionado con el papel de Canarias en aquella guerra que fuera poco conocido por los habitantes de nuestras islas. Terminaba el texto diciendo que todavía en algunas familias canarias se guardaba memoria de los soldados franceses que habían permanecido entre nosotros y habían fundado aquí su porvenir.

Nunca pensé que esto fuera cierto hasta el extremo de que algunos descendientes de los franceses me hicieron comentarios al artículo. Me ha parecido oportuno copiarles algunos aunque, como verán, no todos están de acuerdo con lo que digo.


Por Carlos Beautell (no verificado) hace 2 años
Gracias por esta información, yo soy uno de esos descendientes de franceses llegados a las Islas, si bien tenia bastante información al respecto, este articulo me aporta nuevos datos que me pueden ayudar a encontrar el lugar donde Luis Botet asi reza en su partida de bautizo, ahora (Beautell) padre de mi tatarabuelo Manuel Botet (Beautell), contrajo matrimonio y donde y cuando fallecio.
El llego a la Isla el 20 de Agosto 1810 en el navio San Lorenzo con 800 prisioneros y fue conducido con 60 prisioneros a la Alhondiga La Laguna.
Gracias por este articulo
Carlos

Por Visitante (no verificado) hace 1 año
Este artículo es muy interesante.Ayer mirando una heráldica del apellido de mi familia, Duchemín, descubrí que un antepasado mio fue un prisionero de guerra francés.Saludos a tod@s desde Lanzarote.

Por Visitante (no verificado) hace 32 semanas
¡agüita!
Hola buenas noches,curiosamente he caído en tu blog observando por Google.
Antes que nada he de decir que admiro que haya gente que busca en el pasado y en esas pequeñas historias que han acontecido en nuestras islas,soy canario y mi familia es francesa,es mas mi apellido esta en tu blog,es Croissier,he de indicarte bajo mi humilde opinión,por lo menos es lo que me han contado desde pequeño.
Todo lo que usted dice acerca de mi apellido es totalmente incierto por no decir mentira,los croissier venimos de la provincia de langedoc y fuimos hasta 1789 fieles servidores de su majestad luis XVI es mas,hechos documentados como el significado de mi apellido o documentos acreditativos aseguro que mis antepasados tuvieron que escapar de Francia pues se vieron inmersos en la situación de ser nobles y fieles a los monarcas justo en la revolución,salvo dos miembros jovenes,una parte fue guillotinada y la otra parte de mi familia juro lealtad a la república cambiándose el apellido y convirtiéndose en croisier(con una s solamente) los pocos que escaparon fueron rumbo a Ámerica pero una tormenta les desvío hasta llegar a las Palmas de Gran Canaria donde se quedaron,con lo cual es imposible que le jurasen lealtad a napoleón o que luchasen en sus filas,con lo cual totalmente improbable que fueran presos políticos.
Le recomiendo que la próxima vez se documente mejor señor Melchor ya que para mi,mi apellido es un orgullo y un privilegio,no me gusta leer algo que no fue cierto de mi familia y que ademas la desprestigia,si desea información adicional no dudare en dársela.
Saludos
Víctor Croissier (uno de los últimos Croissier)

Por Pomerol (no verificado) hace 1 semana
Buenas tardes D. Melchor: Como algún corresponsal ha dicho con anterioridad yo también he encontrado este artículo curioseando en Google.
Soy descendiente de uno de esos prisioneros que llegaron a La Palma, alojados en Argual, concretamente del nº 10 de la lista de los 200 enviados a la isla, Pedro Dionisio Pomerol Duvison, sargento 2º de dragones.
Estoy de acuerdo con casi todo lo que cuenta, pero en la documentación que tengo, oficios cursados entre los mandos de Marina y la Junta de Gobierno, se dice que los marinos fueron cambiados por personal de tierra, ya que al no haber fuerzas suficientes para dar seguridad al convoy ( en el que participaron navíos ingleses cedidos por el almirante Purvis), y los franceses podían hacerse con su control, se decidió que fuesen del Ejército de Tierra los transportados, que no tenían conocimiento del mar.
Tengo algo de documentación sobre este tema.
Mi antepasado se casó en 1816 en la Iglesia matriz del Salvador de Santa Cruz de La Palma.
Si todavía sigue en pie este tema y puedo ayudar no dude en decírmelo.
Un saludo Antonio


domingo, 8 de julio de 2012

Portugal

Este sábado estuvimos en Portugal. Portugal es una cuesta empedrada en cuyo borde se alinean las casas, algunas tan antiguas que el tiempo ha podido con ellas y muestran ya signos inequívocos de ruina. Bajamos en un silencio que sólo rompen los pájaros silvestres, las aves de corral y el balido de alguna cabra. Oímos también, mucho antes de verlo, un sacho golpeando la tierra de alguien que limpia rastrojos. Un vecino que baja la misma cuesta nos alcanza y cuando le decimos que vive en un sitio muy bonito nos contesta: "Lo fundaron los portugueses". Para llegar a este Portugal del que hablo no hace falta desplazarse en avión ni en barco, pues está muy cerca de nosotros: sólo hay que darse un salto hasta Taganana.


Los portugueses llegaron a Canarias para participar en las primeras etapas de la conquista, por lo que algunos recibieron tierras, aguas, ganados y hasta cargos públicos. Probablemente la primera viña de Tenerife fue plantada en 1497 por el portugués Fernando de Castro. Pero la primera entrada masiva de gente portuguesa fue con motivo del comienzo del ciclo económico del azúcar. Llegaron a ocupar los puestos de especialistas en las diferentes tareas de la elaboración de este producto para la exportación en los muchos ingenios de las islas.

Poco a poco, durante el siglo XVI y primera mitad del XVII, sobre todo en los años en que todos los reinos de la península Ibérica estuvieron bajo el poder de Felipe II, fueron llegando muchas familias portuguesas, algunas de judios expulsados, que se integraron en la vida del archipiélago de forma natural pero conservando muchas de las costumbres que traían de Madeira, Azores, el Algarve, el Alentejo y de otras regiones de las que provenían. José Pérez Vidal, Premio Canarias de 1984, en su libro Los portugueses en Canarias. Portuguesismos considera que la pervivencia de los elementos culturales lusos en nuestras islas se debe a que fueron trasmitiéndose de generación en generación formando una especie de tradición propia dentro de los núcleos de población de aquellos tiempos, que se fue pasando al resto de las sociedades insulares.

De esta forma han pervivido multitud de apellidos portugueses en nuestro archipiélago. Valgan como ejemplo los Abreu, Bacallado, Coello, Dorta, Marrero, Acosta, Machado, Rivero, Perera, Fariña, Yanes… sin olvidar que gran parte de nuestros Díaz, Fernández, Rodríguez, etc. fueron en su momento Dias, Fernandes, Rodrigues y se castellanizaron después. Y encontramos en nuestra música tradicional -las folías y las malagueñas- una cadencia majestuosa, casi de fado y ¿acaso no es música portuguesa el acento con que habla la gente de La Palma?

Todavía hoy seguimos utilizando en nuestro vocabulario cotidiano multitud de palabras de la lengua portuguesa. De este enorme acervo lingüistico me quedo con la que quizá sea la más hermosa palabra de estas islas y de la que tanto saben los que están fuera: la magua, que define esa tristeza añorante tan nuestra.

Por eso, cuando nos pregunten por nuestros antepasados podremos decir, como el vecino con el que hablamos en Taganana, que a nosotros, en parte, también “nos fundaron los portugueses”.

(Publicado en loquepasaentenerife.com el 14 de abril de 2008)