lunes, 27 de febrero de 2017

El lagunero que pudo reinar

por Melchor Padilla



En la plaza del Adelantado de La Laguna, en la esquina de la calle Nava y Grimón, o del Agua como prefieren llamarla los laguneros de siempre, y frente al palacio de Nava,  hay una antigua casa canaria que está ocupada en la actualidad por una de las salas de exposiciones de la Fundación CajaCanarias y que con anterioridad fue uno de los bares con más solera de la ciudad, el Bar Palmero. Pues bien, esa casa guarda tras sus muros algunas historias que pocos conocen. Vamos a contarlas.

Dice Alejandro Cioranescu en su Guía de La Laguna que “la casa número tres, de dos pisos, del siglo XVIII se considera edificada sobre el solar de Andrés Xuárez Gallinato (¿-1525), conquistador de la isla y sobrino del Adelantado. 

A mediados de 1479, llegó a las islas, comisionado para apaciguar las desavenencias surgidas entre los conquistadores de Gran Canaria, Pedro Fernández del Algaba o Pedro de Algaba, caballero sevillano que había recibido título y atribuciones de gobernador de la naciente población. Le acompañaban su mujer, Doña Leonor Xuárez Gallinato, sus hijos y el capitán Alonso Fernández de Lugo, cuñado de Doña Leonor. Un hijo de Algaba y doña Leonor, Andrés Xuárez Gallinato, acompañó al Adelantado en la conquista de La Palma primero y en la de Tenerife después, beneficiándose de los repartos de tierras tras la conquista de esta última. Tenemos constancia por las Datas de la isla de Tenerife que Gallinato reclamó en 1507 el solar que hoy ocupa la casa: "Conosco yo A. S. G. q. levé de aquí por mandado del Sr. Adelantado una carta albalá original de un solar q. me fue dado en La Laguna y porque es verdad lo firmé de mi nombre. A. S. G."

La plaza del Adelantado en el siglo XVI.
La casa fue después propiedad del Licenciado don Juan Suárez Gallinato (¿-1578), regidor de la isla, fundador de un mayorazgo que gozaron más tarde junto con la casa los marqueses de Quinta Roja; se hizo célebre gracias a la leyenda de que el diablo se había llevado su cuerpo, mientras lo llevaban a enterrar a San Francisco.

En un manuscrito que dejó sin terminar Fernando de la Guerra y de Hoyo, marqués de San Andrés, Regidor Perpetuo de la isla de Tenerife en el s. XVIII, titulado "Idea del estado de la nobleza en la ciudad de La Laguna" que dió a conocer el historiador Leopoldo de la Rosa Olivera, publicándolo con el título "La calle del Agua", se cuenta esta curiosa historia:

"Enfrente de la casa de Nava está el sitio de los de Gallinato, el célebre Gallinato que hizo el vínculo que goza el Marqués de la Quinta, y que murió en la casa junto a San Francisco, que tenía un pequeño valcon de madera, que por sacarlo por el para llevarlo a enterrar, por haber sido Abogado, Corregidor en España y Regidor en esta Isla y, por fin, hombre que instituyó Mayorazgo, con la casualidad de haberse embayetado desde su casa hasta San Francisco, que está muy cerca, dijeron vulgarmente que se lo había llevado el Diablo, cuya voz ridícula duró mucho tiempo, porque en una capilla que llamaban de Gallinato (...) en el techo había una perilla antigua de madera, que figuraba una botija, y decían que, por milagro del Diablo, no se podía tapar el agujero que había hecho el mismo Diablo quando sacó el cuerpo de Gallinato, con lo que todos los muchachos que se criaron viendo y oyendo ésto lo creían, siendo un gentil disparate creer que el Diablo llevase a Gallinato por el techo, como si lo llevase al Cielo."


Según Viera y Clavijo 'la ridícula fábula de la exhumación de su cadáver por manos de Diablos, y de su rapto por el techo de una de las capillas colaterales de la iglesia de San Francisco de la ciudad de La Laguna, es un famoso cuento de viejas y una patraña forxada para embaucar y dormir niños' Cree este autor que esta historia se originó en el hecho de haber tenido que descolgar el cadáver por una de las ventanas de la casa mortuoria cuando se le sacaba para darle sepultura pues el ataúd  no podía dar vuelta en las escaleras.

Pero más extraordinaria aún es la historia de otro de los miembros de esta familia, el Sargento Mayor Juan Xuárez Gallinato que desde su llegada a Manila en 1580 hasta su muerte en 1615 prestó grandes servicios a la Corona. Así nos la cuenta José de Viera y Clavijo: 


"Landara Rey de Camboya en las Indias Orientales havia embiado al Gobernador de las Filipinas una Embaxada con ricos presentes, y ofreciendo hacerse Christiano y vasallo de España , como le socorriese contra el Rey de Siam, que iba a atacarle con un Exercito poderoso. El Gobernador Luis de Mariñas aprestó tres Embarcaciones con 120 Españoles y algunos Indios Filipinos, baxo el mando dé Juan Xuarez Gallinato. Mientras Gallinato aportaba á Malaca acosado de una tormenta , los otros Bageles llegaron a Camboya , a tiempo que el Rey de Siam havia ya deshecho a Landara , y colocado sobre el trono á Pra Near. Esta revolucion no quitó que los Españoles se acercasen á la Corte, pegasen fuego al almacen de la pólvora , embistiesen una noche el Palacio , y á favor de la confusion entrasen hasta el quarto del Rey, y le cosiesen a puñaladas, después de haver hecho pedazos sus guardias. A este ruido corrieron a las armas mas de 450 Indios, quienes con sus Elefantes atacarón a los españoles. Pelearon toda aquella noche; pero todo estaba perdido á no haver desembarcado Gallinato al amanecer con los suyos. Al punto dió ordenes muy apretadas para que obrando con retenida y moderacion, tratasen de aplacar y ganar á los Naturales. Encantados los principales de Camboya con la discrecion , sabia disciplina y demás prendas que veían en Gallinato, fueron a estar con él , y le ofrecieron la Corona. En esto se fundó (...) la voz que corrió por acá , de que Gallinato era Rey de Camboya..."

Pero ¿cuánto hay de verdad en esta historia? El historiador Florentino Rodao en su obra Españoles en Siam (1540-1939) nos hace un relato documentado de este episodio en el que nuestro lagunero tuvo un papel destacado. En 1596, y dentro del proceso de expansión española por el sudeste asiático, parte desde Manila la primera expedición hispana que manda Gallinato y de la que formaban parte también el castellano Blas Ruiz y el portugués Diego Veloso. 


El barco que dirigía Gallinato no pudo llegar a la capital de Camboya sí haciéndolo los dos juncos que comandaban Ruíz y Veloso. Estos se encontraron con que el rey que había llamado a los españoles se había exiliado -en realidad estaba ya muerto- y pronto comenzaron los roces con la colonia china allí afincada, que veía peligrar su hegemonía en la zona por la presencia hispana. En los enfrentamientos que siguieron los españoles expulsaron a los chinos, lo que alarmó al nuevo rey Ram Mahapabitr, creándose una situación en la que a los hombres de Ruiz y Veloso sólo les quedó elegir entre retirarse o atacar. Se optó por esto último y, tras haber herido de muerte al rey, se vieron rodeados, teniendo que huir hasta Phnom-Pehn. Mientras tanto, arribó Gallinato, quien tras enterarse de estos sucesos decidió retirarse hacia Conchinchina. 

Así acabó la primera expedición española a Camboya debido, como afirma Rodao, tanto “a la escasa disposición de los camboyanos a colaborar como por la decisión de Gallinato de retirada". Es en ese momento cuando, para convencerlo de continuar en el país, los españoles y un grupo de camboyanos le ofrecen el trono del reino que él rehusó. De aquí surge la leyenda que hemos contado y que tuvo amplio reflejo en la literatura española de la época, desde Góngora a Cervantes pasando por Claramonte: la de un lagunero que pudo ser rey de Camboya.

NOTAMi profundo agradecimiento a mi amiga María Luz Rodríguez Palmero, quien tanto sabe de esta casa y que me proporcionó la fotografía de la época en la que fue cafetería, así como la del cuadro que de la casa hiciera otra amiga, Loles Macau.

martes, 31 de enero de 2017

Las primeras banderas sobre Canarias: El testimonio de la crónica Le Canarien.

por José Manuel Erbez (*)



Las Islas Canarias eran conocidas ya en la época clásica (Horacio y Plinio, entre otros, hablan de ellas), pero es a partir del siglo XIV cuando comienza su conquista por los europeos. Se sabe que, desde 1291, comenzaron a llegar al archipiélago diversas expediciones genovesas y, más tarde, de catalanes y mallorquines, y quizá sea este el motivo de que la isla de Fuerteventura aparezca en algunos portulanos (como el de Abraham Cresques, de 1375) pintada de blanco con una gran cruz roja, un emblema común a genoveses y catalanes.

Pero la primera vez que tenemos constancia documental de algún tipo de bandera relacionada con Canarias es en la crónica que relata la expedición que llevaron a cabo en el siglo XV, los normandos Jéan de Bethencourt y Gadifer de la Salle.

Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle 
en la miniatura original del manuscrito 
Egerton 2.709 de The British Library
Tanto Jéan de Bethencourt como Gadifer de la Salle fueron importantes personajes en la corte francesa. El primero fue mayordomo del Duque de Anjou, hermano del rey Carlos V, y luego camarero de Luis de Valois, futuro duque de Orleáns. En cuanto a Gadifer, llegó a ser chambelán del rey Carlos VI y senescal de Bigorre. Sin embargo, ambos renunciaron a sus cargos para emprender una expedición que, esperaban, les convertiría en señores de un gran territorio más allá del mar.

La expedición salió de La Rochelle en 1402 con dos navíos y 280 hombres, pero hubo muchas deserciones y al llegar a Lanzarote sólo quedaban 63. Después de asegurada la fácil posesión de Lanzarote por el temor de los nativos al armamento europeo, Gadifer abordó la conquista de Fuerteventura, mientras Bethencourt viajaba a Sevilla, para regularizar la situación de su señorío.

Hizo pleito homenaje por Lanzarote y obtuvo todo cuanto pretendía para la prosecución de la conquista, pero no pensó lo más mínimo en los intereses de Gadifer, quien se creía, con razón o sin ella, tan dueño de Canarias como su asociado. Hubo graves desavenencias entre los conquistadores, y al considerase estafado por su socio, Gadifer parece haber pensado en conquistar por cuenta propia Fuerteventura, o acaso alguna otra isla; pero no encontró apoyo y tuvo que abandonar (1408). Por su parte, Bethencourt pudo añadir a las dos islas orientales la conquista de El Hierro. Probablemente hizo un viaje a Normandía, llevando productos de Canarias y regresando con más colonos.

Finalmente, en 1412 renovó en Sevilla su pleito homenaje para las tres islas conquistadas y regresó a Normandía, tras haber confiado la administración de las islas a su deudo Maciot de Bethencourt. En los años siguientes mantuvo el contacto con Canarias, a pesar de la guerra francoinglesa, y probablemente recibió algún transporte más de los productos de su señorío. Sin embargo, la guerra acabó por obligarle a renunciar a su señorío sobre Canarias a favor del conde de Niebla, ya que al alinearse Castilla con Inglaterra, Bethencourt no podía mantener su vasallaje con el rey castellano sin caer en traición a la Corona francesa.

Copia de 1896 del manuscrito Egerton 2.709
Le Canarien es el nombre con que se conoce a la crónica de la conquista de Canarias por Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle. De entrada, se declara en ella que ha sido escrita, a medida que se producían los acontecimientos, por dos clérigos y capellanes, Pierre Bontier o Boutier y Jean Le Verrier. Esta intención no coincide con el texto que conocemos y que se presenta en dos versiones contradictorias. La más antigua, llamada de Gadifer de la Salle, ha llegado hasta nosotros contenida en el códice Egerton 2.709 del British Museum y está sin terminar: contiene 70 capítulos o más bien párrafos, y narra lo acontecido hasta otoño de 1404. Los dos capellanes, según declara el prólogo, escribieron sólo hasta el 19 de abril de 1404; el continuador fue el mismo Gadifer, quien además reformó y retocó todo lo escrito con anterioridad. El manuscrito así retocado es de 1410-1420. Representa el punto de vista de Gadifer, que se considera engañado por su socio, Jean de Béthencourt y denuncia a cada paso su proceder incorrecto.

La segunda versión, llamada de Jean V de Béthencourt, está contenida en el códice Montruffet de la Biblioteca Municipal de Rouen, y se funda en la crónica de Gadifer, en su primera forma; es más completa (tiene 88 capítulos) y conduce la narración hasta la muerte del conquistador. Fue escrita, copiada y compilada a la vez, hacia 1490, por el sobrino y homónimo del conquistador; representa el punto de vista de éste, ensalzando sus méritos y, al mismo tiempo, tomando constantemente su defensa contra las criticas de Gadifer. La compilación es torpe, porque quien escribe ignora la realidad canaria, y copia su fuente para desvirtuarla.

El problema de la autoridad y credibilidad de cada versión es arduo, no sólo por la falta de sinceridad de ambos autores, sino también por la dificultad de cambiar el curso de la historia, que hasta hace poco ha otorgado una confianza total a quien más mentía.


En el códice Egerton 2.709 aparece una lámina miniada casi a página entera que representa la nave en la que la expedición llegó a las islas, y en la que ondean dos gallardetes con los besantes del escudo heráldico de Gadifer de La Salle, propietario del barco. También la corneta que toca un personaje en la proa está adornada con un paño que luce el mismo motivo.

Asimismo, tres estandartes flotan convencionalmente rígidos en la popa, de los cuales uno muestra las armas completas de La Salle (primero y cuarto, de sable, tres cruces de oro; segundo y tercero, de plata, tres besantes de azur), mientras que los otros dos no han sido identificados.


Uno de ellos también parece tener un carácter heráldico (primero y cuarto, de plata; segundo y tercero, de gules una cruz de oro), aunque se ha sugerido que los cuarteles que aparecen blancos podrían haber sido raspados para borrar su contenido. En cuanto al tercero, muestra una imagen de la Virgen con Niño, sobre fondo azul y flanqueada por seis flores de lis, lo que podría hacer referencia a la casa real de Francia, dada la vinculación de los conquistadores con la misma.

Tampoco han sido identificados los escudos que sostienen dos guerreros ni los que adornan el castillo de popa. Dado que la lámina original se ha conservado en pobre estado, cuando se realizó la publicación del manuscrito en 1896 se encargó una copia en grabado, que es la que aquí se muestra junto con la reconstrucción en color de uno de los gallardetes y de los tres estandartes.


El códice Montruffet es mucho más profuso en ilustraciones, aunque de una calidad inferior a la lámina del Ms. Egerton 2.709. En dichas ilustraciones aparece representado varias veces el estandarte heráldico de Jean de Béthencourt (de plata, un león de sable, linguado y lampasado de gules), así como otro estandarte con una cruz cuyos colores se ignoran, al ser las ilustraciones en blanco y negro En algunas ilustraciones, al parecer por simple desidia del ilustrador, los estandartes aparecen en blanco.


Por supuesto, no podemos saber con seguridad si alguno de estos estandartes y gallardetes llegaron a ondear realmente alguna vez sobre suelo canario, pero no parece descabellado pensar que así fuera, por lo que podemos considerarlos sin ser demasiado aventurados como las primeras banderas sobre Canarias.

(*) José Manuel Erbez, nacido en 1963 en Alcalá de Guadaíra (Sevilla), reside en La Laguna desde 1987. Es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Sevilla y funcionario de la Escala de Ayudantes de Bibliotecas, Archivos y Museos de la Universidad de La Laguna, donde ocupa el puesto de Jefe de la Sección de Ciencias y Técnicas. Es secretario de la Sociedad Española de Vexilología (SEV), asociación dedicada al estudio de las banderas y símbolos afines. Mantiene la web "Símbolos de Canarias" y es autor, entre otros, del libro "Banderas y escudos de Canarias", editado en 2007 por la SEV.

lunes, 26 de diciembre de 2016

A propósito de unas piedras

por Guillermo Santana González (*)

A Melchor Padilla y Guillermo Alemán Bastarrica por ilusionarme en el conocimiento y rescate de nuestro patrimonio.


Hace unas semanas, tuve la oportunidad de adentrarme en uno de los subterráneos que, con certeza, horadan la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. No se trataba, por tanto, de visitar alguno de esos túneles que la rumorología de los laguneros sitúa con apasionado interés bajo las antiguas casas y conventos de esta ciudad cinco veces centenaria, sino de un reconocimiento técnico del encauzamiento del barranco de Chamarta, que a día de hoy discurre bajo calles tan conocidas como Seis de Diciembre, El Juego, Alfredo Torres Edward o Barcelona, y que mucha gente recuerda cruzar hace ya más de treinta años a la altura del barrio de San Juan.

El reconocimiento transcurrió desde la calle Molinos de Agua hacia aguas arriba del barranco, saliendo a la superficie en la calle San Antonio, y consistió en un inspección visual y en la grabación de soporte videográfico para el posterior análisis de posibles deficiencias en la estructura hidráulica.

Trazado actual del barranco de Chamarta. Resaltado en amarillo el tramo inspeccionado.

Sin embargo, ni en el recorrido que realicé junto a varios compañeros, ni en la primera ocasión que tuve de visualizar el vídeo, pude apreciar algo que, una vez llegué a casa y visualicé nuevamente el vídeo, comprobé que me había pasado desapercibido y que consistía en que las paredes laterales del tramo comprendido entre la actual estación de servicio, ubicada donde antiguamente estuvo el Tanque Abajo, y la calle Barcelona eran de mampostería, a diferencia del resto del encauzamiento que, según pude comprobar, es de hormigón. Este hecho me llamó la atención y me llevó a la suposición de que este tramo era más antiguo.  (ver imagen de cabecera)

Detalle del encauzamiento bajo la actual plaza San Cristóbal (La Milagrosa)
Pero ahí no quedó la curiosidad. Justo bajo la intersección del barranco con la calle Santo Domingo, y a lo largo de un tramo de unos seis metros, las piedras de mampostería eran aun más antiguas. Y es ahí cuando realmente comencé a hacerme preguntas, en realidad a hacérselas a esas piedras que han dejado su huella en el subsuelo de esta ciudad, para ver qué me contaban. ¿Por qué este último tramo en concreto tiene un material diferente al resto? ¿Es ese material más antiguo? ¿Puede ser parte de los restos de algún puente que cruzara el barranco? Y el resto del tramo hasta la calle Barcelona, ¿por qué tampoco es de hormigón? ¿Fue construido en otro momento? Comenzó entonces un proceso de investigación que finaliza con la redacción de este modesto artículo.

Vayamos inicialmente a la ortofoto más antigua que tenemos disponible.

Ortofoto de 1961. Fuente: Fototeca de GRAFCAN.

Como podemos ver, ya en el año 1961 el barranco estaba encauzado entre el límite de la calle Santo Domingo hasta la actual calle Barcelona, coincidiendo con el tramo de mampostería al que hacemos mención, por lo que podríamos suponer que los materiales datan al menos de esa fecha.

Gracias a la siguiente fotografía facilitada por Gerardo Guerra y datada en 1959, podemos observar las obras de encauzamiento de al menos el tramo comprendido entre la calle Barcelona y la calle Herradores ya que en la imagen se visualiza el forjado del encauzamiento y el movimiento de tierras de la zona. Muy probablemente estas obras no se hayan reducido a ese tramo en concreto,  sino al resto del encauzamiento hasta la calle Santo Domingo.

Obras de encauzamiento en la calle Barcelona. 1959.

Sigamos aún más atrás en el tiempo, hasta el año 1899 para visualizar el mapa realizado por Juan Villalta.

Detalle del plano de 1899 levantado por Juan Villalta
La primera y obvia conclusión que sacamos es que antes del inicio del siglo XX el barranco de Chamarta discurría libre por la vertiente sur de la ciudad. La otra, no menos obvia, es la existencia de dos puentes que cruzaban el cauce: uno de ellos hacia la calle Santo Domingo y otro hacia la calle Herradores.

Estas evidencias las podemos observar en la fotografía de la instalación de la línea aérea del tranvía, que, además de ser un impresionante documento social de la época, nos muestra, tal y como eran, los accesos a la ciudad desde el camino de Santa Cruz por aquel entonces.
     
Instalando la línea aérea de La Laguna 1899-1900. Fuente: Fotos Antiguas de Tenerife,  Grupo de Facebook.

Esto corrobora una de las primeras preguntas que nos hacíamos al principio de este artículo: sí había un puente que cruzaba el barranco para acceder desde la plaza San Cristóbal hacia la calle Santo Domingo, pero añade una nueva incertidumbre al evidenciarnos la existencia de otro puente que, también desde la plaza San Cristóbal, daba acceso a la calle Herradores. Pero  ¿entonces por qué no pudimos diferenciar en nuestra inspección las huellas del otro puente en el cruce de la calle Herradores del resto de material en ese tramo? ¿Se construyeron en diferentes periodos? Veamos qué nos cuenta la siguiente fotografía en la cual se puede ver el tranvía a su paso por La Laguna cruzando un puente de metal.

El tranvía de Tenerife pasando por el puente de metal hacia la calle Herradores.
Fuente: Fotos Antiguas de Tenerife, 
Grupo de Facebook.
Según hemos podido saber, esta fotografía está sacada desde el mismo cauce del barranco de Chamarta mirando hacia el oeste, y como bien sabemos, el tranvía venía desde la plaza San Cristóbal, -actual plaza de La Milagrosa- y subía por la calle Herradores, por lo que ese puente de metal tiene que corresponder necesariamente al puente de la calle Herradores.

Según Carmen Gloria Calero Martín en su libro “La Laguna (1800-1936): desarrollo urbano y organización del espacio” este puente de hierro, que se instaló en 1895, tres años después de la instalación del famoso puente de hierro del Cabo, en Santa Cruz de Tenerife, y se trajo pieza por pieza desde el puerto de Londres, estuvo en pie hasta al menos 1959 (ver cuadrante superior derecho de la Ilustración 4). Si además sabemos con certeza que las obras del tranvía se iniciaron en 1899, sólo nos queda averiguar si con fecha anterior a 1895 hay constancia de algún puente que diera acceso a la ciudad por la calle Herradores.

Y para ello nos basta  con retroceder otros cuatro años en el tiempo, concretamente al año 1891, para  comprobar en el plano de  Marcial M. Velazquez y Curbelo que en esa época el acceso a La Laguna desde el camino de Santa Cruz se realizaba únicamente por el puente de la calle Santo Domingo.

Por tanto, podemos concluir que el puente de la calle Santo Domingo, también denominado Puente de San Cristóbal o Puente del Tanque, fue el primer puente que dió acceso a La Laguna desde la Carretera de Santa Cruz, y el único hasta 1895, lo que también queda corroborado con los planos anteriores de 1874 y 1779.

A la izquierda el plano de 1891 levantado por Marcial M. Velázquez y Curbelo. A la derecha el plano de 1874 levantado por la Brigada Topográfica.

Sobre este puente desconocemos su fecha de construcción inicial. Muy probablemente haya estado ahí desde la fundación de la ciudad debido a que, aunque el barranco de Chamarta no era de gran profundidad, tuvo que suponer desde un principo una barrera para el tránsito de mercancías y personas. Seguramente durante tres siglos fue cambiando en función de las necesidades o incluso de los métodos constructivos de cada época. No obstante, ya en el siglo XIX sabemos lo siguiente:
En el extremo sur, en la zona donde el barranquillo hacía una inflexión para reunirse con el de Las Carnicerías, la Plaza de San Cristóbal, se construyó un puente de piedra. […]
En 1835 se vuelve a remodelar este puente que se encontraba en estado casi ruinoso. El Ayuntamiento inicia el expendiente obligando al vecindario a prestaciones dinerarias o personales y estableciendo un sistema de contribución por turnos y disponibilidades. Así los vecinos que posean camellos para la carga y arrastre o carros deben <<prestar>> un día para el transporte de las piedras; y el resto de los vecinos deben aportar peones o dinero, al margen de los 200 reales que aporta el Consistorio (Calero Martín, 2001).

A la izquierda fotografía del puente de San Juan. A la derecha el plano de 1779 levantado por M. le Chevalier con los puentes identificados con círculos negros.

Aunque no disponemos de fotografías del puente de San Cristóbal, sí disponemos de las de otro que por esa época también cruzaba el barranco de Chamarta pero por la vertiente oeste de la ciudad, el puente de San Juan, que aparece igualmente en el plano de M. le Chevalier de 1779.
 
Aunque en el expediente de 1835 del puente de San Cristóbal se habla de puente de piedra, no se especifica si era en su totalidad o tan solo los muros, por tanto desconocemos si se pareció a este de San Juan. Lo que sí es un hecho es que sus muros eran de piedra y que continúan bajo nuestros pies para contarle su historia a quien quiera escucharla.

NOTA: Quiero expresar mi agradecimiento a Gerardo Guerra y Agustín Miranda por facilitar las fotografías de las obras de encauzamiento en la calle Barcelona y puente de San Juan respectivamente. Asimismo quiero agradecer a la Doctora Carmen Gloria Calero Martín de la Universidad de La Laguna su inestimable ayuda.


(*) Guillermo Santana González. (Santa Cruz de Tenerife, 1985) es Ingeniero Técnico en Obras Públicas y trabaja actualmente en la empresa Teidagua S.A.


martes, 18 de octubre de 2016

La primera imagen náutica impresa de las Islas Canarias.

por Juan Antonio García Cruz


A finales del siglo XVI, y poco antes del ataque de van der Does a Gran Canaria, se publicaron en Ámsterdam dos atlas náuticos: Nieuwe Berschrijvinghe ende Caertboeck van de Midlandsche Zee (1595) y Thresoor der Zeevaert (1596). De la primera es autor Willem Barentsz y de la segunda Lukas J. Waghenaer. A Willem Barentsz le debemos las primeras imágenes impresas del archipiélago.
Haremos un viaje hacia las Islas partiendo desde el sur de la Península. Empezamos con el Caertboeck de Barentsz. En Caertboeck hay un mapa de las islas Canarias y la costa de África y una página con perfiles de La Gomera, Tenerife y La Palma.

Esta es la primera carta náutica impresa que muestra al completo el archipiélago canario. La carta tiene una orientación inusual, la cabecera de la carta no indica ni el Norte ni el Oeste, como era usual. Las dos rosas de los vientos o rumbos utilizan la flor de lis para señalar el Norte. En la parte izquierda se despliega el archipiélago mostrando la proximidad de Lanzarote y Fuerteventura a la costa de África. La doble línea graduada que corta transversalmente la carta permite calcular la latitud y es un claro signo de que esta carta se utilizaba para la navegación de altura, navegación usual en el Océano Atlántico, frente a la navegación a estima más propia del Mar Mediterráneo.

El archipiélago,


La toponimia muestra los principales puertos de las islas en el siglo XVI: Las Palmas; Santa Cruz, Garachico y Adeje en Tenerife; y Santa Cruz y Tazacorte en La Palma. En la parte superior de la carta hay ocho vistas de otros tantos puertos del Mediterráneo y Atlántico. Entre ellos vemos el puerto de La Luz y el de Garachico.


Sin lugar a dudas estas son las primeras imágenes impresas de La Isleta y el Puerto de La Luz y de la Bahía de Garachico.

En los perfiles de las islas destacamos el de Tenerife: La primera imagen impresa del Pico del Teide. El texto al pié del dibujo reza: Así es la forma del Pico de Tenerife cuando se ve al este cuarta al sureste bastante al sur y a 17 o 18 millas.



Vayamos al Thresoor. La imagen de las Islas Canarias aparece en la segunda edición de Thresoor, publicada en Ámsterdam en 1596. La primera es de 1592 y no contiene imágenes de las islas. El Thresoor constituye la base a partir de la que los posteriores cartógrafos levantaran las primeras cartas marinas del archipiélago. W.J. Blaeu utilizará estos mapas para construir la carta náutica del archipiélago publicada en 1608. Posteriormente serán utilizados, sin modificación, por P. Goos y van Keulen y otros cartógrafos a lo largo del siglo XVII.

Hagamos un viaje por las islas de la mano de Thresoor. El viaje comienza por las islas orientales: archipiélago Chinijo, Lanzarote, isla de Lobos y Fuerteventura.

A un navegante le interesa, fundamentalmente, la posición relativa de las islas e islotes, mostrados aquí y en todo el documento como perfiles abatidos, los lugares para fondear, anclas y profundidad en brazas, perfiles de las costas y tal y como se verían desde el mar. En el texto se dan, además, indicaciones para navegar: entre las islas de Graciosa y Alegranza hay un fondeadero a resguardo de todos los vientos y frente al la ciudad de la isla de Lanzarote también se puede fondear de forma segura, vigilando un banco de arena situado al norte (se señala en la carta mediante un trazo de puntos en forma de media luna). También se informa de fondeaderos en ambos lados de la isla de Lobos y que la isla de Fuerteventura se abre en la costa noroeste en una gran bahía y hay un fondeadero frente a una pequeña ciudad. Esta descripción acaba señalando que desde el norte de Lanzarote al Sur de Fuerteventura la tierra se extiende en veinticinco millas en la dirección SW4ªS (suroeste cuarta al sur).

El viaje continua hacia la isla de Gran Canaria. No se alarme el lector por el título. En el texto que encabeza la imagen se lee: El lado noroeste de Gran Canaria…


La información, escasa, señala el fondeadero de La Luz, con castillos en rojo anclas y sondas en brazas y el Real de Las Palmas. En el texto inferior se da la siguiente indicación: cuando en esa rada se quiere tomar puerto, se debe saber que la rada de Gran Canaria, esta en el lado este de la tierra, en el extremo norte, bajo un canal, con diez o doce brazas [profundidad], frente al Castillo.

Desde Gran Canaria el viajero se dirige a Tenerife. Vista de la costa noreste y rada de Santa Cruz.

El texto lateral describe la costa:


De esta manera es la Rada de Santa Cruz/ si se está situado en la bahía a 20 o 24 brazas / entonces la punta noreste de Punta de Anaga está situada al noreste cuarta del este / y la punta sur de Tenerife está al sur cuarta al suroeste. Cuando el Pico esta de usted al oeste sud oeste / entonces delante de usted se abre la rada de Santa Cruz / y si se está en la rada de Santa Cruz / entonces la punta sur de Gran Canaria está sur cuarta al sureste de usted a más o menos doce millas.
Encima del perfil una indicación para entrar en la rada: El lado este de Tenerife, si el Pico está al oeste suroeste, entonces se está frente a la rada de Santa Cruz.

Así el viajero que ve el Teide desde el barco en esa dirección (WSW) podía continuar sin cambiar la dirección para entrar en el puerto de Santa Cruz.

Navegamos hacia la costa noroeste de Tenerife.


El grabado muestra la bahía de Garachico y un perfil de la misma desde el mar, en la parte inferior. La toponimia del grabado: oost eyndt, oratama, relecho, laramale, die leeu, riflapania, west eyndt. Die Leeu es el nombre del islote frente a la bahía, El León en flamenco. Riflapania es la forma de expresar La Peña, baja que se reproduce en perfil punteado para señalar que es un escollo semi sumergido.

Encima y debajo del perfil de la costa se dan interesantes instrucciones para navegantes: Si el Pico está de al sureste, entonces frente a usted se abre la rada de Garachico. Entre Garachico y la punta este de Tenerife, hay tres sitios para cargar vino, que son La Rambla, Realejo y Orotava.

En el texto, párrafo segundo: Garachico está al lado noroeste de Tenerife / y usted puede fondear al oeste del arrecife con la Cruz / donde se ve la rada frente a la calle / delante del convento de S. Domingo a 35 o 40 brazas / se debe evacuar de ahí al comienzo de la tormenta / hacia el León el fondo es sucio / hacia el arrecife de Lapania también el fondo es sucio / pero al costado de la calle / frente a la puerta del monasterio / ahí está el mejor fondo.

Desde el mar el viajero se aproxima a tierra y enfila la calle que lleva al monasterio, hoy San Francisco, y cuando observe la puerta estará sobre el mejor sitio para echar el ancla.

Una escala en La Gomera, antes de continuar hacia La Palma.

Bahía de San Sebastián de La Gomera con anclas, sondas y escollos. Se muestra a otra escala el puerto. Esto es típico de los atlas náuticos holandeses del siglo XVI. La escala de los puertos o fondeaderos es distinta del resto de la costa, pues esa es la información vital para el navegante. Este es un ejemplo típico.

Aviso para el viajero: La Gomera tiene en el lado noreste un puerto con aguas de 10 brazas de profundidad / se puede fondear también a 20 brazas /…/ Adeje / la rada de Tenerife yace al este a 4 millas / y está protegida por ambas tierras / si se está en La Gomera / entonces la rada de La Palma yace de usted noroeste cuarta al norte doce millas.


Finalmente, el viajero, arriba a la isla de La Palma.

Al viajero se le informa: Así es la forma de la rada de La Palma / cuando se está en la bahía / situado a veinte o treinta brazas: hacia el sur del puente está la mejor rada / pero cuando llega el invierno / no se debe fondear cerca de la playa : pero recto hacia el norte de la ciudad hay una bahía mejor / se puede fondear sobre veinte / treinta / o treinta y cinco brazas / a medida que se este más lejos. Esa rada se llama Rammel. La punta oeste de La Gomera yace a diez millas de La Palma  sureste cuarta al sur. La Palma se extiende de sur a norte: la rada yace a mitad de tierra sobre el lado este de la Isla.

Aquí concluye nuestro viaje por las islas de la mano de Caertboeck y Thresoor.

No se sabe cuando nació Willem Barentzs sin embargo la fecha de su muerte y el lugar se conocen con todo detalle: 20 de junio de 1597 en el mar de Kara (Océano Ártico), debido a las heridas causadas durante la exploración de Novaya Zemlya. Además de haber sido un gran cartógrafo, su nombre ha quedado para siempre asociado a las exploraciones árticas donde hay un mar que lleva su nombre.

Poco se sabe también de Lukas J. Whagenaer. Él mismo se presenta como ‘simple ciudadano y piloto marino’ en la introducción al primer atlas náutico impreso de la historia: Spieghel der Zeevaerdt (Espejo del Navegante).



No me puedo resistir a presentar la portada de este atlas por su belleza en la composición y por la información que aporta sobre los instrumentos náuticos de la época, así como la carta náutica de Europa Occidental.

Para una exposición más amplia y detallada remito a mi publicación:

GARCIA CRUZ, J.A. (2004). Las Islas Canarias en dos atlas náuticos holandeses del siglo XVI.  Estudios Canarios. Anuario del Instituto de Estudios Canarios. XLVII [2002], páginas 443- 467. San Cristóbal de La Laguna. 

sábado, 7 de noviembre de 2015

La danza y el baile popular canario (II)

por Carlos García


En el siglo XIX se introducen en nuestra región músicas y bailes populares de origen centroeuropeo que encontraron una buena acogida en los ambientes rurales y campesinos. De la región de Polonia nos llegan las”POLKAS” que con sus compases ternarios, se convierten en el vehículo alegre y pícaro para expresar las letras. Es baile de galanteo que se realiza en pareja y con movimientos que recuerdan las danzas palaciegas de salón que, de este sustrato social, pasó a convertirse en baile y género popular. Existen variantes de la misma y es muy peculiar la que practica en Fuerteventura como baile suelto con saludos y reverencias de los danzantes.

Del mismo modo y procedente de centroeuropa, llegan las”BERLINAS”, que como indica su nombre procede de la ciudad alemana de Berlín, habiendo quién la hace proceder de la gavota francesa, con su compás binario y alegre en su expresión de danza. Se mantiene más arraigada en islas como las de Fuerteventura, El Hierro y La Palma como baile suelto y de pequeños saltos y movimientos muy alegres, que se estilaba mucho en las fiestas rurales y en los bailes de candil.

También las “MAZURCAS”, de origen polaco, de la región de Mazuria, de ahí su nombre, como baile de compás ternario que se practica como danza colectiva de parejas enfrentadas que se encadenan tocándose la punta de los dedos, dando tres pequeños saltos a un lado y a otro y algunos giros. Es un género folklórico básicamente instrumental donde cada tocador le da su peculiar forma y estilo. Se conocen en Gran Canaria y Tenerife donde se conjuntan con el anterior baile descrito conformando las polca-mazurcas.

Algunos derivados de estos bailes centroeuropeos  también llegan a Canarias con apariencias de polcas tales como el "SIOTE”y el “CHOTIS”, con clara referencia al schotish alemán que, de los salones aristocráticos pasaron a las capas populares de las islas. Es  el chotis baile conocido en Fuerteventura donde se ejecuta como baile de parejas sueltas siendo una especie de polca más picada según Talio Noda. El siote se mantiene y practica más en la isla de La Palma como baile suelto con los hombres en el centro, estáticos, y las mujeres girando a su alrededor, aunque existe una coreografía que lo viste con reverencias, pasos cortos, y algunos giros que nos recuerden su origen acortesanado, como vemos en Tenerife.

De aportación francesa y con llegada al archipiélago algo más tardíamente, siempre en el siglo XIX, tenemos el “PASACATRE”, derivado del pas a quatre, “paso a cuatro”, de compás binario casi idéntico al de polcas y berlinas. Su coreografía nos muestra su procedencia de los salones de bailes, de aire cadencioso aunque alegre y festivo, teniendo su baile la característica de realizar la misma figura, la pareja danzante, dos veces adelante y dos hacia atrás, siguiendo el giro de la rueda de los ejecutantes.

Y como final de influencias europeas decimonónicas, nombraremos,  el “BAILE DEL REMANGO”que se practica en la localidad tinerfeña de Santa Úrsula, en honor de San Luis de Francia como expresión única en la geografía española, a decir de Ramón Osorio.

Un baile muy popular que mantiene su ascendencia controvertida, es el conocido como “AIRES DE LIMA”, habiendo quién lo hace derivar de influencia americana y otros de portuguesa. Perviven en Canarias y se diferencian los practicados en La Palma como baile de filas enfrentadas, de galanteo, donde el hombre corteja a la mujer mientras la sigue en las vueltas, mientras en Gran Canaria se mantienen como cantos de velorio aunque, en algunas zonas, se conoce como isa de la parida y es bailable, para acompañar a la parturienta durante los nueve días que siguen al parto; también se entonaban en reuniones, fiestas y descamisadas, sirviendo de motivo para piques y enfrentamientos entre las parejas.


Entre los bailes o danzas practicadas en las fiestas tradicionales de las islas, voy a referirme en primer lugar  a la “DANZA DE LOS ENANOS”, que tiene su origen en la festividad del Corpus Christi y que se ha mantenido en la isla de La Palma como figura folklórica muy ilustrativa que define cada Bajada de la Virgen de las Nieves. Esta danza del siglo XIX se ejecuta en ritmo de polca con música del palmero Domingo Santos Rodríguez que, desde 1.925, se mantiene inalterable. Otro de los bailes festivos importantes es el que se desarrolla en la también Bajada de la Virgen, esta vez en El Hierro y en la festividad de la Virgen de los Reyes, que se mantiene desde el siglo XVIII. Para esta bajada, los bailarines ataviados con ricos y llamativos ropajes, ejecutan bailes en grupo y siempre ante la Virgen, acompañados por los tambores, pitos y chácaras, entre los que encontramos el”SANTO DOMINGO”, la “JUYONA”, el “TAJARASTE” y la “CONTRADANZA”, existiendo otro toque, no bailable, que sirve para descansar de la fatiga que producen los bailes, que es el “REDONDO”. Para no olvidarlo, mencionar otro baile de esta  isla del antiguo meridiano cero, que se manifiesta en fiestas y romerías y que lleva el nombre de “BAILE DE EL SANTO” caracterizado por sus coplas de pique entre los que lo entonan, hombre y mujer que, bailando, terminan enamorándose o enojados. Es baile que se ha perdido entre los herreños.

Siguiendo con los bailes que se practican en las fiestas y en torno a romerías, de las que tanto abundan en nuestras tierras isleñas, voy a referirme al conocido como “BAILE DE LAS CINTAS”, tan extendido en la celebración de las festividades de muchos pueblos y pagos. No es costumbre exclusiva de Canarias ya que sus antecedentes son antiguos remontándose a la costumbre que las sociedades primitivas tenían de bailar alrededor de un árbol sagrado o de un ídolo o símbolo divino, en clara relación con ritos de fecundidad y fertilidad, existiendo ejemplos en la península ibérica, hispana y portuguesa, pero también en Europa y Latinoamérica. Es la dendrolatría o costumbre de adorar a una divinidad en forma de árbol o piedra y que, a decir de Esquivel Navarro, evoluciona de lo que él denomina “danza del cordón”.

El baile de las cintas está muy extendido por nuestra geografía, encontrando los ejemplos de Gúimar, Candelaria, La Orotava, Valle de Guerra, Guamasa y  La Laguna, si nos circunscribimos a Tenerife. Además existen bailes emparentados como la danza de las varas del pago de Las Vegas, donde en vez de cintas se utilizan palos o varas y la de Guamasa en la  que se utilizan palos adornados con flores o arcos.

Encontramos reminiscencias remotas en las denominadas danzas cívico-religiosas por Bethencourt Alfonso, que los aborígenes realizaban en ocasiones principales y que él mismo describe diciendo que la conforman doce danzantes que bailan al compás de un tamborilero que a su vez toca la flauta en torno a un palo que conduce otro sujeto. Bailan realizando pasos adelante y atrás entrecruzándose por dentro y fuera con las cintas de colores que portan en su mano, vistiendo el palo, entretejiéndolo, estando su mérito en volverlo a desvestir sin parar la danza.

En otras ocasiones, como en un pueblo del sur de Tenerife, se ejecuta la “DANZA DE CHIMICHE”, con varas engalanadas, con música de cuerdas y acompañada de una pareja de chácaras, con un ritmo de vals. Las varas de palma están adornadas con papeles de colores y los bailadores, tres parejas y un guiador,  realizan movimientos elegantes y figuras que denominan como la estrella y el salto de la vara, en la festividad de la Virgen del Carmen, enlazando las varas entre las parejas. Es una danza derivada de la “DANZA DE LAS VEGAS” celebrada en la fiesta dedicada a Santa Ana y San Juan y única que en el archipiélago utiliza este elemento decorado en vez de cintas, palo central o arcos. De igual manera se practica en la zona de Charco del Pino otra conocida como “DANZA DE SAN LUIS”.

La “DANZA DE GUAMASA” o de las flores, se ejecuta en ritmo de tajaraste con tambor y castañuelas, y los bailadores, de dos en dos y en número de ocho, diez o más, bailan alrededor de un palo central del que salen los arcos que portan en las manos y que sirven para la danza en la que se ejecutan giros y cruces por parte de los bailarines. Semejantes son las “DANZAS DE TEGUESTE” o la de”VALLE GUERRA”, la “DANZA DE FASNIA”, la “DANZA DE EL ESCOBONAL”, la “DANZA DE LAS MERCEDES” o la “DANZA DE SAN DIEGO” en La Laguna, sin olvidar a la “DANZA DE GÜIMAR”, que sirven para celebrar y festejar en honor del santo, patrón o patrona del lugar que se trate, totalmente similares y ejecutadas delante de la imagen que sale en procesión.

Una danza mantenida en la zona norte de Tenerife, en el Valle de El Palmar de Buenavista, es el llamado “BAILE DE LAS LIBREAS”, de origen remoto y no bien conocido, que se realiza en la fiesta de la Virgen de la Consolación en el mes de septiembre. Es un baile que escenifica la lucha entre el bien y el mal, que ejecutan tres parejas de bailadores, todos masculinos aunque la mitad de ellos vestidos de mujer, que realizan saltos y giros al compás del tajaraste frente a la figura de “el diablo y la diabla”. El baile finaliza con la quema de los diablos. Este baile de las libreas tuvo otros lugares de práctica, como Icod, Valle Guerra y Tejina, aunque con diferente concepción ya que se desarrollan en forma parecida a los autos sacramentales, o como entremés teatral, siendo en las zonas de Buenavista del Norte donde se mantiene la tradición de los danzantes a ritmo musical.

Entre los pocos bailes que se celebran en la festividad navideña, donde los villancicos y divinos son los protagonistas, dentro de los llamados ranchos de pascua que tanto abundan en las islas orientales canarias, existe un baile que se practica en el interior del templo que el rancho acude a visitar, por ejemplo en la villa de Teguise de Lanzarote, que denominan “BAILE DE EL SALTO” y que se celebra frente al niño Jesús, en el los bailarines, ataviados de pastores, siempre danzan de frente y nunca de espaldas a la imagen con saltos y giros ostentosos y de forma muy dinámica, mientras el rancho ejecuta, instrumentalmente, con orquesta de cuerdas, panderetas, espadas, triángulos y sonajeros, una música primitiva y de condición religiosa. Existe, además, el “BAILE DE EL NIÑO” en la localidad de Taganana, Tenerife, que se celebra en la nochebuena al finalizar la misa del Gallo que grupos de bailarines, en la actualidad niños y niñas, bailan el tajaraste acompañando a la imagen de Jesús en la cuna en un claro gesto de adoración; es también practicado en la Punta del Hidalgo y en el pago de El Ravelo en el Sauzal. Y en la isla de La Palma  se celebra en la nochebuena el”BAILE DE LOS PASTORES” en localidades como Mazo y Tijarafe.

Para finalizar, quisiera recordar que muchos de los anteriores mencionados fueron bailes realizados en salones durante las fiestas y  con motivo de distracción y divertimento para los lugareños de los pueblos y pagos isleños, que , al ser practicados en recintos cerrados, en contraposición con los que se hacían en sitios abiertos, y casi siempre durante la noche, fueron denominados “BAILES DEL CANDIL” por el uso de las velas y candiles de petróleo o carburo para la iluminación del recinto, en pleno siglo XIX y antes de la aparición de la luz eléctrica. Esta costumbre ya se mantenía en las casas particulares, especialmente del ámbito rural, donde, con motivo del nacimiento de un niño, se celebraban los “BAILES DE PARIDA”, o también llamados “BAILES DE ÚLTIMA” en el noveno día tras dar a luz la madre.

Con posterioridad, y en el afán de mantener y celebrar estas reuniones sociales, donde el pueblo se divertía, se organizaron los bailes de candil con el añadido de cobrar una cantidad dineraria por asistir, motivo por el que comenzó a denominarse como “BAILES DE TAIFA” por la “tarifa” que el organizador cobraba a los hombres por el derecho a entrar en el recinto y bailar solo unos cuantos bailes, tras lo que debía de abandonar el salón y, si deseaba entrar, debía abonar nuevamente la taifa acordada, ya que las mujeres accedían de forma gratuita.

Si los bailes se celebraban en alguna  festividad determinada, tomaban su nombre específico; así, por ejemplo, los “BAILES DE SAN PASCUAL BAILÓN” en los que se colocaba una vela con una cinta por la mitad para marcar el tiempo durante el cual los hombres sacaban a bailar a las mujeres hasta que se quemaba la cinta, momento  en el que las mujeres pasaban a ser las protagonistas del baile pudiendo sacar a la pareja masculina que les apeteciera.
           
Estos bailes eran animados con orquestas a base de cuerdas, con guitarras, laúdes, bandurrias y timples, introduciendo algún violín o acordeón que daban música a la reunión acompasados por el ritmo de panderetas y tambores; esto motivó que en los casinos o sociedades donde se reunían los vecinos se les conoció como “BAILES DE CUERDA”; incluso por las colas que se formaban para entrar y poder disfrutar de la ocasión que se brindaba, en algunos pueblos se les denominó como “BAILES DE COLA”.

Concluyo esta exposición que he realizado a modo de repaso y resumen por los bailes y danzas de Canarias, sabiendo que pueden existir algunos más que no han sido comentados aquí, pero que, con lo escrito, se puede tener una visión amplia que nos permita conocer mejor esta parte fundamental de la cultura musical de nuestras islas. Todos estos bailes y géneros musicales  bailables nos dan una peculiar riqueza folklórica que nos diferencia y determina extraordinariamente y suponen un gran legado de nuestros antepasados que se han mantenido a lo largo del tiempo, por lo que sería interesante mantenerlos y conservarlos, como así se hace en la actualidad por los muchos grupos folklóricos que los practican y cultivan, para que no se pierdan y trasmitirlos a las próximas generaciones de canarios para que sepan y conozcan de nuestra tradición cultural.